Confiesa tus sombras

Ana's Room :) - Cincuenta sombras liberadas - Página 5

  • isobelaisobela agosto 2013
    @Zoicuba, y a tod@s, ahora mismo me es complicado entrar a escribir, voy entrando desde el móvil a leer, en septiembre todo volverá a la normalidad, y nosotr@s con ella, ahora hay que disfrutar de las vacaciones.
    Besos a tod@s.
    Isobela.
  • zoicuba agosto 2013
    Yo es q voy como muy atrasada en todo sera x los años viviendo en mi pais con las manos en los ojos ayer vi la pelicula "Histoire de O" madre mia q facildad tienen algunos de hacer de convencer de manipular a otros para a hagan justo lo q qieren y encima q lo hagan a voluntad...increible ..
  • zoicuba agosto 2013
    @Isobela q disfrutes de las vacaciones...
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    Yo no veo la hora de quedarme de vacaciones :p
  • Brillante2013 agosto 2013
    Hola @zoicuba, yo igual ya vi esa pelicula y pienso como tú, respeto todo lo que le haga féliz a cualquier ser humano siempre sea sensato, sano y consensuado, pero algunas cosas en esa pelicula no son sanas. No se, no soy una autoridad como un médico o un abogado, pero hay cosas qu muy creepys en esa película. Pero cada quién. Será que soy muy vainilla. Pero cuando la marcan con hierro caliente XD.
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    Vaya, ya me está picando el gusanillo con esa película. Tendré que echarle un vistazo. ¿Se llama "Historia de O"? Tampoco leí el libro, aunque algo había oído sobre él. Tendré que leerlo también.
  • Brillante2013 agosto 2013
    @ElPuntoGiu

    Te paso el link en youtube, pero tienes que estar inscrita con una cuenta de gmail, porque es para mayores de edad. Y vela en compañía de tu pareja o sola, porque a lo mejor no es apta para las personas sensibles, como yo. Yo la vi porque me gusta ver todo tipo de Cine, pero personalmente no me gusto. Te paso el link.



    Saludos, desde México
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    Ok. Gracias.
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    Me hizo mucha gracia jajajajajajaja

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  • zoicuba agosto 2013
    @ElPuntoGiu si yo no h leido l libro y puse en google historia de O y sale lo priemero la pelicula en youtube en español la vi desde mi movil y no m prohibio nada es de 1975 pero esta bien aunqe si hicieran ahora una version seria un poco mas fuerte espero...
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    Cuando saque un rato la veré, por curiosidad. Ya os contaré qué me parece ;)
  • zoicuba agosto 2013
    @Brillante hola como esta nuestro mexico???lo q mas m impacto es q ella en su interior estaba decidida era tal el grado de adoracion hacia el q hacia lo q fuese necesario para complacerlo..
    Ahora si soy sincera m gusto y excito mucho la peli tiene partes de morbo o es q yo tengo la mente distorcionada....
  • Brillante2013 agosto 2013
    @zoicuba Si su voluntad por complacer a su primer amo era asombrosa, al grado de hacer todo lo que decían los amos y hasta las esclavas donde la internaron para entrenarla. Luego, como si nada acepta a otro amo que era el tio del primer amo, mucho mayor que ella. Y lo mismo. Lo que me intereso es la naturaleza humana como hay personas que se someten con tanta facilidad. No sé la psique humana es muy compleja.

    No, no tienes la mente distorsionada es simplemente algunas personas nos da morbo unas cosas y a otras personas otras cosas.
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    No, si al final me vais a destripar entera la película jajajajajajaja Es broma. Hoy me da pereza, tal vez la vea mañana o pasado. También me han recomendado Monamour. ¿La habéis visto? Si la respuesta es sí, por favor, no me la contéis jajajajajaja ;)
  • Brillante2013 agosto 2013
    @ElPuntoGiu, Sorry, amiga, pero te conte solo la mitad, el final todavia lo puedes disfrutar. Saludos de México
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    jajajajajaja no pasa nada. Un saludo @Brillante2013
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    Hoy por fin sacaré unos ratitos para ir viendo la peli, que ya estoy intrigada :)
    Veamos...
  • zoicuba agosto 2013
    Hola chic@s @ElPuntoGiu has visto la peli??? Q t ha parecido????yo no h visto Monamour pero dicen q tienes escenas muy eroticas..ya nos diras algo buen finde a tod@s....p
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    @zoicuba, todavía no pude verla entera, sólo los 20 primeros minutos, y de momento me gusta :)
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    @zoicuba, @brillante2013, ya he visto "Historia de O" completa. Me gustó la película, pero no me gustó el personaje de ella. Me pareció demasiado voluble. Se suponía que había empezado por amor a un hombre, y luego resulta que le es indiferente y ama al otro. Y del criado no se enamoró también porque no cuadró. Al final me pareció que más que amar a un hombre, amaba las sensaciones, el ser sumisa. Igual es que yo tengo el concepto equivocado de sumisión y lo único que importa es que ese hombre sea un buen amo para ti, no sé. O puede que sea más romántica de lo que creía y por eso no concibo una relación de entrega así sin amor de por medio, pero es que si hay amor, entonces no me cuadra esa facilidad para aceptar que luego la entreguen a otro hombre. Tal vez en la novela lo expliquen mejor, que suele pasar que las historias pierden la esencia de los libros en la adaptación al cine. Tendré que leerlo a ver.
    La verdad es que a O también la vi demasiado infantil. No sé por qué, yo me imagino a la gente del mundillo más madura mentalmente, y, en cambio, las sumisas con más protagonismo resultan ser a cada cual más infantil. Habrá de todo, como en todas partes, y fijo que algún inmaduro sin dos dedos de frente acaba de sumiso de alguien, pero vamos, que si yo perteneciese al mundillo, me repatearía la imagen que se da de las sumisas en esta película. Y eché de menos que apareciese algún sumiso, porque se daba el caso de una mujer que pertenecía a otra mujer, pero no había ningún hombre que perteneciese a una mujer.
    Y en cuanto al tipo de sumisión al que se somete la protagonista, tengo la impresión de que se da una imagen demasiado extrema, pero bueno, seguro que en casos concretos se da algo parecido en la vida real. Yo me imaginaba que lo de compartir a tu sumiso sería algo ocasional, en el caso de hacerlo, y aquí lo hacían por norma general.
    En fin, aunque no lo parezca, sí que me gustó la película por reflejar una forma de vivir la sexualidad "atípica". Esa variante en sí no es de mi interés personal, pero reconozco que me dio morbo.
    Bueno, entre todas ya hemos destripado la película entera jajajajaja Espero que no quedase nadie por verla.
  • zoicuba agosto 2013
    @ElPuntoGiu cuando ella esta con Sr Estephen la primera vez el se lo dijo q ella disfrutaba estando con los hombres asi q mas q sumisa seria como ninfomana.....aunq h d decir q ella estuvo 4 años en roissi ...tambien cohincido q el libro aclara muchas mas cosas en las pelis x regla se cortan muchas partes q estan n l libro y no lo editan habra q leerse el libro...
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    @zoicuba, cuando oí en la peli que ella llevaba 4 años allí creí haber escuchado mal. Vaya forma de condensar la historia.
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    Siguiendo con el tema de la infidelidad, voy a aprovechar para colgar aquí el relato que estoy escribiendo. Está basado en un sueño que tuve cuando estaba escribiendo "El terapeuta" en fantasías. Según me desperté, me pareció una historia buenísima para plasmarla por escrito, y en ello estoy ahora. Las partes más oníricas del sueño las he moldeado un poco de modo que quede una historia más realista. Además, en el sueño teníamos hijos, pero yo no quiero ser madre así que eso lo he omitido para meterme mejor en el personaje. Espero que os guste.

