Confiesa tus sombras

Nuestras fantasías eróticas - Erótica - Página 55

Nuestras fantasías eróticas
  • ProfeProfe junio 2014
    Chicas 4 o 6 manos eh? suena bien,sobre todo para vosotras jaja
  • lolaalolaa julio 2014
    Cuantas sensaciones con solo leer todo esto.
  • lolaalolaa julio 2014
    Hola! Soy nueva, me encanta las historias que suben. Son muy buenas.
  • ProfeProfe julio 2014
    Bienvenida @lolaa , que disfrutes con el foro y compartas tú tb tus fantasías y opiniones q esto está falto de gente q participe últimamente. 1 beso
  • ToxicToxic julio 2014
    bienvenida @lolaa
  • LakottLakott julio 2014
    Bienvenida @lolaa disfruta de la lectura y de todo.
  • lolaalolaa julio 2014
    Muchas gracias por la bienvenida :)
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu julio 2014
    Bienvenida @lolaa
  • arquilecturas julio 2014
    Buenas, ¿alguien por aquí?
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Hola a todos,
    soy nueva por aquí, me ha encantado el foro y espero poder aportar algo de diversión.
    He pensado en estrenarme con una historia, advierto que es un poco larga y lo picante llega al final,espero que os guste. Es tiempo de fantasear...

