En el hotel, Taylor lo tiene ya todo dispuesto para el viaje de vuelta a Seattle. Me acomodo en el coche y me preparo para las dos horas que tengo hasta llegar a casa. Tiempo suficiente para atar un par de cabos sueltos. Saco mi Blackberry. Mi primer encargo es para Hendersson, es rápido y eficaz. Welch hizo un buen trabajo con su informe inicial, pero necesito saber más.

De: Christian Grey

Para: Jared Hendersson

Fecha: 15 de mayo de 2011 13:15

Asunto: Anastasia Steele

Hendersson, tengo un encargo para usted. Por favor, reúna toda la información posible referente a Anastasia Steele. Nada de un informe estándar, ése ya lo tengo, quiero que lo averigüe todo. Envíeme el dossier tan pronto como le sea posible.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc

El paisaje hacia norte va pasando por la ventanilla. El segundo encargo es más especial. Necesito asegurarme de que Ana me tiene muy presente durante el tiempo que pasemos separados.

De: Christian Grey

Para: Andrea Morgan

Fecha: 15 de mayo de 2011 13:21

Asunto: Thomas Hardy

Morgan, necesito que me encuentre una primera edición en perfecto estado de la obra de Thomas Hardy Tess la de los d’Urberville. El precio, por supuesto, no importa. La quiero en mis manos mañana a más tardar.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc

Esto debería bastar, por el momento. Aparto a Anastasia de mis pensamientos en espera de disponer de más información. Me recuesto en mi asiento y dejo vagar mi mente. Ahora que el recuerdo de mi madre ha vuelto a cobrar vida, es difícil volver a enterrarlo. Tal vez debería llamar al doctor Flynn y adelantar nuestra cita del martes, nunca sé dónde colocar estos sentimientos. Sintiéndome pequeño, otra vez, tirado en aquella alfombra verde, incapaz de ayudarla, me quedo dormido.

Mami y yo estamos sentados en la sala de estar. Nos estamos riendo. Mami me coge en brazos y yo la abrazo, peino su pelo. A mami le gusta, huele bien. Es casi la hora de cenar y mami dice que me va a preparar mi comida favorita: un sándwich de mantequilla de cacahuete y mermelada de arándanos. La acompaño a la cocina mientras me lo prepara. Mami canta. Yo juego con mis coches. Cuando estamos solos mami canta. Me gusta. Soy feliz.

- Ya hemos llegado a casa, señor Grey –es la voz de Taylor. Me despierto con una sensación agradable, sé que he soñado algo pero no recuerdo qué.

- Gracias Taylor.

Es un alivio volver a la seguridad de mi casa. Todo está en su sitio, no hay ni una mota de polvo. La señora Jones me recibe con una copa de vino blanco.

- Bienvenido a casa, señor Grey.

Asiento imperceptiblemente y me dirijo copa en mano hacia el piano. Siempre que estoy fuera tantos días lo echo de menos. Acaricio las teclas con los dedos y mi mano izquierda empieza a tocar las notas de una de las piezas fúnebres para piano de Richard Wagner. La pieza me cautiva y acabo sentándome en el banco para interpretarla de principio a fin. Cuando levanto la vista, la noche ha caído sobre Seattle. Mi estómago ruge y un delicioso olor a comida llega desde la cocina. Sonrío: la señora Jones sabe anticiparse a todas mis necesidades.

El fillet mignon acompañado de setas, las patatas recién salidas del horno y el sorbete de mango que pone punto y final a una exquisita cena me hacen darme cuenta de que no he comido nada en todo el día. Bueno, nada salvo la magdalena de arándanos de esta mañana. Anastasia…

Satisfecho, retiro la silla y dejo la servilleta en la mesa. En ese momento entra la señora Jones a retirar los platos.

- ¿Está todo a su gusto, señor Grey?

- Excelente como siempre, Gail. Gracias.

Me vuelvo a medias, pero la señora Jones sigue frente a mí, como si tuviera algo más qué decir. La miro enarcando las cejas.

- ¿Algo más, señora Jones?

- Eh… sí, señor Grey. Verá, he olvidado decirle que su madre llamó poco antes de que llegara.

- Señora Jones, eso fue hace más de dos horas. ¿Por qué no me ha dicho nada antes?