    La separación (I)

    Aún me faltaba una hora para poder llorar. Incluso aquello tenía que programarlo. No quería mostrar en ningún momento lo dolida que estaba, así que esperaba a que se encontrase en el trabajo o durmiendo. Sabía que el matrimonio no era perfecto, pero de ahí a ese desprecio, esa degradación, esa… esa humillación.

    Él acababa de regresar del trabajo y estaba cenando en la cocina. Yo ya no esperaba por él. De hecho, lo hacía todo sola. Cuanto más sola, mejor. Procuraba evitarlo siempre que podía.

    Decidí llamar a Paula. Hacía tiempo que no quedaba con ella ni con Fer, y la verdad es que tenía mono de bebé. La pequeña Susanita me arrancaría una sonrisa seguro. Fer cogió el teléfono.

    - Dime –sonó bastante seco. Supuse que estarían en la hora del baño o que le tocaría cenar a la peque.
    - Hola, Fer. Llamaba para quedar, que ya hace tiempo que no os veo el pelo, y tengo ganas de achuchar un poco a Susanita. ¿Cuándo os viene bien?
    - Pues… -silencio incómodo- ya te avisaremos. Yo ando liado con el trabajo. Y tengo que dejarte ya, que está la nena protestando.
    - Vale. Ya hablaremos en otro momento entonces. Hasta luego.
    - Hasta luego.

    Me sentía un poco incómoda tras la conversación. No estaba segura de si serían imaginaciones mías o no, pero el caso es que me pareció que me estaba dando largas, y su tono se me había antojado demasiado cortante, como si mi llamada le hubiera molestado inclusive. Empecé a pensar que tal vez hubiese tenido problemas en el trabajo. No sería la primera vez. Aproveché que Álvaro salió de la cocina camino del baño y le pregunté. Después de todo, los amigos originales eran Fer y él.

    - Oye, ¿sabes si le va todo bien en el trabajo a Fer? Acabo de llamarles para quedar y ver a la nena y lo noté muy raro, muy seco.

    La cara de Álvaro era un poema. Había algo. La forma en que se pasó la mano por el pelo, nervioso, y que me evitara la mirada, me indicaba claramente que prefería no contármelo.

    - Pues… No sé… Tal vez… No sé…
    - ¿Qué pasa?

    Me miró fijamente, sopesando si decírmelo.

    - Joder, Álvaro, ¡suéltalo ya!

    No es que discutiésemos a menudo, y, sin embargo, desde que me confesó que quería que nos separásemos porque había conocido a otra, yo había perdido la paciencia de siempre. La verdad es que le levantaba el tono con frecuencia. Él siempre reaccionaba sumisamente a mis pequeños arranques de ira. Me imagino que se sentía culpable. ¡Qué coño! Yo tenía todo el derecho del mundo a estar enfadada.

    - Es que… se lo he contado y… bueno, ya sabes que Fer es amigo mío de toda la vida.
    - ¡Ah!

    Debí de sonar realmente estúpida con ese “¡ah!”. Me pareció tan injusta la situación, que me fui directa a mi cuarto, molesta. Me había convertido en una experta en disimular mis emociones, aunque fuera escondiéndome.

    - Ya que has empezado a contarlo, ¿por qué no se lo dices tú a todo el mundo? –le solté delante de la puerta, girándome dignamente con idea de enfrentarle la mirada de ser necesario.
    - Vale.

    No hizo falta recurrir al socorrido «porque eres tú quien ha iniciado esto». Agachó la cabeza de inmediato. Verlo así removía mi pequeña vena sádica y cruel. A pesar de ello, intentaba ser la misma de siempre, siempre alegre, siempre una buena amiga suya a pesar de todo, porque eso era en lo que nos habíamos convertido con el paso del tiempo durante la tediosa rutina del matrimonio, en colegas que vivían juntos. Fue culpa de los dos dejar que la historia inicial de pasión se marchitara hasta llegar a eso. Nos acomodamos en el carro en vez de tirar de él. Y yo habría seguido a su lado dentro del carro si no me hubiera obligado a salir.

    Cerré la puerta tras de mí y me fui a por el portátil. Quería escuchar música y no pensar, ya que el hecho de que empezara a contarlo significaba que no había marcha atrás. Era como si me negase a afrontarlo de verdad hasta que se hiciese público. Había llegado el momento: me convertiría en su cornuda ex mujer de cara a todo el mundo.

    Me puse los cascos y seleccioné la lista completa de temas que tenía guardada. Tampoco es que sea de escuchar música desde el ordenador, más bien veo en el televisor mi canal de música favorito o escojo algún mix de Youtube si acaso.
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    Dejé que la música fluyera entre mis pensamientos, logrando amortiguarlos. De este modo, conseguí contener las ganas de llorar hasta que percibí que se estaba acostando. En nuestra cama. Yo había sido tan comprensiva que le había cedido el cuarto, aunque él insistió en ser quien se cambiara a la habitación de invitados. Mi sentido común no lo permitió. Era su casa, la cual únicamente había sido mía mientras fuimos pareja, por lo tanto era yo quien debía cambiarse de habitación y quien debía buscarse otro piso. Recordé, pues, que todavía no había dado con un lugar al que escaparme. Entonces el muro de contención se hizo añicos, y mi tristeza, ira, frustración, ansiedad, rodaron juntas mejillas abajo. La cuenta atrás había comenzado. Fin del matrimonio. Peor que eso, encima tocaba repartirse a los amigos. ¿Por qué? Vale que Fer y él se conocían desde siempre, pero Paula, Fer y yo habíamos vivido juntos muy buenos momentos también. ¿Acaso no podían mostrarme su apoyo cuando ÉL terminó con todo? ¡Joder! ¡Que yo era la cornuda de la historia! ¿Por qué me querían castigar a mí con la privación de su compañía? ¿Es que no me había ganado su aprecio en todo ese tiempo? ¿Sólo había sido la mujer de Álvaro? La que lo estaba pasando mal era yo. Me imaginé la escena de Fer y Paula animando a Álvaro por la ruptura del matrimonio. Lo curioso es que no andaba desencaminada. Me sentí muy sola ante aquella situación.

    Por mi parte, no le había dicho nada a nadie. Tenía a los míos lejos. Y, sinceramente, no era algo que me apeteciese contarles. ¿A quién le apetece confesar que su marido la va a dejar por otra? Era tan humillante… Me preguntarían cómo había sucedido todo, si se debía a que el matrimonio iba mal, si no noté nada raro…

    Las cosas no es que fuesen bien, pero tampoco es que nos fuesen mal. Nos compenetrábamos en todo menos en el sexo, que se había convertido en el rescoldo de nuestro amor en vez de la llama. Por lo demás, todo era perfecto.

