En breve reordenaremos los capítulos 31.24 y 31.25 que pasarán a llamarse 32.1 y 32.2. Si ya habías leído todos los capítulos hasta el 31.25, simplemente sigue leyendo a partir de, este capítulo, el capítulo 32.3.

Y entonces, doce segundos después, tal y como había anunciado Taylor, una figura aparece andando desde el foro de la imagen. Una figura menuda, vestida de negro. Cubierta con una capucha. Cuando la veo moverse, todas mis dudas se disipan. Es ella. Por mucha capucha que lleve, es ella. La reconocería en cualquier parte. Los andares de Leila son particulares, en eso no ha cambiado. Ha podido volverse loca, pero su forma de correr pegada a la pared me es muy familiar.

- Joder –digo.

- Creemos que es ella, señor –dice Sawyer-. Tenemos motivos para pensar que es Leila Williams.

- ¿Tenemos motivos para pensar? –respondo, indignado-. Vaya, que mi jefe de seguridad me diga eso a estas alturas, con la mujer a la que llevamos días buscando, y por la que hemos montado un dispositivo de seguridad que no tiene nada que envidiar al de Alcatraz me tranquiliza sobre manera.

Taylor guarda silencio. Su gesto de gravedad coincide plenamente con el mío. Sé que no ha sido estrictamente su culpa pero sé que siente que sí. Y ahora mismo tampoco me importa que lo piense.

- Lo siento mucho, señor Grey. Pero no tiene ningún sentido. Cambiamos los códigos de seguridad, convertimos este apartamento en una fortaleza.

- ¿Y entonces cómo coño te explicas que haya entrado?

- Como no viniera escondida en otro coche no encuentro ninguna explicación. ¿Sabe si conoce a alguien aquí?

- ¡No, joder! Hace años que no sé de ella. Ni siquiera vivía en la ciudad. ¿En el vídeo no se ve de dónde ha salido?

- No, me temo que no –interviene Taylor-. Sawyer, pásalo otra vez, comprobémoslo de nuevo.

Sawyer vuelve a teclear los comandos que aparecen en verde sobre una pantalla oscura. La mente me va a mil por hora. Es altamente improbable que conociera a alguien en el edificio, o que hubiera mantenido contacto con ellos. El contrato lo prohibía explícitamente y, por aquellos entonces, Leila no lo habría incumplido. Ahora ya, no sé qué pensar…

- Ahí está. Mirad –dice Sawyer deteniendo la imagen en el momento en el que la figura vestida de negro y encapuchada aparece por la esquina-. ¿Lo veis? No hay cámara antes de este punto porque no hay nada. Es una pared, joder. Es una pared.

- Es posible que se haya acercado pegada a ella, que haya bajado de algún coche… Sawyer, comprueba los registros de entrada y salida de vehículos desde las siete de esta tarde hasta… hasta nada. Que revisen el interior de cada vehículo que salga del edificio.

- Sí, señor Grey –dice y sale de la habitación dando las órdenes por el walkie.

- Mire, señor Grey –dice Taylor, congelando la imagen y señalando a Leila-, lleva una bolsa en la mano. Contiene algo pesado dentro. Tiene que ser la pintura.

- ¿Es que no se ve cómo lo hace?

- No del todo, señor.

- ¿Y los neumáticos?

- En algún momento saca de un bolsillo algo cortante, pero hemos ampliado la imagen lo máximo posible y no se aprecia qué tipo de arma es. Podría ser un cuchillo, podría ser una navaja…

La imagen en blanco y negro sigue adelante los breves segundos que Leila necesita para dar la vuelta alrededor del coche y rociarlo de pintura. Desaparece un instante después. Apenas han pasado veinte segundos en el contador de la cámara, y Leila ya no está.

- ¿No se recupera su imagen en ningún momento? –pregunto.

- Sí –responde Sawyer, que acaba de volver a entrar en la conversación-. Una de las cámaras del hall principal captó un primer plano… No hay ninguna duda.

