Los domingos por la noche son momentos de transición. Una escala que va del placer al trabajo. Un tiempo ideal para estar solo y pensar. Me gusta pensar porque me permite organizarme. Son esos instantes donde planifico mi semana y mis estrategias. El control de las situaciones requiere de disciplina y de organización.

Llego a casa por la noche. Estoy agotado. Decido entrenar un poco. Hacer algo de ejercicio. Cuando el cuerpo está cansado es bueno hacer ejercicio. Relaja y fortalece.

Luego me doy una ducha rápida y bebo un suplemento vitamínico. Cuando me acerco al móvil veo una llamada perdida de Elliot. Seguro quiere seguir averiguando cosas. Será una revolución familiar. Pienso en cuando se entere Mia. Es probable que me enloquezca a preguntas. Incluso, es probable que se enfade por ser “la última en enterarse”. Otro comportamiento tan femenino. Como si el enterarse antes o después les diera algún privilegio. Sé que luego de una lista de reproches y preguntas mi pequeña hermana se pondrá contenta.

Me pregunto que le habrá contado Anastasia a Kate. Espero que su amiguita no le haya sacado demasiada información. Confío en Anastasia. Confío en su instinto. Confío en que sabrá decir solo lo necesario para calmar la curiosidad de Kate. Hemos hecho y hablado muchas cosas que son íntimas y ella no las contará.

No me gusta demasiado el entorno de Anastasia. Me molesta ese fotógrafo que claramente está enamorado de ella. No es que esté celoso. Mis celos siempre están bajo control. Ese trata de que no quiero que la moleste. Me enfurecen los hombres que intentan hacer cosas por la fuerza, que no entienden un no como respuesta, que no respetan a la mujer. No me interesa que se justifiquen en sus borracheras. Seguramente Ana lo justificará así, diciendo que no lo hizo a propósito, que se descontroló un poco, que es un buen muchacho y que le quiere mucho. Y no quiero que Ana justifique ese tipo de conductas. Toda bravuconada merece castigo.

Me dispongo a tocar el piano. Pensar en estas cosas me puso tenso. Y nada mejor que distenderme en mi antiguo y más fiel compañero de relax. Han pasado tantos años, tantas cosas y mi piano sigue siendo un refugio para mí. Hoy la melodía suena más bella. Esta chica está haciendo algo en mi cabeza. Dormir después de esta sesión será maravilloso. Mañana el despertador sonará temprano y tendré que concentrarme en mis obligaciones.

Pero no puedo dormirme. Pienso en Anastasia Steele, ¿Qué ha hecho esta chica para sacarme el sueño? Tengo que conseguirla, tiene que decirme que sí. Le mandaré de regalo un ordenador. Sí, sí, mañana mismo.

Y entonces le escribo un e-mail en ese mismo instante.

De: Christian Grey

Fecha: 22 de mayo de 2011 23.15

Para: Anastasia Steele

Asunto: Su nuevo ordenador

Querida señorita Steele:

Espero que haya dormido bien. Espero que haga un buen uso de este portátil como comentamos.

Estoy impaciente por cenar con usted el miércoles.

Hasta entonces estaré encantado de conetstar a cualquier pregunta via e-mail, si lo desea.

Christian Grey

Sonrío mientras hago esta tontería. La señorita Steele me tiene feliz. Sé que la voy a sorprender. Me duermo con una sonrisa.

A la mañana siguiente, hago una llamada y gestiono que le lleven a la señorita Steele el producto más avanzado que tengan de Aplee. Una MacBookPro, algo que todavía no ha salido en el mercado. Perfecto. Eso hará feliz a mi niña.

No puede investigar desde el ordenador de Kate. Además quiero que busque tranquila, que se informe. Hay demasiados prejuicios y mucha desinformación. Y quiero que esté al tanto de todo, que entienda y que le guste. Yo sé que puedo conseguir que le guste. Lo pude sentir en su piel, en su rostro ruborizado, en sus orgasmos.

Un momento. No está bien estar pensando tanto en ella. ¿Qué está haciendo la señorita Steele? Mi madre diría: corazón, hay cosas que no se controlan. Pero es falso, todo puede controlarse.

Llego a mi oficina. Hoy me espera un duro día de trabajo. No puedo estar distraído. Como cada semana, de repente mi cabeza se desconecta de lo que sucedió el fin de semana y empiezo a hacerme cargo de mis responsabilidades. Gestiono mis negocios como lo hago con mi vida: conozco a las personas y sé que ofrecerles para que estén a gusto y me den lo que quiero. Me gusta tener control sobre las situaciones. Me gustan los desafíos. Y, por supuesto, me gusta divertirme.

A las 8.20 llega la respuesta de Ana. No puedo evitarla abrirla.

“He dormido muy bien, gracias…por alguna extraña razón…Señor.

Creí entender que el ordenador era en préstamo, es decir, no es mío.

Ana”

Sin dudar y sin pensar un instante, respondo.

“El ordenador es un préstamo. Indefinidamente, señorita Steele. Observo en su tono que ha leído la documentación que le di. ¿Tiene alguna pregunta?”

Anastasia ha leído el contrato que le he dado. Es evidente. Eso me excita y me pone de mejor humor. Ha dado el primer paso. He ganado un poco de más de su confianza. Veo que ha entrado un nuevo mail. Es de ella. Disfruto del segundo antes de abrirlo, de dejar que me sorprenda con su espontaneidad. Le seguiré haciendo bromas. También hablaré en serio. Quiero que investigue, que busque información, que pierda el miedo. Quiero que reemplace la palabra “dolor” por la palabra “placer”. Estoy convencido de que la ganaré y haré todo lo que pueda para conseguirla.

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