    Yo siempre había pensado que el sexo en una pareja era muy pero que muy importante; si no lo cuidamos fue sencillamente porque nuestros trabajos nos absorbían la mayor parte del tiempo, y al llegar a casa preferíamos descansar en mutua compañía que gastar energías sorprendiendo al otro. Lo dejamos en lo más básico. Eso, a la larga, nos pasó factura. Luego él llegó un día con el cuento de que había conocido a alguien y que quería el divorcio. Tal cual. Sin más. Él sabía perfectamente que yo jamás toleraría ni perdonaría semejante falta de respeto, y aún así afirmó tan campante haberme sido infiel. No me lo podía creer. Me dejó helada.

    ¿Notarlo? No, no lo vi venir. Le veía raro, nada más. A decir verdad, se mostraba más curioso por mis inquietudes sexuales, preguntándome si no me gustaría tener tal o cual cosa, probar esto y aquello… A mí nada me parecía mal, pero tampoco es que me apeteciese en aquellos momentos, con lo que mis respuestas eran «tal vez más adelante» o «ahora no». Y él no me demostró que tuviese una necesidad imperiosa de probar cosas nuevas, más bien me pareció que era un simple tanteo por si cuadraba la cosa. Por eso me dolió especialmente que no hubiese sido más claro con que quería avivar la llama. Creí que él se había amoldado a la monotonía, como yo.

    Reviviendo la traición, su falta de confianza en mí, esa asquerosa cobardía que le llevó a no hablar claramente, permitiendo que todo se fuese al garete, cayó mi última lágrima. Me prometí a mí misma que no habría más. En el fondo, antes me sentía culpable, como si no hubiese hecho todo lo posible, pero analizando lo que hizo él, comprendí que no había lugar para el remordimiento. Yo no había hecho nada malo. Conmigo se puede hablar de todo con respeto, y si no veo la razón en la otra parte, con respeto lo digo, y si la tienen, con respeto lo asumo e intento mejorar. Si él no hizo uso de esa cualidad mía, yo no me podía culpar por ello.

    Estuve tentada de cargar contra él, su amante y sus amigos con el don que dios me ha dado: la palabra. Con el tiempo y la frialdad suficientes, soy capaz de plantear argumentos difícilmente rebatibles, de esos que le hacen quedar a una como una señora y a los demás a la altura del betún, y eso sí, sin un solo insulto ni palabra fuera de lugar. No lo hice porque opté por la cordialidad. Siempre opto por evitar tensiones innecesarias. ¿De qué me serviría decirles cómo y por qué no se habían portado correctamente? Únicamente lograría que se enfadaran y que nos lleváramos mal. Como dijo una vez un jefe mío, cuanto más tranquila, rotunda y efectivamente le quites la razón a alguien, más se molestará.

    A esas alturas, sólo me quedaba una opción: rehacer mi vida sin perder ni un solo instante más.

    Ya que no hay marcha atrás, a caminar hacia adelante se ha dicho.

    (Continuará)
  • isobelaisobela agosto 2013
    Buenas noches a tod@s, ya en casa.
    @Elpuntogiu esta historia lo pusiste en otra habitación? es que yo la he leído.
    Me gusta, lo que pasa es que creo que no leí el final, sigue por favor
    Un abrazo a tod@s.
  • zoicuba agosto 2013
    @ElPuntoGiu espero mas la historia muy bien describe con exactitud lo q nos preguntamos cuando estamos en ese tipo de encrucijada...
    Bienvenida @Isobela...
  • purpleglobepurpleglobe agosto 2013
    Muy buen comienzo Giu, muy realista, muy bien escrito desde la primera persona, pero cuidado con poner tanto tuyo en los personajes protagonistas, corres el riesgo de q todos se parezcan demasiado en tus relatos. Es una historia q puede tomar caminos muy diversos, se q me sorprenderas. Un beso, y ya ves q sigo por aqui, pero las vacaciones no me dejan pensar demasiado, ando muy relajada, ajajja
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    @isobela, esta historia la tengo en el blog desde hace días ;)
    Allí tengo otros dos capítulos más (aquí los iré administrando para poder colgar un tramo cada cierto tiempo mientras continúo la historia). El final todavía no lo tengo. Soy de ir poco a poco, y bueno, soy bastante inconstante, la verdad. Si vierais la cantidad de historias que tengo empezadas... Pero esta le terminaré seguro, que no me cuesta nada ir soltándola, me fluye sola. La historia del terapeuta me apetece mucho terminarla también, lo que pasa que, al contrario que con esta, no tengo claros los detalles y... bueno... se me quedó un poco atragantada la historia. En cambio, en este caso en concreto conozco desde el principio el meollo de la cuestión (por eso me gustó tanto el sueño), por lo que no se trata de inventar sobre la marcha, que siempre cuesta más. Lo único que me queda por decidir es la respuesta final, pero eso ya lo veré cuando se acerque el momento.
    @zoicuba, gracias. Yo nunca he pasado por una situación así (supongo que el sueño no cuenta) así que me alegra ver que soy realista transmitiendo esas sensaciones. Tuve que tirar de otras parecidas y supongo que por eso me está quedando natural (espero).
    @purpleglobe, lo de escribir en primera persona como la protagonista es sólo una fase transitoria (me pasa desde que estoy en el foro, antes era más de escribir como narradora omnisciente o en tercera persona). En cuanto a la literatura erótica, no me preocupa que mis protagonistas tengan mucho de mí y que se parezcan porque creo que así hago la historia más realista, pero cuando toco la fantasía (mi género fetiche para escribir, aunque, curiosamente, el que más me cuesta sacar) nunca lo hago en primera persona. Algún día subiré al blog alguna de las otras historias para que veas la diferencia.
  • NadieNadie agosto 2013
    Tras la cena la llevé en mi coche a la parada del autobús. La velada con los otros compañeros había resultado, como siempre y cuanto menos, agradable. Es una suerte tener en el trabajo gente con la que conectas y compartes las vicisitudes cotidianas derivadas del propio trabajo en una armonía difícil de conseguir en estos tiempo que corren.

    A. es una mujer madura, sensual, dulce y con sentido del humor. Esto último la hace, hasta cierto punto, apetecible toda vez que el humor es un gen masculino que extrañamos tanto en las féminas. Desde que la conocí, la conexión fue casi inmediata. Sus ojos verdes son tan transparentes que denotan que es una persona en la que puedes confiar. Es más, podría ser hasta una magnífica compañera de viaje si la vida no hubiera sido tan sarcástica con uno.

    Lo cierto es que A había tenido una confusión cuando consultó el horario de autobuses en uno de esos folletos minúsculos, que, cual laberinto endemoniado, contienen la programación de itinerarios de los autocares. Y el problema era que el último había salido hacía media hora.

    -No te preocupes, A, te llevo yo –le dije.

    Habíamos cenado en un pueblo costero donde veranean algunos de los compis de trabajo. De allí a la capital, donde A vive, hay como unos 25 ó 30 kilómetros.

    -No te voy a dejar aquí tirada en medio de la noche. Soy todo un caballo, digo, caballero.
    -Jajajajaja, siempre sacándole punta a todo, ¿no?
    -Si no fuera por el sentido del humor, estaría muerto. Creo que ya te lo he dicho en más de una ocasión.

    Así las cosas, enfilamos ruta en dirección a la capital. Durante el viaje hablamos de cosas banales como siempre. Yo, con mi habitual y cansina costumbre de hacer gracias de cada frase, de cada palabra. A A parece que le gusta. Creo que no finge cuando se ríe de alguna de mis paridas.

    Nos plantamos en la puerta de su piso. Paré en mitad de la calle, pero había sitio para aparcar.

