Sale de Clayton’ s agitada, como si hubiera tenido que correr para poder estar a tiempo. Está nerviosa y se le nota. Pero también se la ve contenta y dispuesta a vivir una nueva aventura en su vida. Su calidez despierta una ternura inusual en mi manera de mirar a las mujeres.

Le sonrío, le abro la puerta del coche y la saludo:

—Buenas tardes, señorita Steele.

—Señor Grey— Inclina su cabeza de manera simpática.

Saluda a Taylor. Entro por la otra puerta y aprieto suavemente su mano, para indicarle que sé lo que está sintiendo y que quiero compartirlo con ella.

Le pregunto sobre su día de trabajo y me confiesa, supongo que sin darse cuenta, que se le ha hecho interminable. O puede que tal vez sí quiera demostrarme que ansiaba este momento.

Toco su mano y puedo percibir su excitación. Me divierte sentirlo y verla tan receptiva. Será una gran noche.

Rápidamente llegamos al aeropuerto. Taylor abre su puerta. La cojo de la mano. Me encanta ver la expresión de su rostro que combina ilusión con intriga.

—¿Preparada? —le pregunto.

Asiente sin decir palabra. ¿Qué pasará por su cabeza?

Nos dirigimos hacia los ascensores. Es inevitable no pensar en lo que sucedió hoy por la mañana. Me excita ese recuerdo. La deseo. Quiero llegar a casa, hablar con ella, follarla.

Anastasia también está pensando en el episodio del ascensor. Se ruboriza.

—Son solo tres plantas —le digo bromeando.

Los pocos segundos que estamos en el ascensor son eléctricos. La tensión sexual se respira en el ambiente.

Al bajar, observo su cara registrando todo lo que ve. Mira el helicóptero, la terraza. Creo que está analizando todo.

En el despacho, Joe me da el plan de vuelo y me indica que todo está listo. Así que, ¡a volar!

Entramos al Charly Tango. Le indico que no toque nada. Creo que está muy sorprendida y que el viaje en helicóptero la tiene un poco asustada.

Me inclino a abrochar su cinturón de seguridad. Me gusta que sienta mi cuerpo cerca y que la excitación vaya subiendo. La voy atando lentamente y empiezo a imaginar cómo será esto cuando ella esté desnuda.

El momento de atar a una sumisa es de doble excitación. Por un lado, ves cómo ella va perdiendo su capacidad de moverse, con lo cual, tu capacidad de poder aumenta. Por el otro, es la parte previa, donde todo está por hacerse, donde sube el deseo. La miro y sonrío. Jamás podría adivinar en qué estoy pensando en este instante.

Termino de atarla y siento su respiración sobre mi pelo. La sujeto lo más fuerte posible.

—Estás segura. No puedes escaparte —le digo—. Respira, Anastasia.

Me encanta este arnés. Se lo digo y me mira extrañada. Le doy un beso en el que apenas rozo sus labios. Y me dispongo a concentrarme y dejar mis fantasías para cuando terminemos el viaje y pueda hacerlas realidad.

Empiezo a comprobar indicadores y demás pasos del protocolo. Le indico a Anastasia que se ponga los cascos.

Le causa gracia escuchar mi voz por los auriculares.

De repente, me pregunta: —¿Sabes lo que haces?

—He sido piloto cuatro años, Anastasia. Estás a salvo conmigo —le digo sonriendo—. Bueno, mientras estemos volando —le aclaro en tono burlón.

Tiene los ojos muy abiertos. Observa todo. Está maravillada.

Me comunico con la torre de control para poder despegar. En cuanto me confirman, despego y comenzamos a elevarnos.

Anastasia observa la ciudad. Yo manejo concentrado.

Cuando todo está en movimiento y estabilizado le pregunto:

—Inquietante, ¿verdad?

—¿Cómo sabes que vas en la dirección correcta?

—Aquí —le señalo con el dedo el indicador con una brújula electrónica—. Es un Eurocopter EC135. Uno de los más seguros. Está equipado para volar de noche. En mi edificio hay un helipuerto. Allí nos dirigimos.

Al volar, y en especial durante la noche, debes prestar demasiada atención, así que mis pensamientos se interrumpen y me concentro pura y exclusivamente en el trabajo que estoy haciendo.

—Cuando vuelas de noche, no ves nada. Tienes que confiar en los aparatos —le aclaro para que esté tranquila y sepa que tenemos los mejores dispositivos.

—¿Cuánto durará el vuelo? —me pregunta ansiosa.

—Menos de una hora… Tenemos el viento a favor.

Siento sus nervios en el aire. Tal vez es porque no está acostumbrada a volar. Le pregunto si está bien y me responde con un monosilábico “sí” que me inquieta. La presiento demasiado tensa. Espero que cuando aterricemos logre distenderse un poco.

—Mira. Aquello es Seattle— le digo porque sé que le gustará saberlo y para que se relaje.

—¿Siempre impresionas así a las mujeres? ¿«Ven a dar una vuelta en mi helicóptero»?

Su pregunta me descoloca. No entiendo qué clase de interés puede tener eso y mucho menos por qué se pone a pensar esto sobre mí. De hecho, le suelto la verdad, para que abra los ojos y deje de pensar tonterías:

—Nunca he subido a una mujer al helicóptero, Anastasia. También esto es una novedad.

Supongo que no esperaría esa respuesta de mi parte. Hace unos días estaba dudando sobre si yo era homosexual y ahora se piensa que me dedico a conquistar mujeres llevándolas a pasear en helicóptero. Es raro cómo puede cambiar la percepción humana tan rápidamente.

—¿Estás impresionada?—le digo solo para ver qué responde a eso.

—Me siento sobrecogida, Christian.

Su respuesta me hace reír. Es inesperada y extraña.

—¿Sobrecogida?

—Lo haces todo… tan bien—me dice ilusionada.

Me gusta que piense eso. Espero que lo siga pensando dentro de unas horas cuando se entere de la verdad.

—Gracias, señorita Steele —me limito a responder por el momento.

Luego, nos quedamos en silencio. Seattle está cada vez más cerca.

La noche está hermosa y sé que Anastasia, a pesar de que pueda sentir algo de temor, está disfrutando de la experiencia. Lo cual me reconforta. Me gusta hacer que se sienta bien.

Me pregunta si me divierte volar y le respondo que sí. Aunque prefiero planear. Exige control y concentración, ¿cómo no iba a encantarme?

Llegaremos en un momento. No sé qué hará cuando se entere de quién soy realmente, cuando le muestre el contrato, cuando vea el cuarto del placer. Desde que la conozco he sentido que puede ser una sumisa, pero su ingenuidad me genera algunas dudas al respecto.

Ya vamos entre los edificios. Estamos cada vez más cerca. Esto es realmente fascinante.

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