- Lo siento señor Grey. Iba a decírselo cuando …

- ¡Es igual! Ha sido un comportamiento inexcusable. Que no se repita. Retírese.

Gail se retira rápida, casi huyendo. No puedo soportar su negligencia: una vez más y tendré que castigarla de nuevo. Me acerco al teléfono para devolver la llamada a mi madre y respiro hondo un par de veces para calmarme. Grace conoce perfectamente todos los matices de mi voz, y no quiero preguntas.

- Mamá, ¿qué tal?

- Hola Christian, qué alegría escucharte. Creí que volvías esta mañana de viaje.

- No, he llegado hace un rato. Me surgió una sesión de fotos en el último momento para el periódico de la universidad. Ya sabes que colaboro con ellos.

- Ay, hijo, ¿es que tú nunca te tomas un descanso?

- Ya sabes que no, madre.

- Bueno, te llamaba para avisarte de que tu hermano Elliot quiere darte una sorpresa. Ya le dije que no era una buena idea, que no te gustan estas cosas, pero ya sabes cómo es, ha insistido.

- ¿Ah, sí?

- Sí, ya sabes que todos pensamos que trabajas demasiado. Tiene pensado llevarte por ahí, para que te distraigas un poco.

- Está bien mamá, gracias por avisar. ¿Estáis todos bien? ¿Cuándo vuelve Mia?

- Todos bien hijo. Tu hermana vuelve en un par de semanas. Estamos pensando hacer una cena de bienvenida a su regreso de París. Hace tanto que no nos reunimos todos…

- Claro mamá, cuenta conmigo. Buenas noches.

- Buenas noches, hijo.

Mi madre está en lo cierto, no me gustan las sorpresas. Elliot también lo sabe, por supuesto, pero es muy propio de él pasar por alto mis preferencias. A primera hora le llamo, y al infierno con su sorpresa.

Cansado pero despierto me meto en la cama. No sé si esta noche conseguiré conciliar el sueño, pero ha sido un día largo y sólo analizarlo me llevará un buen rato. Anastasia, que quiere entrar en mi vida de una forma en la que no soy bueno, me recuerda demasiado a mi madre. El doctor Flynn siempre dice que es normal, que es un patrón que sigo involuntariamente, que insisto una y otra vez en una escena que me torturó y que escapaba a mi control. Hasta ahora siempre me ha funcionado. Pero con Anastasia es diferente. Joder, he estado a punto de besarla. Si sólo pudiera dejar la mente en blanco y dormir…

Finalmente, a altas horas de la madrugada caigo en un sueño pesado y profundo. Por la mañana me levanto descansado, listo para la sesión de ejercicios matutina. La rutina del gimnasio me ayuda a ponerme en orden y un solo pensamiento llena mi cabeza: sexo. Duro. Hoy. Esta noche salgo. Me coloco una toalla sobre los hombros: de momento voy a la ducha.

Abro el grifo y dejo que una nube de vapor inunde la estancia. Me desvisto y adivino mi figura a través del vaho del espejo. Bajo el agua caliente cierro los ojos y me toco, acaricio mi cuerpo, tenso después del ejercicio. Mi miembro responde a mis deseos y lo rodeo firmemente con la mano, intentando apaciguarme. Toda esta historia con Anastasia ha despertado mis instintos tanto, que no puedo esperar a esta noche para descargar la tensión sexual. Recordando su escote y el arranque de sus pechos, me masturbo bajo el agua. Esto es nuevo, son ellas las que suelen darme placer. Anastasia, ¿qué estás haciendo?

A las siete y media ya tengo el desayuno preparado en la barra de la cocina. Gail siempre responde bien después de una amenaza: zumo de frutas fresco y café. Ni rastro de ella. Así está mejor. Mi Blackberry vibra sobre el mostrador y la pantalla muestra una ristra de mensajes por responder. Apuro el café y me dirijo al estudio, dispuesto a recuperar el tiempo perdido ayer.

Los asuntos en Darfur se están complicando pero tengo a mi equipo trabajando en ello, no me preocupa en exceso. Escudriño la pantalla en busca de algún mensaje etiquetado en rojo, los asuntos personales. Ahí está. Hendersson.