    -Hay hueco. Puedes aparcar. ¿Te apetece ver mi choza?
    -Es un poco tarde ya. Quizás en otra ocasión.
    -Sube. Te haré un café. Tus ojos delatan sueño y no me perdonaría que te ocurriera nada en el viaje de regreso a casa. Venga, aparca.

    Dudé, pero no quería ser descortés y dejé el coche donde me dijo.

    -Solo cinco minutos. ¿Vale?

    Subimos las escaleras, pues el piso es un edificio algo antiguo y sin ascensor. A iba delante y yo la seguía. Tiene un tipo estupendo. Un figura esbelta y un trasero proporcionado que culmina en unas maravillosas caderas que hacen de A una mujer altamente femenina. Decidió quedarse soltera. Tal vez porque sea de las mujeres juiciosas que piensan que ningún gilipollas merece joderle la vida. En cualquier caso, esa decisión suya denota una inteligencia muy superior a la media.

    El piso era agradable. Está amueblado de forma austera pero acogedora. Me hizo pasar al salón y me pidió que me sentara en el sofá mientras ella iba a la cocina a preparar el café.

    -Tome usted, caballo, digo caballero, su café –me devolvió la infortunada gracia que minutos antes había hecho yo.
    -Mejor, soy proyecto de caballero. Tengo la cola –me señalé mi coleta-. Me falta el caballo -añadí.
    -Jajajajaja, no tienes remedio. A todo le sacas punta.

    Eso es lo que me gusta de A, que me sigue el juego del humor, sobre todo del humor blanco. Hace como yo hago, nunca una doble intención pícara, nunca un guiño al asqueroso, huero y despreciable humor verde.

    -¿Amargo?
    -Un poco. Ya sabes: soy un tipo huraño
    -Me refería al café, tonto.
    -Sí, el café, como yo, amargo. ¿Sabes?, dicen que el café simboliza el sexo.

    Me arrepentí al momento del comentario tan desafortunado e intenté virar hacia otro tema.

    -Me pondré más azúcar.
    -Es que no te he puesto.
    -Jajajajaja, lo había dado por supuesto.
    -¿Qué no te había echado azúcar? Jajajaja.
    - No, que me habías puesto, jajajajaja. Ahora eres tú la que sacas punta, jajajajaja.

    Había visto un cuadro en la pared que representaba una especie de “locus amoenus” y, refiriéndome a él, dije:

    -Me gustaría pastar ahí.
    -Mira que eres burro. ¡Qué ocurrencias tienes!
    -¿Ves? Me das la razón. Un burro pasta.
    -Nada, que a todo le sacas punta
    -A todo, sí, menos a mí mismo. De mí no consigo sacar punta.
    -¿Lo ves? Eres incorregible.
    -Nada que no se pueda arreglar con tippex
    -Jajajajajaja, los empalmas.
    -Soy experto en empalmes.

    “Tonto, más que tonto”, pensé de mí mismo. El segundo comentario desafortunado en apenas un minuto. De modo que hábilmente dije:

    -Me refiero a que he instalado el goteo en todos los árboles del campo y ahí hay que hacer empalmes por un tubo. Nunca mejor dicho, jajajaja.

    -¡Qué lastima!

    Me dejó helado. A nunca había hecho concesión alguna a toques de humor picarón. Me sorprendió. Pero aún más al añadir:

    -Antes, cuando has dicho lo del café…

    Dudó y su cara angelical dibujó un semblante de cierta lascivia o al menos así me lo pareció a mí.

    -Sí, el café. Es una necesidad diaria para el hombre
    -¿Sí? ¿Por…?
    -¿Qué? ¿Quieres decir que por qué es una necesidad para los hombres? Porque “hay café itarse” puesto que, si no, con la barba pinchas
    -Jajaja, no tienes remedio.

    Y a continuación espetó:

    -No, te decía que para ti el sexo es algo amargo, ¿no? Lo digo porque es así como lo percibes. El café, aclaro, el café.
    -No te equivocas, A, no te equivocas. Mi vida… es… Mejor hablemos del origen del universo.
    -¿No quieres hablar de ti? ¿De qué tienes miedo?
    -De nada
    -¿De mí? ¿me tienes miedo?
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    @Nadie, me está gustando mucho tu relato. Tengo ganas ya de leer el siguiente trozo. Escribes muy bien.
  • NadieNadie agosto 2013
    Se había sentado junto a mí en el sofá. Y ahora se había aproximado mucho más y sus preciosos ojos verdes se habían clavado en mí. Y su boca, y sus carnosos labios matizaban, palpaban, moldeaban las palabras que me estaba susurrando casi. Llevaba un escote moderado pero que dejaba ver buena parte de sus generosos pechos. Ahora parecían dos corazones gemelos porque su respirar se había intensificado.

    -Di, ¿te doy miedo?.

    Y volvió a aproximarse un poco más.

    -No. Todo lo contrario. Eres una de las personas que más seguridad me da. He vuelto a creer algo en mí gracias a tu apoyo. Eres una…

    En ese momento me besó en los labios y de modo anhelante introdujo su lengua en mi boca, que ávidamente buscaba la mía. Y se encontraron ambas y, cual dos almas gemelas, comenzaron a enroscarse la una con la otra. No puede evitar el imán de sus pechos para mis manos, que moldeaban su dibujo. Generosas prominencias, benditas, deseables, excitantes.

    Se levantó. Me cogió de la mano y me invitó a seguirla. Nos fuimos a su dormitorio. Para mi sorpresa su cama era de matrimonio. Amplia, muy amplia. Nos dejamos caer en ella. Nos abrazamos mientras nos consumíamos a besos. Estuvimos así un largo rato hasta que nos incorporamos. Entonces la fui desnudando. Le desabroché, con toda la delicadeza que recordaba, los botones de su blusa. La dejé caer por su espalda. Después llevé mis manos a su espalda y solté su sujetador y quedaron al aire aquellas dos preciosas rosas de mujer que sus senos eran. Comencé a besarlos muy suavemente, como si fueran etéreos seres. Luego, empecé a succionar sus pezones que erectaron. A comenzó a clavar sus uñas en mi espalda por encima de mi camiseta. Su respiración se había acelerado y casi se había convertido en un jadeo.

    Deslicé mis manos en busca de sus inmensas caderas. Solté el cierre de su falda y esta se deslizó hasta sus tobillos. Estaba prácticamente desnuda ante mí y yo aún me hallaba vestido. A pareció adivinarlo pues me sacó con delicadeza mi camiseta y me desabrochó el cinturón y el pantalón, que cayó al suelo como instantes antes había ocurrido con su falda. Mi bóxer no podía ocultar mi erección y sentí pudor pese al estado en el que me hallaba. Notaba cómo latía mi corazón dentro de mi pecho. Parecía un caballo desbocado. Tenía esa sensación tan extraña e inquietante pues a la par que es placentera temes que ese órgano vital no pueda resistir tamaña presión y se colapse y muera ahogado en su propia sangre.

