Estoy vistiéndome, decidido a irme apenas termine de hacerlo. Ana me mira con ojos tristes, como si no quisiera que me marchara. Trato de no pensar demasiado en eso.

Ha tomado unas copas de champagne de más y ahora indaga para saber si se las he dado a propósito. Reconozco que sí, que lo he hecho.

—¿Por qué?—me pregunta intrigada.

—Porque les das demasiadas vueltas a las cosas y te veo tan reticente como a tu padrastro. Con una gota de alcohol ya estás hablando por los codos, y yo necesito que seas sincera conmigo. De lo contrario, te cierras como una ostra y no tengo ni idea de lo que piensas. In vino veritas, Anastasia.

—¿Y crees que tú eres siempre sincero conmigo?

—Me esfuerzo por serlo. Esto solo saldrá bien si somos sinceros el uno con el otro.

Puede que repita mucho la idea de la sinceridad, pero sé que es la verdadera clave para que todo esto funcione. Además es cierto que entre su inexperiencia, su orgullo y su timidez necesitamos que de vez en cuando salga la verdadera Anastasia a contar qué es lo que le pasa.

—Quiero que te quedes y uses esto—me sonríe seductora mientras sostiene un condón en su mano derecha.

Su propuesta me tienta, pero tengo muchas cosas por hacer.

—Anastasia, esta noche me he pasado mucho de la raya. Tengo que irme. Te veo el domingo. Tendré listo el contrato revisado y entonces podremos empezar a jugar de verdad.

—¿A jugar?—me pregunta extrañada.

Le sonrío. Si supiera lo que tengo en mente no estaría tan tranquila. No veo la hora de que ese contrato esté firmado y empezar con la verdadera diversión.

—Me gustaría tener una sesión contigo, pero no lo haré hasta que hayas firmado, para asegurarme de que estás lista.

—Ah. ¿O sea que podría alargar esto si no firmo?

Oh, veo que ha dado en un punto estratégico. Me seduce cuando lo hace. Pienso un momento. Y sonrío.

No puedo esperar más. Quiero hacerle todo lo que he imaginado y más. Trato de explicárselo.

—Supongo que sí, pero igual reviento de la tensión.

—¿Reventar? ¿Cómo?—me dice, fingiendo ingenuidad.

Sonrío, siguiéndole el juego.

—La cosa podría ponerse muy fea.

Ella también sonríe. Me encanta jugar con ella. Es tan sexy cuando logra distenderse y divertirse conmigo.

—¿Cómo… fea?—insiste en preguntar, ingenua.

—Ah, ya sabes, explosiones, persecuciones en coche, secuestro, cárcel…

—¿Me vas a secuestrar?—dice con falsa preocupación.

—Desde luego —le digo con una sonrisa.

—¿A retenerme en contra de mi voluntad?

Como me excita este juego. Creo que tendré que cambiar los planes. Deseo follármela una vez más antes de marcharme.

Claro que la retendré contra su voluntad.

— Y luego viene el IPA 24/7—le digo.

—Me he perdido.

No resisto la tentación de volver a desnudarla. Quiero hacerlo ya. Pero espero un momento. Y sigo con nuestro intercambio burlón.

—Intercambio de Poder Absoluto, las veinticuatro horas.

Ana también se está excitando con nuestra conversación. Puedo percibirlo. Es fantástico.

—Así que no tienes elección —concluyo mi pensamiento.

—Claro —me dice levantando la vista.

—Ay, Anastasia Steele, ¿me acabas de poner los ojos en blanco?

Me mira inocente. Sabe que eso tiene un castigo. Grita que no. Pero yo sé que lo ha hecho. Y además me muero de ganas de darle unos buenos azotes y follarla fuerte.

—¿Qué te he dicho que haría si volvías a poner los ojos en blanco?—le digo indicándole que vendrá su castigo.

Me mira preocupada. Me siento en el borde de la cama y la llamo.

—Ven aquí.

—Aún no he firmado —me desafía con timidez.

Oh, señorita Steele, no es un buen momento para desafiarme. O, tal vez, es el mejor momento. Mi pene está tan erecto que va a salir de mis vaqueros en un instante. Ella me mira, esperando mi respuesta.

—Te he dicho lo que haría. Soy un hombre de palabra. Te voy a dar unos azotes, y luego te voy a follar muy rápido y muy duro. Me parece que al final vamos a necesitar ese condón.

Tarda un rato en reaccionar. Es evidente que el juego la excita, pero que su maldito orgullo la está haciendo dudar. Quiero verla aquí mismo y empezar con los azotes ya.

—Estoy esperando —le recuerdo—. No soy un hombre paciente.

Piensa un momento más, pero su voluntad comienza doblegarse y se nota en su expresión. Luego, se acerca lentamente hasta quedarse a mi lado.

—Buena chica. Ahora ponte de pie— le indico.

Se levanta titubeante. No está nada convencida. No importa, ya entrará en la situación y lo disfrutará. Sí, sí, estoy seguro de que lo hará.

Le tiendo la mano y me da el condón. Luego, la tumbo sobre mi regazo.

—Sube las manos y colócalas a ambos lados de la cabeza —le ordeno.

Ella hace lo que le digo. Esta vez sin dudarlo. Su decisión de obedecerme me excita aún más.

—¿Por qué hago esto, Anastasia? —la introduzco en la nueva parte del juego.

—Porque he puesto los ojos en blanco—contesta obediente.

Perfecto.

—¿Te parece que eso es de buena educación?

—No.

Esta parte me seduce demasiado. Es un instante previo muy seductor.

—¿Vas a volver a hacerlo?

—No.

—Te daré unos azotes cada vez que lo hagas, ¿me has entendido?

Le bajo los pantalones. Su trasero es hermoso y queda desnudo para mí. Lo miro. Acaricio esa piel blanca y perfecta. Luego, la manoseo y hago círculos sobre sus muslos con la mano abierta.

Ana está expectante.

Entonces, separo la palma de mi mano y…le doy. Bien fuerte.

Grita e intenta escapar, pero no la dejo.

Acaricio el mismo lugar en el que le he pegado. Separo mi mano…y voy por la segunda palmada.

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