De: Jared Hendersson

Para: Christian Grey

Fecha: 16 de mayo de 2011 07:22

Asunto: Re: Anastasia Steele

Estimado señor Grey,

Adjunto le envío la recopilación de la información que me solicitó ayer. Espero que el informe sea suficientemente exhaustivo.

Quedo a su disposición,

Jared Hendersson

Hendersson es uno de mis empleados más valiosos. Es capaz de seguir el rastro de cualquier persona, no importa dónde esté, dónde se haya escondido. Y su trabajo es todavía más eficaz si el sujeto no sabe que está siendo investigado.

Abro el archivo adjunto que contiene y ahí está todo lo que podría desear: partida de nacimiento, notas escolares, número de teléfono, informes médicos, cuentas corrientes y movimientos, historia laboral, informes de empleadores, fotografías… Noto con curiosidad que no dispone de cuenta de correo electrónico, ni perfil en Facebook. Es extraño, una universitaria en pleno siglo XXI que parece ajena a la revolución de las redes sociales… Mejor para mí, cuanto más privado sea su círculo más fácil me será controlarlo.

Sin embargo, algo llama mi atención. Sé que Anastasia se gradúa en menos de una semana. Lo sé porque yo mismo entregaré los diplomas a los alumnos de la universidad. Y en el informe que acabo de recibir no pone nada sobre futuros planes. Ella me dijo que iba a buscar un trabajo en prácticas, yo mismo le ofrecí uno en mi empresa, y lo rechazó. ¿Será que todavía no ha empezado a buscar? Y, ¿no tiene planeado un viaje con sus amigas? Algunos universitarios van a Florida a pasar unos días de fiesta, pero no consta que haya hecho ninguna reserva en un hotel, o en una compañía aérea.

De: Christian Grey

Para: Jared Hendersson

Fecha: 16 de mayo de 2011 07:35

Asunto: Ok

Está bien Hendersson. Mantégame al corriente de cualquier movimiento en sus cuentas que indique que planea salir de Portland.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc

Sigo leyendo mi correspondencia y antes de salir para la oficina llamo a Elliot, a ver qué es lo que tiene en mente que tanto ha inquietado a mi madre. Mierda, sabe perfectamente que no me gusta que nadie organice mi agenda; a duras penas dejo que lo haga Andrea. Tras un par de tonos, Elliot responde.

- ¿Sí? –suena adormilado.

- ¿Te he despertado? Elliot, por todos los santos, son más de las nueve.

- ¡Christian!

- Buenos días.

- ¿Ya son más de las nueve? Es el jet lag, sigo sin hacerme a la hora de la costa oeste.

Sólo entonces recuerdo que Elliot había ido a Nueva York a cerrar un asunto con los astilleros. Pero, ¿jet lag? Debería darle vergüenza, sólo hay tres horas de diferencia entre el Atlántico y el Pacífico.

- ¿Qué tal te han ido los negocios en la Gran Manzana?

- Estupendo, mucho mejor de lo que me esperaba. Ha ido todo a pedir de boca. Tengo que volver la semana que viene para firmar los contratos pero tendría que pasar algo muy gordo para que se fuera a pique la fusión.

- Enhorabuena hermano.

- Gracias. Por cierto Christian, ya que me llamas, no hagas planes para el viernes –por fin saca el tema, y su tono es divertido. Como si no supiera que a mí esto no me hace ninguna gracia.- Te he preparado una sorpresa.

- Mmmm… No estoy seguro Elliot. Ya sabes que no dispongo de mi tiempo tanto como vosotros –mi tono me delata.

- Venga Christian, por los viejos tiempos –ahora es su tono el que denota desilusión.

- Las cosas en África están complicándose y probablemente tenga que trabajar hasta tarde.

- Venga, hermano, sólo es una noche. Te gustará.

- Elliot, no insistas, por favor. No sé por qué estáis todos empeñados en que tengo que salir más, que divertirme más. Esta es mi vida, la he construido yo así, pieza a pieza. Y me gusta como es –empiezo a cansarme de esta conversación. –Además, Mia llega en un par de semanas y mamá está organizando una cena de bienvenida. Allí nos veremos todos.

