Es verdad, con Anastasia habíamos hecho un trato. Ella dejaría que yo le diera unos azotes y la follara con fuerza a cambio de que le contara por qué no dejo que me toquen.

Le estoy dando unos masajes en su trasero colorado por los golpes y pasándole un poco de loción, cuando me dice que se siente estafada porque no nota ningún indicio de que yo le vaya a contar algo.

La señorita Steele tiene razón y no me gusta faltar a mi palabra, así que hablaré.

Me acuesto a su lado, la abrazo. Su espalda contra mi pecho, le beso suavemente la oreja. Y comienzo una pequeña confesión:

—La mujer que me trajo al mundo era una puta adicta al crack, Anastasia. Duérmete.

Se queda en silencio. Puedo notar la impresión de haberlo escuchado.

—¿Era?—indaga.

—Murió.

No quiero hablar más. Solo quiero sentir su trasero contra mi cuerpo y dormirnos así.

Pero ella tiene más preguntas:

—¿Hace mucho?

—Murió cuando yo tenía cuatro años. No la recuerdo. Carrick me ha dado algunos detalles. Solo recuerdo ciertas cosas. Por favor, duérmete.

—Buenas noches, Christian.

—Buenas noches, Ana.

Veo que ha entendido que este tema me hace mal. Me alivia saber que así es.

Siento que rápidamente se queda dormida. Escucho su respiración.

A mí me cuesta lograr el sueño.

Hasta hace un momento pensaba que me dormiría enseguida, pero, ahora, me he desvelado.

Algunas imágenes de mi niñez vuelven a mi mente.

Me cuesta mucho hablar de este tema.

No es que no lo haya superado, solo que…no quiero estar explicándoselo a nadie. Ni siquiera a Anastasia.

Trato de relajarme, pero no lo consigo.

Voy hasta el salón.

Mierda, cómo me cuesta dormir acompañado. Sé que para Anastasia es importante, pero, simplemente, estoy acostumbrado a la soledad de mi cama. Siempre ha sido una condición imposible de discutir: he dormido y duermo solo.

Jamás le he permitido a una sumisa que durmiera en mi cama. Y ellas tampoco me lo han pedido. Saben cuál es su rol y las cosas que deben o no deben hacer.

Con Anastasia todo es imprevisible. Ella ha pedido más.

Hay en ella algo que me cautiva, que me tiene como hipnotizado. Quiero darle lo que ella desee.

Ansío que firme el contrato y sea mi sumisa.

Vuelvo a la cama.

Ana parece no enterarse de nada. De verdad que estaba muy agotada.

La miro dormir. Es hermosa.

Hay algo en contemplarla que me va calmando.

Y así, logro quedarme dormido.

Los primeros rayos de sol me despiertan. Estoy abrazado a Ana. ¿Habremos dormido toda la noche así?

Me parece increíble.

Estoy a punto de despertarla, pero me detengo. Se la ve tan tranquila…

¿A qué hora dijo que tenía las entrevistas? Era después del mediodía, así que no es necesario molestarla. Que descanse.

Yo iré a mi estudio a solucionar algunos temas de trabajo pendientes.

Antes de salir del dormitorio, la observo un instante más. Tiene la expresión muy relajada. Sueña con algo que la hace feliz. Me gusta verla bien.

Voy hasta el baño y me doy una ducha. El agua cayendo por sobre mi cuerpo me ayuda a no pensar en nada.

Después de todo no está nada mal dedicarle quince minutos a borrar todo pensamiento.

Luego, me visto.

Paso por la cocina, saludo a la señora Jones que ya está haciendo su trabajo. Cojo un vaso de zumo. Esperaré a Anastasia para desayunar.

Recuerdo la noche de ayer. Desde la cena con mi familia hasta mi última confesión. Todo parece increíble.

Nunca pensé que me sentiría tan cómodo en una presentación familiar. Carrick y Grace han quedado maravillados con ella, lo pude percibir.

¿Qué está haciendo Anastasia conmigo?

Voy hacia mi estudio.

Espero que se despierte y que no haga más preguntas por hoy. Prefiero que mi pasado quede guardado en el interior de mis sombras.

Veo lo asuntos de esta mañana. Oh, el prototipo de Barney. Debería discutirlo con Ros. Puedo tratar de resolver todo aquí y coordinar reuniones para la tarde.

Así tendré mi mañana con la señorita Steele.

Cuando entra al estudio, me sorprende hablando por teléfono. Estoy solucionando lo del prototipo. Ros insiste, pero no accederé. Es a todo o nada, nunca me he manejado bien con los términos medios.

Ros al comienza se muestra un poco reticente, pero, con rapidez, entiende lo que le digo. Haremos una reunión con Marco.

Anastasia entra. Se la ve un poco perdida. Lleva solo una camiseta y el pelo revuelto. Los ojos revelan que recién se acaba de despertar.

Nos miramos. Estoy esperando volver a hablar con Andrea para coordinar las reuniones de la tarde.

Hablo y organizo y Ana me observa, como intentando entender algo de lo que digo.

—Cancela toda mi agenda de esta mañana, pero que me llame Bill . Estaré al l í a las dos. Tengo que hablar con Marco esta tarde, eso me l levará al menos media hora. Ponme a Barney y a su equipo después de Marco, o quizá mañana, y búscame un hueco para quedar con Claude todos los días de esta semana. Dile que espere. Ah. No, no quiero publicidad para Darfur. Dile a Sam que se encargue él de eso. No. ¿Qué evento? ¿El sábado que viene? Espera.

Ana no ha sacado los ojos de mí. Me mira trabajar y se divierte.

El sábado tenemos un evento y quisiera ir con ella.

—¿Cuándo vuelves de Georgia? —le pregunto para corroborar que podemos ir juntos.

—El viernes.

Perfecto.

Vuelvo al teléfono.

—Necesitaré una entrada más, porque voy acompañado. Sí Andrea, eso es lo que he dicho, acompañado, la señorita Anastasia Steele vendrá conmigo. Eso es

todo.

Hasta Andrea parece sorprendida de escuchar que iré acompañado a un evento. Deberían empezar a acostumbrarse.

Cuelgo el teléfono. Allí está Anastasia con un brillo especial esta mañana.

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