    Parte I


    — Bonitas vistas – le oigo decir tras de mí.
    — Lo mismo digo – me volteo para responder, él me sonríe travieso.
    — Eh, espera… - me advierte.
    Me paro y me doy la vuelta mirándole expectante.
    — No pensaras decirme eso e irte por las buenas ¿verdad?
    — ¿Ves aquella parada de autobús? - la señalo con el índice.
    — Si – asiente acercándose a mí con paso lento.
    — Allí es a donde pienso ir – digo sonriendo con regocijo
    — ¿Necesitas que te escolte? – da una vuelta a mi alrededor como un depredador al acecho de su presa.
    — ¿Estoy en peligro? – pregunto sorprendida.
    — Es muy probable – dice con una sonrisa maliciosa.
    — ¿Y eso por qué? - sigo en mi línea.
    — Una preciosidad como tú no debería ir sola por ahí, sobre todo si es de madrugada, es algo bastante imprudente.
    — Hablar con desconocidos lo es también, ¿qué me dices de ti? – sueno especulativa.
    — ¿De mí? – dice inocentemente.
    — Podrías ser un psicópata, un pervertido o quizás un asesino en serie, las variantes son muchas – sueno aireada.
    — ¿Y a que conclusión has llegado? – me pregunta en un tono suave atravesándome con la mirada.
    — Mm…me decantare por la segunda opción – contesto con dulzura.
    — ¿Crees que soy un pervertido?
    —Tú me dirás.
    —Podrías averiguarlo si me dejas que te acompañe, tengo tiempo libre.
    — No creo que eso sea una buena idea.
    — ¿Tanto miedo doy? - ladea una sonrisa alzando la ceja.
    La verdad es que intimidaba bastante, en particular por su atractivo. Es alto, muy atlético, tiene la piel clara y tersa, pelo negro y sedoso, y unas facciones simétricas y definidas, sin mencionar esos ojos verde esmeralda.
    — Vivo en la otra punta de la ciudad, eso son 50 kilómetros - especifico
    — Estas de suerte, tengo un precioso coche nuevo que me gustaría amortizar - dice mordaz.
    — ¿Alardeando de tus posesiones? – alzo una ceja cruzándome de brazos.
    —Hay una en particular de la que me gustaría mucho alardear – sonríe recorriéndose descaradamente con la mirada.
    —Eres un poco engreído ¿no crees? – sonríe.
    —Y tú un poco exasperarte.
    — Me gustaría seguir intercambiando halagos pero es muy tarde y he de irme - y giro sobre mis talones.
    — ¡Cuidado! – oigo tras de mí antes de tropezar con las raíces de un árbol.
    Pierdo el equilibrio y me caigo en la zanja que había al lado. La caída fue tremenda, me incorpore con dificultad revisando los daños, tenía la parte inferior de mi vestido negro de tirantes rasgada, la rodilla ensangrentada y astillas clavadas un poco por encima de esta por la parte interior y la mano derecha raspada al igual que mi hombro donde también había astillas. El me observaba con preocupación y disgusto, tras unos segundos parecía relajarse y su expresión cambió de forma sutil, ahora de desconcierto, tendiéndome la mano me incita a cogerla.
    — No, gracias - la rechazo molesta.
    Me arrastro por el borde del hoyo saliendo a cuatro patas, haciendo una mueca de dolor intento incorporarme tambaleándome casi vuelvo a caer de no ser por su agarre, me tenía sujeta por la cintura con un brazo. Un calor intenso recorre mi piel y el aroma a cerezo se incrusta en mi interior, me revuelvo con la intención de que me suelte.
    — ¿Estás bien? - pregunta riendo.
    — Esto no tiene gracia – le digo con rabia contenida.
    — Oh, sí que la tiene, parece que te haya atacado un animal salvaje – dice en tono burlón.
    Le fulmino con la mirada.
    — Eres muy negligente - me reprende
    — ¡Y tu un cretino! - suelto sin pensar.
    El abre los ojos incrédulo, pero parece divertido.
    — ¿Un cretino? - repite intentando disimular su humor.
    — Si, eso mismo - confirmo seria.
    — Bueno, yo al menos no me paseo por las calles medio desnudo y como si acabara de salir de combate - tenía razón, lo que podría llamarse un vestido, era más bien un trozo de tela que cubría a medias mi desnudez.
    Me doy la vuelta dispuesta a marcharme cuando él me sujeta por la muñeca impidiéndome seguir.
    — ¿A dónde crees que vas? - pregunta confundido
    — A mi casa - contesto con indiferencia.
    — ¿Es en serio? – espeta incrédulo.
    Yo me lo quedo mirando recelosa.
    — Vamos, te llevare al hospital - y me arrastra consigo sujetándome firmemente del brazo.
    Me resisto intentando detenerle, él se para y se da la vuelta fijando la mirada en la mia con un semblante gélido, me sujeta de la muñeca apretando sus dedos y con la otra en mi cintura me acerca a su cuerpo quedando nuestros rostros a escasos centímetros de distancia.
    — ¿Pero qué haces? ¡Suéltame!
    Me estrecha más hacia su cuerpo.
    — Pienso gritar - le amenazo.
    — ¿Y crees que alguien te oirá?, estamos tú, yo y el silencio de la noche, preciosa – dice en tono burlón.
    — ¡Suéltame! ¡Ahora! - vuelvo a forcejear pero él me inmoviliza sin dificultad.
    — Te soltare cuando te lleve al hospital, iras quieras o no, podemos hacerlo de forma fácil o difícil, tú decides - su voz es suave pero su porte amenazador.
    Siento la sangre fluyendo por mi rostro, desisto pero no quiero ir al hospital, odio esos lugares.
    — No quiero ir al hospital, tengo fobia a esos sitios - murmuro con la vista fija en el suelo evitando su mirada.
    El afloja el agarre de mi muñeca, suelta mi cintura y con el dedo índice y pulgar me levanta el mentón para que le mire.
    — Entonces deja que te limpie las heridas, vivo cerca, a unos 5 min. – su es voz aterciopelada.
    Al final accedo y él sonríe satisfecho. Me lleva al Bugatti negro que hay justo delante de nosotros, abriendo la puerta del copiloto me insta a entrar. De camino estamos en silencio sepulcral, aprovecho para analizarle detenidamente, sí que es guapo. Esboza una lenta sonrisa al percatarse de lo que estoy haciendo.

    Continuara...
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Parte II

    — ¿Te gusta lo que ves? - pregunta juguetón.
    — Es…interesante, no suelo venir por aquí y por lo visto es un barrio lujoso – finjo indiferencia intentando disimular mis verdaderos actos.
    — Seguro que sí. Yo prefiero deleitarme con lo que tengo al lado – insinúa mordaz.

