Estoy durmiendo y una imagen de mi sueño me despierta. Sin embargo no logro recordar qué fue. Sé que hay algo del contrato involucrado. Joder!, apenas ha pasado media hora desde que me quedé dormido.

Repaso mentalmente todas las objeciones de Anastasia. ¿Era necesario escribir una lista eterna de objeciones? No tengo problema en discutirlas con ella. Lo que me preocupa es que no entienda el concepto. Ser una sumisa implica sumisión y ella no hace más que intentar rebelarse. Debería obedecer y demostrarme que entiende su rol en todo esto. No puedo resistirlo y le escribo un mail de madrugada.

De: Christian Grey

Fecha: 24 de mayo de 2011 01:27

Para: Anastasia Steele

Asunto: Sus objeciones

Querida señorita Steele:

Tras revisar con más detalle sus objeciones, me permito recordarle la definición de sumiso.

sumiso: adjetivo

1. inclinado o dispuesto a someterse; que obedece humildemente: sirvientes sumisos.

2. que indica sumisión: una respuesta sumisa.

Origen: 1580-1590; someterse, sumisión

Sinónimos: 1. obediente, complaciente, humilde. 2. pasivo, resignado, paciente, dócil, contenido. Antónimos: 1. rebelde, desobediente.

Por favor, téngalo en mente cuando nos reunamos el miércoles.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

Espero un momento a ver si responde. No lo hace. Ahora sí me duermo tranquilamente. Me había quedado con la necesidad de responderle algo y …Y es la una y media de la madrugada, me he despertado, he tenido la necesidad de escribirle…por momentos siento que esto se me está yendo de control.

A pesar del cansancio, la reunión de trabajo de la mañana sale de maravillas. Me tranquiliza saber que no he perdido mi capacidad de negociar y que puedo conseguir lo que quiero. La eterna lista de Anastasia me lo había hecho dudar por un instante.

A media mañana todavía no ha respondido mi e-mail. ¿Se habrá ofendido? No lo creo, debe estar en el trabajo y no debe haber chequeado los mails antes de salir. Esta chica me hace dudar demasiado y eso no es bueno para mí.

Al mediodía como con Elliot, se lo debía.

—¿Y qué tal tu noche con Ana?—llega la pregunta que quería evitar.

—Bien.

—¿Eso es todo lo que vas a decir?

—¿Qué quieres que te diga?

—No sé. Lo que diría cualquier hombre de una chica que se ha tirado. Porque imagino que te la has follado, ¿no?

—Sabes que no me gusta hablar de mi vida sexual, Elliot. Dejemos esta conversación aquí, por favor.

—Pero estás saliendo con Ana. Mamá estaba muy contenta de haberla conocido.

—No tuve alternativa, si le has dicho…Mira, no quiero discutir contigo, dejémoslo aquí, en serio. Y te pido que el sábado, si es que vas a ayudarla en la mudanza, no estén allí con Kate acosando a preguntas a Anastasia.

—Oh, veo que te preocupas por ella— me dice en tono burlón.

Quiero y admiro a mi hermano, pero hay cosas que no comparto de su personalidad. Siempre le ha gustado hacerse el “normal” para demostrarme que yo no lo soy. Quiere que le cuente que me tiré a una chica, que diga alguna grosería y que, luego, me haga el duro y finja que ella no me importa.

—Sabes, Elliot, que no soy adepto a hablar sobre mi vida sexual.

—O sea que hubo sexo. Me alegro, hermanito, que lo hayas disfrutado. Nadie le hará nada a tu novia, tranquilo.

Sé que dice “tu novia” para provocarme por eso evito decir cualquier cosa. Aclararle que no es mi novia sería dar paso a que comience a indagar sobre el tipo de relación que tengo con Anastasia. No quiero desearle mal, pero espero que lo suyo con Kate sea algo pasajero, así deja de interponerse.

Me despido de él y me decido a hacer una pequeña caminata antes de seguir trabajando. No quiero que ni Kate ni Elliot influyan en Anastasia. Ya pensaré algo para que la dejen en paz.

Tal vez, Anastasia debería tener un encuentro con una de mis exsumisas. ¿Por qué le molestó tanto cuando se lo propuse? De acuerdo, por celos, eso está claro. Pero yo creo que ganaría confianza en mí y en la situación si hablara con alguna de ellas. ¿Con quién? Podría llamar a Selena. En un impulso tomo mi Blackberry.

—Señor Chistian Grey, qué honor recibir un llamado suyo.

—¿Cómo estás, Selena?

—Muy bien, aunque nunca tanto a como estaba contigo.

—Pero si has sido tú la que te has ido.

—Luego de rogarte, de todas las formas posibles, que me quisieras.

—Siempre fui sincero.

—Y yo, agradecida.

—Oye, te llamo porque necesito pedirte algo.

—Sabes que siempre puedes pedirme lo que quieras.

—He conocido una chica que siente cierto miedo…cierta…desconfianza a firmar el contrato.

—Pues, entonces, no es una sumisa.

—Yo creo que sí lo es. Tal vez, le falte un poco de experiencia. Me gustaría que pudiera hablar contigo. Que tú le explicaras, con esa forma tan especial que tienes, que no le pasará nada que ella no quiera y, en especial, que puede dejarlo cuando ella quiera.

—Cuando tú lo desees, Christian.

—De acuerdo, hablaré con ella mañana y te diré algo. Un placer hablar contigo, Selena.

La advertencia de Selena, la claridad que tuvo en decirlo, “entonces no es una sumisa”, me alarman. Tengo que resolver esta situación lo antes posible. Mañana será una gran noche.

Sin embargo, lo que más me preocupa, es este empeño que tiene mi cabeza en pensar en ella, en tratar de descifrarla, en buscar la forma de que diga que sí.

Estoy molesto conmigo mismo. ¿En qué me ha transformado? No tengo novias, no hago el amor, no soy un chico de flores y corazones y… Y no sabes hacerlo de otra manera, Christian Grey, recuérdalo.

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