    Bajé mi vista debido a la timidez y observé sus braguitas que cubrían su centro de placer. Llevé mis manos a su trasero, ambas cubrían ávidamente sus nalgas. Después suavemente deslicé mis dedos hacia el borde de sus braguitas. Los introduje por dentro de las mismas y delicadamente hice bajar esa prenda íntima. A se dejó caer sobre la cama. Yo hice lo propio y cubrí con mi cuerpo el suyo. Nos volvimos a fundir en un cálido y húmedo beso. Nuestras lenguas volvían a jugar con el frenesí de antes. Nos besábamos y besábamos en una danza lingual infinita. Luego, inicié una incursión por su cuerpo. Descendí por su cuello lamiéndolo. Aún quedaban restos del perfume que se pusiera por la tarde. Me embriagaba y me excitaba a un tiempo. Después volví a besar sus tersos pechos. Mordisqueé cuidadosamente sus pezones. Me dediqué a lamerlos en círculos. A continuación apliqué mi lengua en la parte baja de sus senos, zona sensible por excelencia y continué mi viaje hasta su vientre. Lo besé, lo besé, lo besé. Al fin llegué a su monte de venus. Con mis labios lo fui recorriendo. Se enredaban en su bello púbico. Introduje mi lengua en su hendidura que desprendía un sabor salado pero agradable, un sabor a mujer, a hembra en celo excitadísima. Iba de su clítoris a la boca de su vagina. Jugueteaba con sus labios, que los absorbía con toda la delicadeza de que era capaz. Sentía cómo se derramaba y se abandonaba al placer del éxtasis, pues mis manos que acariciaban su trasero, ora amasándolo ora simplemente posándose sobre su superficie intentando emular a un guante, notaron cómo la piel de esa zona se le había erizado, probablemente debido al efecto del intenso orgasmo al que arribado había. Jadeaba, jadeaba, hasta soltar como una suerte de quejido doloroso, un ahhhh infinito. Se curvó, se tensó y explotó.

    Para entonces mi entrepierna estaba más que abultada y húmeda. Me quitó con vehemencia los bóxer y se introdujo mi miembro en su boca. Lo succionaba con tal ímpetu que creí que por ese punto de mi cuerpo me iba a desvanecer o, mejor aún, iba a ser absorbido por aquella fabulosa hembra y, consecuentemente, introducirme así en su interior para pasar a ser parte de ella, en una suerte de voraz paraíso femenino. Entonces comprendí el placer insano del macho mantis. Amor y muerte; alfa y omega; agua y fuego. La eternidad en un segundo cabe. Qué placer. Luego pasó su lengua a ser la tortura placentera de mi glande pues la fruición de sus giros provocaba un deleite cercano al éxtasis. Creo que intuía mi inminente orgasmo y que este podía dar al traste con todo y paraba, besaba mi escroto, mi pubis y volvía a introducirse mi centro de placer en la calidez húmeda de su boca. Hasta que decidió situarse encima de mí. Cogió mi miembro con su mano, lo situó adecuadamente en su entrepierna y se dejó caer de modo que la penetré irremediablemente. Ella marcó el ritmo. Primero, suavemente mientras me decía que desde que me conoció había imaginado un momento así conmigo, que me deseaba y que tal vez, solo tal vez podría ser el hombre con quien compartir su vida porque vislumbraba en mí cualidades bien diferentes al común de varones. Después se abandonó al jadeo constante. Paulatinamente fue acelerando sus movimiento de cadera, esa cadera de diosa, de mujer, de hembra en el sentido más primario del término. Hasta que irremediable tuvo otro orgasmo y luego otro y otro.

    De siempre adolecí de tardar demasiado en llegar. En ocasiones no he conseguido procurarme el clímax. La erección cada vez más intensa, pero paradójicamente llega a insensibilizar mi miembro hasta el punto de no poder lograr el orgasmo. Pero no era está la ocasión. Sabía que podría llegar en cuando esa diosa me lo pidiera o mejor, me lo ordenara. Y en su último orgasmo así me lo demandó.

    -Llega conmigo, mi amor. Llega conmigo.

    Y así sucedió. Me vacié en ella y apagué su furor al mismo tiempo. Y así derrengados, dentro de ella aún, permanecimos unos instantes, instantes inciertos pues no sabes si formas parte de otro ser distinto a ti o con este formas un ser que es más que la unión entre un hombre y una mujer. Después, se dejó caer a mi lado y nos dormimos.

    ………………………….

    Todo había sido fruto de mi imaginación. Es lo que había imaginado en el coche de vuelta a casa. Había imaginado lo que había dicho A ante aquellas palabras mías:

    -No te equivocas, A, no te equivocas. Mi vida… es… Mejor hablemos del origen del universo.
    -Prefiero que sigas con tus paridas. Me haces reír y mucho y la risa dicen que es salud mental
    -Pues entonces tú debes de estar muy sana... mentalmente, jajajajaja.

    Se estaba haciendo tarde, apuré de un trago el café y le dije:

    -Me marcho ya. Gracias por el café y por tu compañía. El día tres nos vemos ya en el trabajo.
    -Gracias a ti por subir.

    Me acompañó a la puerta y como siempre hace, me dio ese par de besos calidísimos en las mejillas, esos besos sentidos y tan íntimos pues posa sus labios sobre la piel de cada una de mis mejillas, lo que me hace sentirlos tan reales y auténticos, nada fingidos.

    Después, en el coche me dio por pensar en lo que habría podido ocurrir si la conversación hubiera ido por otros derroteros y con otra intención. Y sin comprender muy bien por qué me había enfrascado en imaginar todo un encuentro sexual con A. Lo más curioso es que sigo sin comprender por qué imaginé aquello.
  • NadieNadie agosto 2013
    Me alegro de que te guste ElPuntoGiu.
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    @Nadie, he leído la continuación también. Así me gusta, que tengas en cuenta que quiero seguir leyendo jajajajajajaja Muy buena, me ha gustado mucho. Incluso reconozco que me ha dado pena que terminase tan pronto la historia.
  • NadieNadie agosto 2013
    Pues la verdad es que he hecho un esfuerzo por acabar la historia porque sabía que querías leer la continuación.
    Ya siento que te haya dado pena la brevedad de la misma. Pero Gracián decía "lo bueno si breve dos veces bueno". No quiero decir yo que mi relato sea bueno, por ello podríamos decir que lo malo cuanto más breve mejor.

    Un saludo.

    PD: Ahora te toca a ti continuar con tu historia, que intrigad@s, me aventuro a decir, nos tienes. Al menos a mí me tienes intrigado.
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    @Nadie, tu relato es bueno. Ahora estaba releyendo el trozo nuevo que escribí del mío, y me ha pasado eso de que lo de los demás nos parece mejor que lo nuestro. Mañana a última hora de la noche colgaré el siguiente trozo de la historia. Ya que tú te has animado a seguir moviendo esta habitación con la parte de los relatos, vamos a dosificar para que haya algo que leer de vez en cuando :)
    Un saludo.
    P.D.: me alegro de que estés intrigado
  • isobelaisobela agosto 2013
    @Nadie, me alegro volver a leer algo tuyo, y que aun sigas por aquí.
    Me ha gustado mucho, sabes expresarte muy bien y describes la situación con muchos detalles, y el dialogo............ jajaja siempre en tu línea, sacándole punta a todo.
    Espero que en tu realidad, algún día, te atrevas a llevar a la practica, tus fantasías...........
    Un abrazo.
  • isobelaisobela agosto 2013
    @ElPuntoGiu, espero que sigas con el relato, la verdad es que lo ley en tu blog.
    Los relatos a veces me gustan que no sean muy largos, con muchos episodios, pues si en algún periodo de tiempo no entras por circunstancias de la vida, a veces me pierdo en las continuaciones. jajjajaj
    Bueno sigue con el relato, esta muy interesante y sabes que me encanta como escribes.
    Un saludo.
  • NadieNadie agosto 2013
    Isobela, me alegra que te haya gustado.