    Vuelvo a mirar al frene de mala gana, al cabo de cinco minutos aparca delante de un edificio antiguo de estilo vanguardista. Al entrar me invade un aroma a cerezo, todo es lujo - mármol en suelo y paredes, esculturas, retratos y todo lo que un “museo pueda poseer". Nos encaminamos hacia las escaleras pero mi rodilla no me permite ir rápido, el se detiene y yo me paro en seco mirándole con recelo alza una ceja y ladea una sonrisa, me estremezco y retrocedo por sus claras intenciones, antes de siquiera poder realizar cualquier movimiento me coge en brazos y empieza subir las escaleras.
    — ¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame! ¡Tengo piernas!
    — Y son preciosas - me susurra al odio.
    Sube los cuatro pisos sin ningún esfuerzo. Se detiene delante de una puerta color burdeos y la abre. Entra conmigo en brazos y se dirige hacia el enorme sofá negro que hay en el centro del salón depositándome con delicadeza en él.
    — Ahora vuelvo, estás en tu casa - y sale por uno de los dos pasillos que se unen al salón.
    El lugar es precioso, el suelo de baldosas blancas y negras y las paredes de mármol blanco, hay ventanales que van desde el suelo hasta el techo cubiertos por ondeantes cortinas blancas a causa de la brisa. Al rato vuelve, se ha quitado la americana y desabrochado los primeros botones de la camisa dejando entrever un torso firme, la tiene remangada hasta los codos y en las manos lleva alcohol y vendas. Se sienta a mí lado.
    — Dame la mano - dice preparándose para limpiarme la herida.
    Empieza a desinfectar la zona, me escuece y no puedo evitar revolverme en el asiento, el me mira por debajo de las pestañas.
    — Estate quieta – ordena suavemente.
    Intento no moverme pero me pica demasiado, el sopla clavando sus ojos en los míos.
    — ¿Mejor? – pregunta con dulzura.
    —Oh, si - digo entrecerrando los ojos y el niega con la cabeza formándose una leve sonrisa en su rostro.
    Me venda la mano y pasa al hombro.Mi cuerpo responde inmediatamente a su tacto, un hormigueo recorre mi piel pero lo que realmente me perturba es la respiración arremetiendo contra mi cuello y su aroma a cerezo que embauca lentamente mi raciocinio. Él se detiene y abro los ojos, me encuentro con los suyos que me miran inquisitivamente.
    — Hay astillas clavadas en el hombro, son solo tres pero no puedo sacarlas con los dedos y no tengo pinzas, tendré que hacerlo con los dientes - lo dice de forma impasible.
    Trago saliva.
    —Está bien – digo resignada.
    — No te muevas- su voz es baja pero imperativa.
    Cierro los ojos, unos suaves y cálidos labios recorren mi piel desde el cuello hasta el hombro.
    — ¿Esto es necesario?– intento fingir molestia.
    — Es para que te acostumbres a mi roce y te sientas más cómoda - contesta con cierta malicia intentando aparentar contundencia en su labor, pero siento como sonríe contra mi piel.
    Prosigue con su juego de seducción y soy incapaz de resistirme, me dejo llevar. Su lengua saborea la piel cerca de la herida, de repente siento como sus dientes me rozan y sacan una de las astillas, eso me produce un placer que jamás había experimentado, como acto reflejo aprieto mis muslos y un leve gemido brota de mis labios.
    —Shh…relájate – me calma regando de suaves besos mi hombro.
    Se mueve un poco en el asiento del sofá haciendo que me levante y siente entre sus piernas. Coloca una mano en mi garganta y me acerca a sus labios para besar mi cuello, es un beso suave y húmedo, su aliento arremete contra mi nuca erizando mi piel. Saca la siguiente astilla, yo por mi parte vuelvo a apretar con fuerza los muslos y siento como comienzo a excitarme de forma obscena.
    — Solo queda una, preciosa –me susurra peligrosamente cerca.
    Vuelve a bajar su boca a mi hombro y saca la última astilla.
    — ¿Te ha dolido? - me mira expectante, yo niego con la cabeza.
    —Bien, porque he de ocuparme de tu rodilla también – dice mientras se dibuja una sonrisa lasciva en ese hermoso rostro.
    Vuelve a cambiar de posición y se coloca de rodillas delante mia, con las dos manos me sube un poco el bajo del vestido arrastrándolo hacia arriba por mis muslos.
    — Separa las rodillas - me ordena con voz grave y sensual.
    No puedo reaccionar.
    — ¿Prefieres que lo haga yo? – y suena a amenaza.
    Tengo el corazón desbocado y la respiración entrecortada.
    —Tu nombre - dice de pronto y mirándome fijamente.
    — Nia – exhalo
    — Separa las rodillas, Nia.
    Me armo de valor y le encaro.
    —Prefiero saber tu nombre.
    Tuerce una sonrisa.
    — Blake – y pasa la lengua por su labio inferior al decirlo.
    Fijo la mirada en sus labios, esos labios ardientes que me aturden, al darse cuenta los entreabre incitándome deliberadamente. Desliza las manos a los laterales de mis muslos besando muy despacio una rodilla y luego la otra , yo entreabro las piernas y el sonríe.
    — Buena chica - es la arrogancia personificada.
    Con la mano izquierda me sujeta por detrás de la pantorrilla y con la derecha del tobillo, me mira un instante con su sonrisa pícara y yo contengo la respiración al sentir sus labios en el lateral de la rodilla, prácticamente dejo de respirar cuando pasa la lengua por mi piel como si me degustara. Clavo las uñas en el sofá intentando controlarme, el saca una de las astillas y vuelve a posar sus labios en la herida.
    — Pa…para – consigo decir entre jadeos.
    — No puedo, tengo que sacarlas – su tono de voz bajo y suave fustiga mi auto control, siento como comienzo a humedecerme de forma descomunal y soy incapaz de entender cómo sus palabras pueden tener ese efecto en mí, es ridículo. Me revuelvo frustrada.
    — Quieta - me ordena pacientemente inmovilizándose con las manos.
    Pero no puedo, lo intento pero me es imposible.
    — No te muevas o tendré que atarte y no querrás que lo haga ¿verdad? – es una amenaza en toda regla.
    Niego con la cabeza con la esperanza de aplacarle, vuelve a mi rodilla y esta vez succiona con mucha fuerza, arqueo la espalda en respuesta a su agresión aferrándome a su cabello y un sonoro gemido inunda el salón, me mira sonriendo como si estuviera satisfecho de mi reacción.
    — ¿Estas bien? - pregunta afectuosamente y desliza lentamente la lengua por los dientes.

