Cae el agua sobre mi cuerpo y me siento en paz, pese a que el teléfono de la habitación suena sin cesar. Las imágenes de la noche anterior me acompañan bajo la ducha, el sabor de Anastasia sigue pegado a mi lengua, su olor está por todas partes, su risa. Sus palabras en sueños. Hacía tanto tiempo ya que no compartía la cama con alguien que había olvidado lo divertido que puede ser escuchar a alguien que habla dormido.

Anoche Anastasia parecía inquieta, agitada. Murmuraba algo sobre una jaula, yo metido en una jaula, hambriento. Parecía que ella quería confortarme, aliviar mi sufrimiento, y me ofrecía fresas. ¿Fresas? Es dulce incluso en sueños. No quise despertarla, pero puse una de mis manos entre las suyas, que se agarraban a las sábanas como queriendo desgarrarlas. Y ella la cogió, y me apretó firmemente. Después, pareció tranquilizarse y su sueño agitado se calmó por fin.

- Estoy aquí, Anastasia –susurré. – Estoy bien. Estoy a tu lado. Duerme, pequeña. Duerme.

- Te echo de menos, Christian –dijo en un murmullo, apenas audible.

- ¿Ana? ¿Estás despierta Ana?

No contestó, seguía inconsciente. Le acariciaba el pelo con la mano libre, muy suavemente para que no se despertara, apenas rozándola. Entonces recordé una conversación con el doctor Flynn, acerca de los sueños. Mi terapeuta me había recomendado incubar sueños, tratar de escarbar en ellos buscando respuesta a las preguntas que ahora me atormentan sin resolver.

En sueños salen a la superficie muchos conflictos enterrados, señor Grey. A menudo situaciones que hemos querido –y creído- tapar afloran cuando abandonamos el pensamiento consciente. Sólo hay que estar alerta para tratar de recordar lo que nos ha sucedido en sueños para buscar una respuesta en la vida diaria, un plan de acción o un patrón de conducta. Nosotros somos los actores principales de la película de nuestra vida, pero no sólo eso: también somos los directores y los productores. En la vida consciente sólo nos acordamos de interpretar el papel de actor, pero soñando aparecen el director y el productor poniendo orden en la escena. Tal y como ellos quieres. Tal y como somos nosotros. Eso es lo que hay que retener. Lo que tiene que hacer, señor Grey, es formular una pregunta que pueda acercarle al problema que le atormente.

Intenté durante una temporada seguir los consejos del doctor Flynn y al acostarme buscaba infructuosamente una frase que resumiera mis tormentos, como decía él. Pero no era capaz de encontrarla. Todas las preguntas a las que llegaba eran demasiado vagas, demasiado literales, o demasiado dolorosas. Y al final me iba a dormir más angustiado de lo que estaba al principio. Como resultado de los experimentos del señor Flynn los sueños que solía tener con mi madre se multiplicaron exponencialmente. Él decía que iba por el buen camino, que estaba acercándome a mi yo inconsciente. Pero dolía demasiado y me cansé de despertarme por las mañanas empapado en sudor y con el sabor metálico de los guisantes congelados en la boca seca, así que abandoné. Las pesadillas remitieron un poco, pero algo de los intentos del doctor Flynn por conectarme conmigo mismo a niveles más internos dejó una marca, y a menudo me pregunto si debería tratar de buscar una solución a mis problemas así.

Las palabras de Anastasia en sueños evocaron aquella época de estudio de mis sueños, y de pronto las teorías de mi terapeuta me parecieron mucho más acertadas. Anastasia estaba revelando en sueños, sin saberlo, su miedo a estar conmigo. Me veía encerrado en una jaula. La cuestión es, ¿como un animal peligroso? ¿como un recluso? ¿como un apestado? Ninguna de las tres opciones parece buena… Pero si quiere acercarse a mí, darme de comer, alimentarme, es que tiene buenas intenciones conmigo. Aunque se coloque al otro lado de la jaula, a salvo. Sin que yo pueda llegar a ella, sin ningún control en mi mano. Es ella la que es libre, es ella la que tiene alimento, la que me lo puede proporcionar. Y me echa de menos a su lado, fuera de la jaula, seguro. Tengo que hablar con el doctor Flynn de esto, seguro que tiene algo que decir al respecto.