    Otro abrazo para ti.
  • purpleglobepurpleglobe agosto 2013
    Estimado @Nadie, me ha gustado mucho, me has hecho ser consciente de lo q deben sentir mis amigos cuando leen algo mío, q me dicen q me ven por todos lados, eso mismo me ha pasado a mi contigo, me ha gustado verte y encontrarte en cada parte del diálogo, me encanta la pulcritud y la corrección con la que escribes, y yo le doy la razón a Gracián, lo bueno si breve dos veces bueno, y esto tuyo ha sido muy bueno.
    Gracias por sacarme del error al pensar q te costaba describir una escena de sexo
    No te imaginas lo q me gusta volver a leerte aquí.
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    Gracias @isobela. Viendo por dónde voy ya en el relato, no creo que tenga que alargarlo demasiado ;)
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    El asunto estaba decidido. Miraría única y exclusivamente por mí. Entonces llegó, como un gran jarro de agua fría en el momento menos oportuno: “I put a spell on you”, de Nina Simone. Empezó a sonar en mi portátil. Nuestra canción.

    Recordé aquella tarde. Fue al principio de nuestra relación. Llevábamos poco tiempo conviviendo juntos, y ambos nos mostrábamos bastante temperamentales. Yo intentaba dulcificarlo, y él se empeñaba en amargarme. Parecíamos condenados a no encontrar un punto intermedio de equilibrio. Hasta que él dio con la forma de demostrarme que, me dijera lo que me dijera, me quería. Fue con aquella canción.

    Habíamos roto. Bueno, yo había roto con él. Me había cansado de que me soltara comentarios fuera de lugar que indicaban de un modo u otro desconfianza hacia mí. Si volvía de mal humor del trabajo y yo le iba con una broma, le buscaba una interpretación negativa que poder echarme en cara a continuación. Hasta que me harté de su actitud cuando, una vez más, representó el papel de mártir en público, delante de sus amigos. Yo me negué a seguir siendo la mala, la que no lo trataba como se merecía. Le dije que me pasaría al día siguiente a recoger mis cosas, y me fui a dormir a un hotel. Cuando regresé al piso durante su horario de trabajo, me encontré con que había pedido el día libre y me estaba esperando. Nada más cerrar la puerta de entrada, él encendió el reproductor de CD. Empezaron a sonar las primeras notas de esta canción que yo apenas había escuchado antes. Entré en el salón, sorprendida por la música, y me lo encontré allí, mirándome fijamente, muy… ¿asustado? No dijo nada en todo el tiempo que sonó la melodía, simplemente se acercó a mí, despacio. Yo me quedé inmóvil, expectante. Esperaba que él dijera algo. Comprendí que ya lo estaba haciendo, y escuché detenidamente la letra de la canción. Llegó hasta mí y cogió mi cara entre sus manos. Me acariciaba las mejillas dulcemente con sus pulgares. Cuando terminó la canción, al fin habló.

    - Eres la mujer de mi vida. Por favor, no te vayas.

    No podía responder a aquellas palabras. Una lágrima se deslizó por una de mis mejillas, y él la limpió con su pulgar, besándome a continuación. Fue el beso más dulce que me había dado nunca.

    - Te quiero –continuó-. Tienes que entenderlo. Por favor, sé que a veces meto la pata. Ignórame cuando estoy así, o, si quieres, hazme una señal para que sepa que te estoy molestando de veras, y te juro que pararé. Será como una palabra de seguridad para mantener a salvo nuestra relación.
    - Yo…

    Seguía sin poder articular palabra. Antes lo tenía claro, pensaba que aquel era el fin de lo nuestro. Yo sabía que no iba a consentirle más faltas de respeto ni más desconfianzas, y menos en público, pero él me estaba haciendo dudar. Me pareció que tal vez era posible alcanzar ese término medio.

    Estaba en un mar de dudas cuando él hizo justamente lo que tenía que hacer: ayudarme a dejar de pensar, a dejar de dudar.

    Me cogió en volandas y me llevó a la cama. Me tiró sobre ella y se tumbó sobre mí, dejando de lado la delicadeza con la que me había tratado previamente. Me besó y usó sus manos para aferrarse a mi cuerpo con pasión, con necesidad de mí. Su miembro empezaba a clavarse sobre mi sexo, a punto de desgarrar la ropa y el enfado que nos separaba. Yo le respondía con las mismas ansias. Le quería más que a nadie que hubiese conocido antes. Empezaba a comprender que, si no estaba ya enamorada, me faltaría muy poco para saber por fin lo que se sentía al estarlo.

    Nos urgía tanto unirnos físicamente que no nos molestamos en desnudarnos. Él coló su mano bajo mi vestido y retiró mis bragas lo justo para que su polla pudiese acceder a mi vagina. Se desabrochó los pantalones rápidamente y me penetró con fuerza. Gritamos al unísono. Después de aquello, nada podría separarnos. O eso creía yo.

    No hubo preliminares, ni nos preocupamos el uno por el placer del otro. Aquello, en realidad, no era cosa de dos; era una forma egoísta de dar rienda suelta a nuestros deseos: yo quería que él se corriera dentro de mí y él quería sentirme mientras me corría. Bendito egoísmo el nuestro.

    De repente, se apartó. La visión de su pene erecto, mojado de arriba a abajo por mis fluidos, me tenía hechizada. Yo no podía apartar mi mirada, y mientras tanto, él me iba quitando la ropa, si es que se le puede llamar “quitar”. Primero me retiró las bragas, que era lo que más nos estorbaba. Acto seguido, desgarró mi vestido por la mitad, sin contemplaciones, y le dio un fuerte tirón a los tirantes y las copas del sujetador para que este quedase a medio camino del ombligo, dejándome los pechos al aire. Por su parte, se quitó la camiseta y se bajó más los pantalones. Entonces volvió a metérmela.

    Sus embestidas eran duras por la desesperación por poseerme, y mis músculos se iban contrayendo en torno a su verga por la desesperación por retenerle. Yo me acercaba al orgasmo, así que decidí apretar un poquito más voluntariamente, intentando saborear cada centímetro de su ser que estaba dentro de mí. Él sabía que me faltaba poco. Podía leer mi placer en cada poro de mi piel. En eso, yo no podía engañarle. Ser consciente de ello le excitaba todavía más, porque ver mi placer lo convertía en algo solamente suyo.

    Llevó una de sus manos a mi cuello, sujetándome por la mandíbula. Yo levanté el mentón y le sujeté por el antebrazo. Él sabía que no me gustaba que me cogiera así. Sin embargo, estaba enfadado porque había estado a punto de perderme, y aquella era su forma de recordarme que no estaba dispuesto a soltarme.

    - Córrete para mí –me susurró al oído-. Vamos, nena. Eres mía. –Una especie de microcontracciones de mis músculos vaginales anunciaron que la gran ola estaba a punto de llegar-. Eres mía…

    Me corrí salvajemente, y, acto seguido, se corrió él mientras mi orgasmo aún no se había calmado, reactivándolo y alargándolo un poco más. Me soltó y apoyó sus manos a cada lado de mi cabeza para incorporarse ligeramente sobre mí sin salir de mi interior, arqueando la espalda levemente hacia atrás y levantando la cabeza hacia el cielo. De esta forma, me embistió tres veces más, más duro, más adentro. Yo le rodeé con piernas y brazos y llevé mi pelvis en su busca para ayudarlo. Gritamos juntos cada una de las tres veces.