    Mi respiración es errática, si vuelve a tocarme llegare al clímax.

    Próximamente, Parte III...
  • LakottLakott julio 2014
    @Ambrosia, primero de todo bienvenida. Espero que sigas pronto con el relato, últimamente andamos escasos de ellos.
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Parte III

    —Por favor, sácalas ya - es una petición desesperada.
    — Es lo que intento hacer pero no me lo estás poniendo nada fácil.
    Me echo atrás en el asiento del sofá intentando poner distancia, su mirada se enturbia y me aferra por detrás de las rodillas tirando bruscamente de mí.
    — Aun no hemos acabado – me advierte.
    Con el dedo índice y pulgar alza mí mentón.
    — Solo una, Nia. ¿Podrás aguantar? - pregunta condescendiente.
    — Si…
    —Bien, y por favor, no te muevas – pide una vez más.
    Baja su experimentada boca hacia mi regazo y roza con los labios la piel de mis piernas hasta llegar a la herida, me muerdo el labio en un intento de control pero mi intimidad palpita dolorosamente haciéndome retorcer y reclamando más de él. Saca la astilla con un movimiento y me vuelve a limpiar la herida vendándome la rodilla también.
    — Gracias - digo ruborizándome con la respiración agitada.
    — Adorable - dice y me acaricia la mejilla con los nudillos.
    Le miro recelosa.
    — ¿Estas bien?, pareces algo…agitada - comenta con voz afectuosa y mordaz.
    — Es solo…el dolor y la molestia - intento explicar y serenarme en el intento.
    — Yo creo que es por lo excitada que estas - me provoca burlándose.
    — ¿Perdona? – digo molesta
    — Lo sabes tú, lo sé yo y seguramente tu ropa interior también – sonríe insolente.
    — Imbécil – espeto con desdén.
    — ¿Por qué? ¿por haberte excitado o quizás porque… me deseas?
    —Tu arrogancia no tiene límites – bufo
    — No te sulfures, si reconocieras lo que es obvio te sentirías mucho mejor – y me muestra su sonrisa depredadora.
    — ¿De que estas hablando?
    — De que quieres que te folle, algo que haría con mucho gusto.
    Me quedo atónita.
    — Oh ,vamos no intentes negarlo casi te corres cuando succioné la primera vez y la verdad es que ha resultado muy entretenido ver como intentabas resistir, he de reconocer que me has puesto cachondo, tanto… como lo estoy ahora mismo contigo a mi lado toda magullada, vendada y ligera de ropa eso… da rienda suelta a la imaginación, Nia.
    — Eres un capullo arrogante y un pervertido – espeto furiosa.
    —Si… es muy probable que lo sea – dice frotándose la barbilla.
    — Sobre todo por la de ideas que me vienen ahora mismo.
    —Cerdo! - digo en un intento de desfogarme.
    — Que lengua tan sucia, debería lavártela con jabón, o podría darle un uso mejor – dice con malicia.
    — ¿Ah, sí? - le desafío
    — ¿Me estas provocando? – pregunta con lujuria.
    Me cruzo de brazos y piernas en respuesta mirándole expectante.
    — Oh, pequeña no deberías hacer eso.
    Decido cortar por lo sano.
    — Gracias por todo, pero he de irme - y me levanto del sofá.
    El permanece en su sitio, tiene el codo en el posa brazos del sofá mientras acaricia con el dedo índice su labio inferior.
    — Tu no vas a ninguna parte – dice con calma.
    La resolución brilla en sus ojos lo que me hace retroceder con cautela, el ladea una sonrisa.
    — No voy a hacerte daño, Nia – su voz es aterciopelada.
    Me relajo visiblemente.
    — Es muy tarde, necesitas descansar y te vendría bien una ducha. Puedes quedarte en el cuarto de invitados o si quieres en otro apartamento, yo soy el único inquilino aquí.
    — ¿Vives en el edificio tu solo? - pregunto sorprendida
    El suspira:
    —Soy el dueño del edificio - dice como si le resultara agobiante y tedioso.
    Al parecer nuestro hombre es alguien de recursos y no le parece divertido hablar sobre ello. No lo puedo resistir, tengo la imperiosa necesidad de provocarle.
    — Dime… ¿es así como impresionas a las chicas? ¿o quizás…chicos? – pregunto con voz dulce, el alza una ceja.
    — Es que tengo curiosidad por la capacidad creativa de alguien con tus…dones - me argumento en tono burlón.
    El sonríe divertido negando con la cabeza.
    — No, empleo otro tipo de tácticas que suelo utilizar única y exclusivamente con las chicas. Te hare un demostración – dice levantándose del sofá.
    Me coge de la mano llevándome por uno de los pasillos, nos detenemos en frente de una puerta blanca, al entrar veo que es el baño. Me quedo observando el lugar, es enorme, a mi izquierda están los lavabos y hay un espejo de cuerpo entero, a la derecha otro pasillo pequeño. Estoy de espaldas a Blake, cuando me giro veo que solo tiene puestos los pantalones.
    — ¿Porque te has quitado la ropa? – frunzo el ceño.
    — Estamos en el baño, tú estás sucia y yo quiero ducharme, creo que es obvio.
    — No pienso ducharme contigo – digo alarmada.
    — No, preciosa yo voy a bañarte a ti – me corrige riendo perverso.
    — Ni hablar - levanto las manos en gesto de desaprobación y retrocedo.
    — ¿Vas a seguir huyendo de mí? – dice impasible
    Asiento ligeramente y sigo retrocediendo.
    — No hagas esto difícil – pide exasperado