La luz roja de mi blackberry parpadea cuando vuelvo al saloncito de la habitación. Hay un e mail de Anastasia agradeciéndome el paseo de la mañana. Y, como siempre, ha metido su puya particular y el asunto del mensaje reza: Planear mejor que apalear. Apalear… Tiene miedo, ahora lo sé. Está asustada y su sueño me ha dado muchas más pistas de las que me ha dado ella misma en todo este tiempo. Apalear, ¿por quién me toma? ¿Por el animal al que hay que encerrar en una jaula? Sólo quiero tranquilizarla, hacer que confíe en mí. Y que no confunda apalear con azotar, que no es, ni mucho menos, lo mismo.

De: Christian Grey

Fecha: 2 de junio de 2001, 10:24h

Para: Anastasia Steele

Asunto: re: planear mejor que apaelar

Lo mismo me da apalear que planear, señorita Steele. Cualquier cosa antes que tus ronquidos. Yo también me he divertido.

Christian Grey, presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

De: Anastasia Steele

Fecha: 2 de junio de 2001, 10:26h

Para: Christian Grey

Asunto: RONQUIDOS

¡Yo no ronco! Faltaría más, decirle eso a una señorita. Además, aquí en lo más profundo del sur, ni siquiera está mal visto.

Anastasia.

Algún día le contaré lo que me ha dicho en sueños, pero no hoy, y no por mail. Y de momento la tensión que su mención al apaleamiento me ha provocado ya se ha disipado. Con la atención puesta en los ronquidos, me dedico al resto de mis compromisos. Me despido de ella y me dispongo a ir a la reunión con el agente inmobiliario cuando suena el timbre de la habitación. Enseguida, sin darme tiempo a llegar y abrir, quien sea que está llamando empieza a golpear la puerta.

- ¿Señor Grey? –dice Taylor.- ¿Está ahí, señor Grey?

- ¡Voy! –me apresuro hacia la puerta.

- ¿Se puede saber qué ocurre?

Taylor me alarga su teléfono descolgado, con un gesto de preocupación grave en el rostro.

- Es la señora Jones, señor Grey. Creo que debería hablar con ella.

- ¿Y por qué no me ha llamado a mí?

- Lo ha hecho, señor Grey. Pero no respondía a su teléfono y en recepción tampoco han tenido éxito al tratar de comunicar con su habitación. Por favor, responda. Será mejor que se dé prisa –me entrega el teléfono.

- ¿Sí?

- Señor Grey, soy la señora Jones. Yo… -su voz se corta, ahogada por el llanto.

- ¿Qué ocurre? ¿Gail?

- Ha pasado algo, señor Grey. Leila –su voz vuelve a cortarse.

- ¡Gail! ¿Se puede saber qué coño pasa? –empiezo a perder la paciencia.

En la línea, de fondo, escucho una sirena.

- Espere un momento señor Grey, está llegando la ambulancia. Tengo que abrir.

¿Ambulancia? ¿Pero qué cojones está pasando?

- Taylor dime de una vez qué coño está pasando. Gail está histérica y no entiendo nada. ¿Qué mierdas pinta una ambulancia en mi casa? ¿Quién hay allí?

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4 Comentarios

  1. rosafermu dice:

    Vuele a ponerse interesante. Es la otra versión cómo Christian vive un mismo acontecimiento, y me gustan estos relatos. Saber lo que ocurre en Seattle mientras Christian está en Georgia. Estoy impaciente por leer la versión de Christian y lo ocurrido con el abandono de Ana. Gracias nuevamente .

  2. Denis dice:

    wow, amo todo lo que ha pasado hasta ahorita aunque hay algunas cosas que la verdad Christian no pensaría pero fuera de eso es muy bueno lo que están haciendo felicidades es una pagina muy buena y estoy ansiosa por ver que mas pasa :3

  3. Nicole dice:

    siiii esta interesante ahora… que habra echo durante la semana sin anastasia!!!

  4. GINA L.C. dice:

    Muy interesante lo que pasa por la mente de Christian, aunque yo sinceramente creo que aún aquí sigue luchando por negar lo que realmente siente por Ana.

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