    Después, me quedé totalmente inmóvil sobre la cama, completamente laxa. Él me miró fijamente a los ojos unos segundos y luego salió de mí, quedándose arrodillado. Me estaba contemplando. Y yo me dejaba contemplar.

    Cuando me estaba mirando el sexo, hice un poco de fuerza para que saliera la mezcla de nuestros fluidos. En ese momento fue en busca de mis ojos, encontrándose con una sonrisa en mi cara que me devolvió de inmediato. Volvió a tumbarse sobre mí y me besó. Nos deleitamos con nuestros besos como si llevásemos años sin vernos por alguna absurda imposición externa ajena a nuestra voluntad. Después de un rato, le tiré del pelo a fin de que se apartara. Me miró extrañado.

    - Eres mío –le dije.

    Lo miré profundamente al decirle aquellas palabras. Quería que le quedase claro que iba en serio.

    - Si tú eres mía y yo soy tuyo… ¿somos nuestros?

    Me sonrió alegremente. Me hizo reír.

    - Sí, somos nuestros –le respondí.
    - ¿Usamos eso como palabras de seguridad? ¿Somos nuestros?
    - Vale.

    Aquel día quedó atrás hace mucho. Me quité los cascos. Ya había empezado a sonar la siguiente melodía.

    «Somos nuestros», pensé. Quería decírselo; quería gritarlo. Pero no lo hice. Ya no había palabras de seguridad que sirviesen.

    Apagué el portátil y luego la luz. Me acosté con una lágrima a punto de rebosar.
    «Ni una más», me recordé.

    «Somos nuestros»… Era él quien debería haber dicho aquellas palabras, no yo.

    (Continuará).
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    Voy a poner la canción subtitulada en español en la habitación de "Música para los oídos II"
  • zoicuba agosto 2013
    @ElPuntoGiu eso no vale....crei q terminarias el relato hoy m tienes intrigada,espero mas....pronto????
    @Nadie q bueno q estes x aqi y deleitandonos con tus escritos...nos transportas y haces q vivamos el momento,al principio crei q era como la pelicula "la vida de pi" hasta q lei el final ...
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    @zoicuba, no no, para terminar todavía me queda. Tengo escritos dos trozos más y aún no la he terminado, pero le queda poco. Enseguida subiré el tercer trozo. Es que estoy dosificando para que me dé tiempo a ir escribiendo, que soy muy lenta (lo de lenta lo uso como sinónimo de vaga) :p
  • zoicuba agosto 2013
    Una historia real...

    Llegamos al super
    el en un pasillo yo en otro
    Me acerco y le susurro:

    Se le descuelga la mandibula abre mucho los ojos ....y alguna cosa mas
    Doy media vuelta y sigo comprando...
    Ya en casa,bajamos las bolsas el entra el ultimo y frena al verme en el medio del salon dejando caer mis pantalones cortos ysalir de ellos,de mi boca una palabra:
    AHORA....
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu agosto 2013
    Muy bien, @zoicuba, muuuuy bien ;)
  • isobelaisobela agosto 2013
    @Zoicuba, eso es una realidad, no hacen falta mas detalles, cada cual que imagine lo que quiera..............jajaja.
    muy bien.
  • zoicuba agosto 2013
    Siiii fue una realidad pasa muy pocas veces,la cria con mi suegra y dije hay q aprobechar jijijijiji..estaba como el viejo del chiste ¡¡¡¡HOY TOCA!!!con la cria en casa es muy dificil q cuando uno qiere pueda ser en ese momento...en fin q lo disfrute muchoo pero q os cuento....jajaja
    Gracias chicas besos....buen finde
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu septiembre 2013
    LA SEPARACIÓN (III)

    Al día siguiente se fue a trabajar, como siempre. A mí aquella sorpresita me había pillado de vacaciones. Muy considerado por su parte. Al menos no tenía que cruzármelo en el baño o en la cocina cada mañana. Me limitaba a esperar a que saliera por la puerta antes de levantarme.

    En mi vida habría pensado que podría llegar a echar tantísimo de menos a mis amigos y a mis sobrinos. Me había costado mucho dar el paso de abandonar mi ciudad natal e irme a vivir con él tan lejos; no se puede decir que me resultase fácil, aunque Álvaro me arropó como nunca nadie lo había hecho y me ayudó a sobrellevarlo. En cierto modo, la alegría de estar junto al supuesto amor de mi vida ocultó la tristeza de lo que había dejado atrás. Hasta entonces. De repente me había quedado sin manta que tapara ese enorme vacío.

    Desgraciadamente, no soy adivina. Además, sabía que si no me hubiese lanzado, me habría arrepentido de por vida por eso de “lo que podría haber sido”. Se trataba de empezar a vivir juntos o cortar de raíz; fue muy complicado tomar una decisión. Cuando nos conocimos, éramos demasiado mayorcitos como para alargar indefinidamente nuestra relación platónica a distancia. En cualquier caso, la lejanía sólo es llevadera si no queda más remedio, y mis ataduras a mi antiguo hogar eran prácticamente psicológicas, dado que mi primer trabajo, por las circunstancias, no contaba como impedimento. Por tanto, no había razón alguna que no me permitiese dar ese gran paso en cuanto lo tuvimos claro. Llegó un punto en el que tocaba demostrarnos que estábamos dispuestos a luchar por aquella relación, y lo hicimos: yo lo dejé todo por amor y él, a cambio, me amó.

    En aquel momento, me habría marchado de vuelta por el mismo camino por el que había llegado de no haber sido porque mi nuevo trabajo sí suponía una atadura que no me convenía ni quería soltar. Me tocaba pasarlo mal sin mi gente cerca. Y estaba visto que con los amigos comunes no podía contar.

    Tras malgastar media mañana frente al televisor compadeciéndome de mí misma, volví a buscar un apartamento de alquiler en internet. Era viernes, y el lunes él se quedaría oficialmente de vacaciones también, lo que significaba que, en realidad, ese era su último día de trabajo. “Antes de” habíamos logrado organizarnos de modo que coincidiríamos en la segunda quincena del mes. La idea era marcharnos a alguna parte. Por suerte, no habíamos reservado ningún viaje ni nada. Pensaba que, si lo hubiésemos hecho, le habría obligado a que la otra me pagara mi parte. Así podrían haberse largado juntitos y yo me habría quedado sola preparando mi salida de aquella casa. Bien mirado, me pareció una putada eso de tener que aguantarlo todo el tiempo pululando por allí. Yo creía que aprovecharía la confesión para pasar más tiempo con ella sin necesidad de disimular, pero llegué a la conclusión de que era una mujer muy ocupada, puesto que apenas pasaban juntos dos o tres tardes a la semana. El resto del tiempo talmente parecía que él no tenía nada mejor que hacer que cruzarse en mi camino.