    Sigo retrocediendo pero la pared que tenía detrás me impedia seguir, ahora estoy acorralada.Cuando llega a mi apoya la mano en la pared a la altura de mi cabeza , con la otra coge un mechón de mi pelo y desliza los dedos por él , lo acerca a su rostro y lo huele cerrando los ojos, eso hace que mis músculos se contraigan.
    — Eres preciosa – dice apoyando la frente en la mía y con la yema de los dedos recorre mi cuello, el pecho, el costado y el muslo adentrándose en mi entrepierna. Presiona mi sexo y doy un respingo, fija la mirada en la mía , su expresión es anhelante y cruda vuelve a presionar y jadeo.
    — Te follare hasta la inconsciencia, pequeña - susurra salvaje
    Antes de que pudiera decir algo agarra el cuello de mi vestido y lo desgarra, chillo por la sorpresa, lo mismo hace con mis bragas arrancándolas de un tirón. Me empotra contra la pared clavándome la cadera, sintiendo su erección y la respiración turbia. Quiero que me devore ahí mismo, quiero sus labios,es desquiciante.
    — ¿Qué ocurre? - pregunta con fingida preocupación mientras acaricia mi clítoris y yo hago el esfuerzo de no sucumbir estrepitosamente ante su caricia.
    Lo sabe, sabe lo que quiero pero me va a obligar decirlo, aparto la mirada intentando resistir, quiero sus labios, los deseo, anhelo saborearlos.
    — ¿De verdad quieres jugar a eso? – me advierte alzando una ceja.
    Se inclina hacia mí y con la punta de la lengua roza mi labio superior como si probara un cucurucho de helado, gimo ansiosa por sentirle y me arrimo a él con la intención de sellar nuestros labios mientras mi mano asciende por su torso, él se aparta pegando mis brazos a los costados presionándome contra la pared y con una pierna entre las mías.
    — No me toques, no te me resistas y ni se te ocurra besarme, no quiero que esto se ponga violento, me gustaría ser suave contigo, así que pórtate bien y saldrás de una pieza – lo dice penetrándome con los ojos y con suprema tranquilidad como si en su interior hubiera un ser depravado al que intenta mantener oculto y en calma.