- Pero es que yo tengo algo que celebrar, Christian, y parte del éxito de la operación se debe a ti y a tus contactos. Además no creo que encuentres ninguna pega en el plan que te propongo. Presta atención: Opera House, Portland, viernes noche, Lucía Di Lammermoor. ¡La obra cumbre de Donizetti! ¿Qué me dices? Por supuesto, pasaremos la noche en el Heathman. Yo me ocuparé de llamar y que te reserven la suite siempre.

- Portland ¿eh? Me has convencido Lelliot.

- Sabía que te iba a gustar.

- Nos vemos el viernes, hermano.

Cuando cuelgo una sonrisa cruza mi cara. Portland, últimamente todo gira alrededor de esa ciudad. Llamo a Andrea para advertirle de que en media hora estaré en la oficina, y que lo tenga todo preparado. Hoy me esperan varias reuniones para ultimar los negocios en Darfur.

Tras una mañana rutinaria hago un alto para comer. A la vuelta, sobre mi mesa hay un paquete. Supongo que serán los libros que le encargué a Morgan. Rasgo el papel y, efectivamente, es una primera edición en perfecto estado del libro favorito de Anastasia. Será un buen detalle para festejar su último examen. Y para que piense en mí. Ahora no tengo tiempo de echarle un vistazo, pero creo que entre sus páginas descubriré algo más sobre ella.

La tarde resulta agotadora y aburrida, y salgo de la oficina con el mismo pensamiento con el que me he levantado clavado en mi cabeza. Necesito algo salvaje, y creo que Elena me puede ayudar. Cuando montamos el salón de belleza le encargué que seleccionara cuidadosamente al personal. Ella sabía a lo que me refería. Hoy es el momento de hacerle una visita. Y voy a ir solo, me apetece conducir.

El salón está como siempre, atestado de mujeres que van de un lado para otro y con el inconfundible olor a cera, laca y perfume caro. Elena está tras el mostrador y me recibe radiante. Pasamos los primeros minutos hablando de nuestros negocios, pero ella me conoce bien. Sólo mirándome sabe que no he venido sólo a verla a hablar de la posibilidad de ampliar los servicios del salón de belleza. Con una pícara sonrisa en los labios me dice:

- ¿Sabes? Acabo de contratar a una chica nueva. Pobrecita, creo que viene de un pueblo de Kansas, se incorporó hace sólo tres días, y está totalmente abrumada por la gran ciudad. Podrías invitarla a tomar una copa.

- ¿A tomar una copa?

- Ya me entiendes, Christian… Es esa muchacha morena que está barriendo.

Tardo poco en dar con la chica. Efectivamente es muy guapa y, como todas, morena, delgada, bajita, delicada. Me gusta. Se mueve torpemente, mareando la escoba, sin saber muy bien qué hacer, hasta que alguien llega y le da una orden directa:

- Cuando acabes aquí lleva estas toallas al almacén.

- Claro, señorita. En seguida.

Miro complacido a Elena.

- ¿Y bien, Christian? ¿Qué te parece? ¿Es lo que tenías en mente?

- Elena, como siempre, conoces a la perfección mis gustos. ¿Te ocuparás de los detalles?

- Por supuesto, si acepta tus condiciones la tendrás en el cuarto de juegos en una hora.

- Bien. Asegúrate de que firme el contrato.

Nos sonreímos cómplices y dejo el salón. De vuelta le doy instrucciones a la señora Jones, y entro en el cuarto rojo. Huele a cuero y a madera, sólo el olor ya me excita. En pocos minutos tendré aquí a la sumisa. Examino mi humor, y me decanto por unos pañuelos de seda para inmovilizar sus manos y sus pies y una fina vara de sauce. Su piel parecía bastante delicada, y quiero verla estremecerse bajo el chasquido del sauce contra sus nalgas. Llevo todo el día esperando este momento, quiero descargarme sobre alguien, quiero dominar a alguien, quiero volver a sentir el poder y el control que Anastasia me ha quitado.

Exactamente nueve minutos después de la hora acordada tres toques en la puerta me anuncian que ya está aquí. Abro furioso para encontrarme a la muchacha arrodillada, con las piernas abiertas, el pelo trenzado y la mirada baja. Sólo lleva puestas unas bragas de algodón blanco. Elena ha hecho a medias su trabajo. Llega tarde, y con una ropa interior digna de la granjera de Kansas que es.

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