Es casi la medianoche pero este intercambio de e-mails que hemos tenido con Anastasia me ha quitado el sueño por completo. Me enfada lo que ha dicho y me preocupa cómo pueda sentirse.

Me he ido de su casa creyendo que se iría a dormir porque estaba bien y ahora leo una serie de reproches insultantes que me preocupan y de los que no creo ser merecedor.

Le respondo con absoluta sinceridad, esperando que se calme.

De: Christian Grey

Fecha: 26 de mayo de 2011 23:44

Para: Anastasia Steele

Asunto: ¡Cuidado!

Querida señorita Steele:

Doy por sentado que es el TINTO lo que le hace hablar así , y que el día ha sido muy largo. Aunque me siento tentado de volver allí y asegurarme de que no se siente en una semana, en vez de una noche.

Taylor es ex militar y capaz de conducir lo que sea, desde una moto a un tanque Sherman. Su coche no supone peligro alguno para él.

Por favor, no diga que es «una mujer a la que me follo de vez en cuando», porque, la verdad, me ENFURECE, y le aseguro que no le gustaría verme enfadado.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

Pasan diez minutos. Una vez más tarda en responder. Lo que demuestra que no está siendo espontánea. Me levanto. Doy vueltas por la habitación. Sí, parezco un tigre enjaulado. Estoy a punto de empezar a vestirme para ir hacia su casa cuando entra un nuevo mensaje.

De: Anastasia Steele

Fecha: 26 de mayo de 2011 23:57

Para: Christian Grey

Asunto: Cuidado, tú

Querido señor Grey:

No estoy segura de que yo te guste, sobre todo ahora.

Señorita Steele

Me siento un momento. No logro descifrar la cabeza de esta niña. Le acabo de mandar un correo diciéndole que era bella y valiente y que la admiraba y luego me ha dicho cosas horribles y ahora dice que tiene miedo de que no me guste. ¿En qué realidad está viviendo?

De: Christian Grey

Fecha: 27 de mayo de 2011 00:03

Para: Anastasia Steele

Asunto: Cuidado, tú

¿Por qué no me gustas?

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

Espero que responda y que sea sincera y que deje de dar vueltas con tonterías. Escucho que entra un mensaje. Respiro profundo antes de leerlo.

De: Anastasia Steele

Fecha: 27 de mayo de 2011 00:09

Para: Christian Grey

Asunto: Cuidado, tú

Porque nunca te quedas en casa.

Esa respuesta es absurda. Ya se lo he explicado miles de veces. Simplemente no me gusta dormir acompañado. No es nada en su contra y lo sabe.

Me recuesto un momento, pero no puedo dejar de pensar en esto. Siento una mezcla de enfado y preocupación. No, decididamente, así no podré dormir.

Estoy jodido por dentro y ella lo sabe, no debería tomarlo como algo en su contra. Me siento tan alejado del mundo a veces…

Sin embargo, siempre me he portado bien con ella. Hoy a la tarde he estado con su padrastro y hemos tenido una buena conversación, le he caído bien. Sé que para ella es importante la visión de Ray. ¿Por qué pensaría que ella no me gusta?

Le he regalado un coche porque me preocupo por ella, porque no quiero que conduzca ese cacharro y que ponga en riesgo su vida. Quiero que esté bien, que se sienta bien, segura, feliz. ¿Tan difícil es?

¿Realmente el problema es esa estupidez de que no me quede a dormir? ¿Realmente se refiere a eso? Mierda. ¿Eso va a enturbiar todo? No, no lo voy a permitir.

Me levanto. Prendo otra lámpara. Me visto precipitadamente.

Es increíble llegar tan rápido. Ahí estoy, golpeando su puerta.

Atiende Katherine. Está muy nerviosa y agresiva. Puede que hayan estado hablando. Trato de mantener la calma con mis respuestas, no me interesa pelearme con esta loca.

—¿Qué coño crees que haces aquí?— dice a los gritos, como si fuera la guardiana de Ana.

—Hola, Katherine. Deseo hablar con Anastasia— le digo con tranquilidad, pero también firmeza.

—¡Vale, pues no puedes!— sigue exaltada.

—Por favor, Katherine, preferiría que no te metieras en esto. Tengo que hablar con ella.

—¿Qué coño le has hecho ahora?

—No le he hecho nada, puedes quedarte tranquila.

—Desde que te conoció, se pasa el día llorando.

La miro y avanzo hacia la habitación de Anastasia. No dejaré que esta desquiciada se interponga en mi camino.

—¡No puedes venir aquí !— continúa gritando.

Afortunadamente llego al dormitorio de Ana. Katherine me persigue. Enciendo la luz. Allí está ella, acostada, con los ojos bien cerrados.

—Dios mío, Ana —le digo.

Está llorando. Apago la luz y me acerco a ella. Tenemos que aclarar lo que está sucediendo. No soporto verla así.

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