    Continuará...

  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Parte IV

    — Suena como si intentaras controlarte – musito
    — Me gusta jugar duro, Nia– y sus dedos aferran mi garganta apretando con suavidad mientras me desliza la lengua por el cuello.
    — ¿Qué quiere decir eso? – consigo preguntar entre jadeos.
    — Quiere decir que eres vulnerable, particularmente porque estas herida y en especial porque soy insaciable, no quiero hacerte daño descontrolándome. Además… este tipo de comportamiento sexual te es totalmente ajeno.
    Me lo quedo mirando confusa ¿cómo sabe él lo que me es ajeno y lo que no?, esto es muy extraño.
    Suspira como si fuera a revelar algo.
    —Te he estado observando, llevo haciéndolo dos meses y lo sé todo sobre ti , lo que haces, con quien, donde, cuando , todo – dice mirándome con recelo mientras me acaricia la mejilla con el pulgar.
    Estoy anonada y aturdida por su confesión. Le miro abriendo los ojos con asombro y una duda asoma.
    — ¿Por qué? – pregunto tímida.
    — Porque me gustas – dice con sinceridad encogiéndose de hombros.
    Eso me es suficiente para abalanzarme sobre el.
    — Bésame - imploro necesitada, él me sonríe juguetón.
    — ¿Por qué? - me pregunta con sus labios turbadoramente cerca de los mios povocandome.
    En mi desespero por sentirle me inclino hacia él y consigo apretar mis labios contra los suyos pero se aparta inmediatamente.
    — Eres una niña mala,tendré que enseñarte modales, te he dicho que no te muevas y sobretodo que no me beses - furia y lujuria emana de su voz.
    Oigo el sonido de su bragueta y mi corazón sube a la garganta, bajo la vista y el pánico me envuelve sujeta su enorme y dura erección con la mano derecha masajeándose mientras que con la con la izquierda me retiene de la mandíbula. Me abre las piernas con la suya se acerca y con el glande acaricia mi vértice arriba y abajo muy despacio, luego da suaves golpecitos en mi clítoris, siento como mi humedad se desliza por el muslo.No me resisto y deslizo las manos por sus gluteos apretando con fuerza,el gruñe en respuesta.
    — Muy mal - me reprende
    — Quiero saborearte – implora y me da un tierno beso en la mejilla.
    Se agacha y con la lengua recoge parte de mis fluidos, sube por el muslo hasta llegar a la ingle deteniéndose en la abertura de mi intimidad, succiona con fuerza clavando sus dientes en la sensible piel y tira con suavidad de la carne, grito de dolor y placer a la vez. Su lengua se introduce en mi interior fustigándome sin clemencia, y ya no puedo más, un orgasmo brutal recorre mi cuerpo haciéndome convulsionar violentamente, en ese instante él se levanta ágil y me penetra con una embestida hasta el fondo sin que el clímax haya remitido, se queda inmóvil en mi interior mientras las paredes se contraen a su alrededor. Al calmarme me coge y me tumba en el suelo aun estando en mi interior, empieza a moverse lentamente con suavidad sintiéndome disfrutando de mi agarre. Presionando con sus manos las mías las adhiere al suelo a ambos lados de mi cabeza mientras me muerde el mentón y desliza los dientes por mi mandíbula. Cambia de ritmo, ahora es pausado, brutal y muy profundo, siento los azulejos incrustarse en mi piel me embiste de una forma salvaje sacándome a trompicones el poco aire que retienen mis pulmones.
    — ¡ Aah… joder! – grito enroscando las piernas a su cintura aprisionándole.
    — Shh…calla - me surra acariciando mi cabello.