- Pónmelo. Quiero cerciorarme –ordeno.

Mi jefe de seguridad vuelve al ordenador y busca la imagen. No consigo entender que no lo hayamos visto, que hayamos descuidado tanto la seguridad, todos los hombres en casa de mis padres y sólo uno aquí, el portero… joder.

- Ahí la tiene.

Y sí, ahí la tengo. Los tres nos incorporamos, separándonos de las pantallas. Ya no hay más que hacer, ya no vale de nada preguntarse qué ha ocurrido, sino qué puede ocurrir después.

- ¿Ha salido del eficio? –pregunto en tono grave-.

- No que nosotros sepamos, señor Grey.

- Pues más vale que lo sepamos cuanto antes. Encontradla. Despedid al portero y revisad el circuito de cámaras. Las imágenes os tendrían que haber llegado antes, joder.

Agotado, me acerco a la habitación para ver si Anastasia está bien, si duerme, si respira, yo qué se… Verla me tranquiliza, verla me devuelve un poco de calma. Y ahí está, respirando en paz, profundamente. De pronto siento una vibración en el bolsillo de los pantalones. Dejando entornada la puerta vuelvo hacia la oficina convencido de que Sawyer o Taylor tienen novedades. Pero por el camino saco la BlackBerry, y no. Elena Lincoln. Joder, me había olvidado completamente de ella. Tiene el don de la inoportunidad. No tengo ganas de hablar de esto ahora, y además no quiero tener ocupada la línea, por si ocurre algo. Pulso el botón de rechazar la llamada. Menos de treinta segundos después, vuelve a sonar. Otra vez ella. Cuelgo de nuevo.

- Sawyer –digo, entrando en el despacho, donde mis dos hombres siguen pegados a las pantallas-. Tengo una duda. ¿Cómo coño lo ha hecho?

- Estamos empezando a pensar que ha hackeado el sistema de seguridad, señor Grey. No hay otra explicación.

- ¿Hackeado? –pregunto, incrédulo-. ¿No era eso sencillamente imposible?

- Eso pensábamos –interviene Taylor.

- Además, ella es pintora, joder, ¡pintora! Y estamos hablando de meterse en uno de los sistemas de seguridad más avanzados del mundo. Si la encuentra la Casa Blanca antes que vosotros dad por seguro que la contratarán.

- No puedo explicármelo, señor Grey. Estamos revisando todos los puntos del sistema. Si hay un agujero, lo encontraremos.

- Eso dijisteis ayer. Que encontraríais a Leila Williams. Eso dijisteis hoy, que el Escala estaba a salvo, que yo estaba a salvo. ¡Que Anastasia estaba a salvo joder! ¡Y ahora ni siquiera estáis seguros de que esa mujer, armada como poco con un cuchillo haya abandonado este apartamento!

La BlackBerry vuelve a vibrar. Rechazo la llamada y automáticamente el teléfono del escritorio suena. El reconocedor de llamadas reza: Elena Lincoln. Mierda.

- ¡Joder! –mascullo-. Marchaos. Estaré en el salón si ocurre algo.

Taylor y Sawyer salen del despacho llevando bajo el brazo sus tabletas. Espero que en el futuro sirvan de algo. Confío en que no se acuesten esta noche. No hasta que hayan dado con el origen del problema, con cómo ha conseguido Leila entrar en el sistema. Me dejo caer en la silla y cojo el teléfono dispuesto a lidiar con Elena lo más rápido posible. En este momento estoy tan enfadado que no creo que sea buena idea, al menos para ella, y casi me alegro. Le vendría bien una lección después de cómo se ha comportado esta noche.

Si te ha gustado, compártelo!
FacebookTwitterGoogle+

Recibe los capítulos directamente en tu buzón

 

1 Comentarios

  1. MARY dice:

    Excelente relato, me encanta como nos va llevando la historia por la vista de Christian.

Deja un comentario