    Decidí que el lunes visitaría las agencias de la zona también. Así tendría un motivo para pasar más tiempo fuera de esa jaula, lejos de su presencia. Y para el fin de semana ya me había buscado una excusa: iba a salir de juerga yo solita. Empezando por aquella misma noche.
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu septiembre 2013
    Se me pasó el tiempo volando entre fotos de apartamentos. Al final di con uno realmente interesante y a buen precio. Pedí cita para verlo en persona el lunes. Aquella tontería me puso de buen humor. Era como descubrir algo de luz en mitad de la oscuridad.

    Cuando quise darme cuenta, había llegado la hora de arreglarme.

    Iba a consentirme por todo lo alto: cenorra en mi restaurante favorito y a bailar toda la noche. Jamás me habría planteado un plan así yo sola, ni loca, y, sin embargo, aquel día no veía la hora de salir por la puerta.

    Tras ducharme, me sequé y alisé el pelo. Hacía tanto de la última vez que me vi así que supongo que por eso mismo quedé tan satisfecha con el resultado.

    Sabía que él estaba a punto de llegar, de modo que me apresuré a escoger la ropa. Había dejado la mayor parte en el armario de su habitación por comodidad.

    Estuve dudando hasta el último minuto, pero me decanté por mi vestido negro favorito, el de tirantes trenzados, ceñido hasta la cintura y con falda de vuelo hasta la rodilla. Es bastante discreto, aunque con el fino cinturón rojo que ato con dos vueltas queda más glamouroso. Siempre que me lo pongo me maquillo igual: maquillaje natural con la raya del eye-liner lo más fina posible y los labios a juego con el cinturón, de tono rojo chillón. Eso no me lleva mucho tiempo, conque pude regresar a su habitación y contemplarme en el espejo de cuerpo entero antes de que apareciera.

    Respecto al calzado, estaba entre dos tipos de zapatos, y al final seleccioné mis sandalias más elegantes, las negras de supertaconazo y un pequeño suplemento delante. Si en algún momento tuve al angelito de mi conciencia en un hombro y al demonio en el otro, fue entonces. El angelito me decía que no soportaría mucho tiempo aquellos tacones tan altos, y el demonio hizo una representación de la cara que pondría Álvaro al verme. He de reconocer que esa era una de mis principales motivaciones para querer salir aquella noche: restregarle lo que se estaba perdiendo. Nunca le había preguntado por la otra, pero me había hecho a la idea de que no sería mucho más guapa que yo, que una cuando se pone…

    Me sentía muy bien frente a mi reflejo, y, sin embargo, tenía la impresión de que me faltaba algo. Era como si una alarma en mi cabeza intentara recordarme no sabía el qué. Me miraba y me remiraba en el espejo, dándole vueltas a cómo conseguir un resultado inmejorable. Se me ocurrió pintarme las uñas de manos y pies de rojo también. Pero lo dejaría para más tarde, que aquello me llevaría un tiempo entre que me arreglaba las cutículas y se secaba el esmalte. Siempre que lo hacía con prisas terminaba de los nervios porque se me estropeaba en el último momento alguna uña, y acababa tirando de quitaesmaltes y saliendo al natural. La verdad es que apenas me las pintaba por eso. De repente, pensando en lo que no solía hacer, caí en la cuenta: debería haber empezado a arreglarme desde dentro, no sólo por fuera. Me había puesto uno de los conjuntos básicos de ropa interior que usaba a diario sin ni siquiera pensarlo. De inmediato, me fui directa a por la lencería picante. La verdad es que me veía con ganas de… cómo decirlo finamente… vamos, que quería follar con otro. Por despecho y por necesidad.

    Menuda sorpresa me llevé al abrir el cajón de la ropa interior para ocasiones especiales. Hacía siglos que no lo abría. Supongo que por eso Álvaro había escondido allí sus regalitos “para” y “de” la otra.

    Les eché un vistazo. Él le había comprado a ella juguetes sexuales: un consolador con estimulador del clítoris incorporado con forma de conejito, unas ataduras y venda a juego de seda, una bala vibradora con mando a distancia, unas bolas chinas… Todo estaba aún en su embalaje original. Ella, por su parte, le había regalado a él la trilogía de “Cincuenta sombras de Grey”. Iba por el segundo libro, lo que comprobé al ver el marcador de páginas situado hacia el final. Estaba segura de que se los había regalado ella a él porque Álvaro jamás habría comprado unos libros así por las buenas. De hecho, una amiga mía me los había dejado en su día y yo le había hablado de ellos, comentándole que no me estaba gustando la historia en sí pero que tenía escenas de sexo muy buenas, y él no había mostrado el más mínimo interés por saber más. Me jodió especialmente que entonces sí mostrase interés sólo porque ella le hubiese dado esos libros.

    Enfadada, cogí el conjunto de sujetador y tanga en el que había pensado al abrir el cajón. Y la bala vibradora.

    Cuando Álvaro llegó, yo aún estaba en el cuarto en ropa interior, probando el invento. Al escuchar la puerta de entrada, detuve la vibración y me apresuré a guardar el mando en el bolso que llevaría aquella noche. Después, escondí el envoltorio del regalo robado bajo la cama, pero no me dio tiempo a ponerme el vestido de nuevo, de forma que me pilló medio desnuda. Y con los taconazos puestos, lo que sé que le daba más morbo todavía.
    Me quedé tan parada cuando entró en la habitación que ni acerté a cubrirme. No reaccioné hasta que vi su cara de enfado. Entonces intenté taparme con las manos, creyendo que estaba molesto por pensar que lo estaba haciendo aposta para tentarle. Me sentí muy avergonzada. No fui capaz de aguantarle la mirada.

    - Yo te regalé ese conjunto –sonaba tan cabreado como parecía. No me atreví a contestar nada-. ¿Vas a salir con él puesto?
    - Eh… Yo… Sí. –No acababa de comprender cuál era el problema.
    - ¿Con quién has quedado?
    - Con nadie. Yo sólo… había pensado ir a cenar y salir por ahí.

    Seguía con la sensación de que me estaba regañando. Yo temía que se diese cuenta de un momento a otro de que llevaba la bala vibradora que le había comprado a su nueva novia, y esperaba una bronca por ello, pero no terminaba de cuadrarme que el conjunto que sí me pertenecía fuese un problema en aquella ecuación.

    - ¿Vas a salir tú sola? –El cabreo dio paso a la sorpresa.
    - Sí.

    Me atreví a levantar la vista. Incluso empecé a desafiarle con mi mirada. Él me miró de arriba a abajo, con cierto desprecio.

    - Déjame adivinar, ¿vas a follarte al primero que se te ponga a tiro?
    - ¡Vete a la mierda!

    Cogí el vestido y me dispuse a ponérmelo, pero él se acercó rápidamente y me lo quitó de las manos.

    - Yo te regalé ese conjunto, y por mí nunca te tomaste la molestia de ponértelo, así que no dejaré que otro lo disfrute. Quítatelo ahora mismo.
    - ¿Qué? ¡Ni lo sueñes! ¡Es mío y haré con él lo que me parezca!

    No me dio tiempo a más. Me tiró en la cama y se abalanzó sobre mí.

    Yo intenté quitármelo de encima, pero me sujetó las manos sobre la cabeza y esperó a que dejara de revolverme. No tenía sentido alargar el momento. Él era mucho más fuerte que yo.

    - ¡Cabrón!

    Me rendí, muy a mi pesar. Él empezó a sonreír y se apoyó más sobre mí. Enseguida comprendí por qué: quería que notase su erección.

    (Continuará)