    Arremete con más fuerza: dentro, fuera otra vez, dentro fuera y así sucesivamente. Se retira con suavidad pero me castiga penetrándome con vehemencia sintiendo que podría partirme por en dos. Establece un ritmo con movimientos sucesivos bombeando en mi interior cada vez más rápido con una necesidad lujuriosa que le lleva al desenfreno.
    — Pa…para, no…puedo - y no se si es lo que realmente quiero.
    Las lágrimas se deslizan por mi rostro a causa del esfuerzo y el dolor por seguirle el ritmo y resistir a sus arremetidas, con los labios me enjuaga cada una de ellas tierna y dulcemente. Respira con dificultad y la violencia implícita en sus movimientos aumenta por momentos haciéndole gruñir y jadear contra mi cuello. Dolor y placer es lo único que puedo sentir.
    — No…- sollozo.
    Mis gritos empiezan a ser audibles, es demasiado brutal. Se detiene, sale de mí y me da la vuelta hasta quedar boca abajo e indefensa. Deja caer su cuerpo sobre mi colocando una pierna entre las mías y presiona mis muñecas contra el suelo, estoy inmovilizada. Empieza a frotar su erección contra mis nalgas despacio, muy despacio.
    —Blake…- intento decirle pero me silencia dándome u mordisco en la nuca.
    Sigue frotándose, frotándome, no me permite moverme y al menor indicio de que pueda hacerlo me muerde en la espalda, es un mordisco sensual que provoca escalofríos por todo mi cuerpo. Coloca la punta del pene en mi abertura simulando pequeños envites, lo mete parcialmente y vuelve a salir, así unas tres veces, luego me penetra hasta el fondo haciendo círculos en mi interior. Coge ritmo entrando y saliendo con fuerza y rapidez, aprieta mis muñecas a causa de su fervor jadeando con desespero en mi oído. Me da un suave y húmedo beso en la nuca sin cesar en sus arremetidas, yo empiezo a suplicar.
    —Por favor…no puedo – gimo
    —Shh…cálmate – me dice bajito
    —Blake…
    — Silencio - susurra y pasa la lengua por mi columna vertebral hasta la nuca.
    Entonces lo siento, una enorme presión concentrándose en ese punto de placer hasta explotar escandalosamente corriéndome de forma brutal. Mientras convulsiono soy vagamente consciente de que me ha dado la vuelta y me vuelve a penetrar con muchísima fuerza, embiste dos veces más y se queda inmóvil mientras sucumbe al orgasmo, en ese momento me besa de forma carnal y salvaje maniatando mi lengua a la suya arrebatándome el poco aire que retenían mis pulmones. Me sonríe satisfecho mientras yo intento recobrar el aliento y la consciencia.
    — Querías que te besara ¿no? – me dice jadeando.
    Asiento exhausta.
    Estamos tumbados el uno al lado del otro, el sostiene mi mano sobre su pecho acariciándola suavemente con el pulgar.
    — ¿Te ha gustado? – pregunta con expectación.
    —Sí, aunque has sido un poco arisco
    — Lo sé, lo siento… pero te lo advertí
    — ¿El qué? ¿que eres un salvaje? – digo perpleja
    — Precisamente, y tú no hacías más que provocarme.
    — ¿Yo? - pregunto convencida de mi inocencia.
    — Si, preciosa, tu. No olvides que te tengo a mi merced y todavía tenemos que ducharnos.
    — ¿Es eso una amenaza? – pregunto intrigada.
    — Un consejo - ríe con malicia.
    — Bésame - le insto con deseo
    Gira la cabeza hacia mí y esboza una lenta sonrisa.
    — Sabes que si hago eso no podrás sentarte durante días ¿verdad?
    Asiento con ansia.
    — Oh, encantado entonces - y me arrastra hacia la ducha.
  • ProfeProfe julio 2014
    @Ambrosia bienvenida guapa,has entrado con fuerza jeje. Que disfrutes del foro.1 beso.
  • isobelaisobela julio 2014
    @Ambrosia, bienvenida, me ha gustado el relato, ¿tiene continuación?.
    Besos a todos................
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014

    @Lakott y @Profe gracias por la bienvenida e igualmente a ti @isobela, este es el final del relato,pero estoy trabajando en el siguiente que tengo en mente.
  • AmoMartínAmoMartín julio 2014
    Esto es aportar... gracias @Ambrosia
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Gracias por.... corresponder @AmoMartin.
  • AmoMartínAmoMartín julio 2014
    De nada @Ambrosia
    El otro día viendo una película vi algo interesante... a mi también me seducen las mentes (en mi caso, solo las femeninas, que le vamos a hacer... jeje).
  • isobelaisobela julio 2014
    Bienvenido @AmoMartín, jajaja me ha gustado eso de ¡Hay que follarse a las mentes!!!!
    @Ambrosia, eso esta bien sigue trabajando en tu nuevo relato, que aquí te esperamos....

    Besos a tod@s.
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    @AmoMartin,definitivamente la mente es un artilugio muy poderoso que crea y seduce...
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Bueno, aquí os dejo un adelanto de mi nueva fantasía...

    Agonía placentera

    El suave subir y bajar de su pecho embauca mis sentidos incitándome a darle el mayor de los placeres. Está desnudo y yo sentada a horcajadas sobre él. Llevo una camiseta blanca que me cubre hasta por debajo de los glúteos, se ha adherido a mi piel tras haberla impregnado de agua intencionadamente, ahora se traslucen mis contornos. Me mira relajado observando mi rostro con detalle y tiene sus manos apoyadas en mi cintura dándome a entender que no me dejará ir. Paso la yema de los dedos por su rostro sintiendo la tersura y la calidez de su piel. Me acerco a una de sus comisuras y le rozo con los labios, él entreabre los suyos deseando más. Vuelvo a incorporarme y me revuelvo sugestivamente, le oigo suspirar, un calor eléctrico nos envuelve, fijo la mirada en la suya penetrando en su alma.
    —Dime, ¿qué es lo que deseas?- le pregunto despacio
    — Placer- susurra
    — ¿Hasta qué punto?
    —Hasta que no pueda mas
    Le sonrió con malicia y vuelvo a inclinarme hacia él, paso la lengua por su cuello muy despacio saboreándole, degustando su piel, noto como se tensa y eso me hace sonreír.
    —No podrás soportarlo - le aviso
    —Pruébame – me incita
    Me echo un poco hacia atrás hasta sus rodillas, subo el bajo de mi camiseta y dejo ver mi perlada intimidad. Abro las piernas mientras deslizo la mano por mi cuello, la garganta, el torso, mi vientre… hasta llegar a mi sexo, el inhala profundamente. Comienzo a masajearme sin apartar la mirada de la suya.
    —Apoya las manos en los laterales del asiento -le pido con suavidad.
    Obedece y coloca sus manos a ambos lados de este.
    —Mírame – susurro acalorada.
    Baja la mirada, su respiración se altera y veo palpitar la vena de su cuello con fuerza. Solo se oye su respiración y mis leves gemidos, excitada por su expectación agravo los movimientos de mi mano a la vez que hago círculos con la cadera. Empiezo a jadear mientras el inspira con brusquedad, desea tocarme, desea sentirme, desea provocarme despiadadamente tal y como hago yo con él. El orgasmo me alcanza haciéndome convulsionar en su regazo, el estruja el asiento intentando controlar las ansias y el dolor de una erección descomunal. Me sereno y clavo la mirada en la suya turbia y necesitada.
    —Quiero tus labios - digo en voz baja
    El los entreabre humedeciéndolos.
    —No de esa forma -le susurro
    Y con la misma mano que acariciaba mi sexo rozo sus labios paseando deliberadamente los dedos por su boca sensual.
    —Pruébame – le insto con voz suave.
    Y su lengua recoge el bálsamo de mi placer.
    —Me gusta – dice satisfecho.
    Su mirada anhelante recorre ávida mi cuerpo.
    —Quiero sentirte - pide en voz baja
    —Todavía no
    Le doy un suave beso en la comisura derecha de sus labios.
    —Esta noche eres mío, no lo olvides - le susurro al oído.
    Aprieta la mandíbula, veo el descontento y la irritación en su rostro.
    Me sigue con la mirada mientras me incorporo y levanto, abro sus piernas y me sitúo entre ellas colocándome de rodillas. Paso la mano por su cuello deslizándola por el torso, el vientre… demorándome en el recorrido hasta llegar a la base de su miembro, la envuelvo con la mano y aprieto con fuerza girando levemente, el da un respingo volviendo a estrujar el asiento, un gruñido brota de su garganta. Aflojo el agarre, me inclino para acercar su erección a mi mejilla y le acaricio de esa forma, el entrecierra los ojos con la respiración entrecortada. Le voy dando pequeños y suaves besos a lo largo del pene, en la mitad del recorrido succiono con brío, su cuerpo se arquea y gruñe entre dientes clavándome la mirada.
    — Quiero oírte – le digo mientras se la vuelvo a acariciar con la mejilla y los labios.
    Su respiración es acelerada y el castigo cada vez más cruel. Sigo acariciándole, me paro y con los dientes recorro su pene. Esta vez da un grito, su pecho sube y baja violentamente y tengo la sensación de que podría quebrar la silla con sus manos.
    — ¿Quieres seguir?- le pregunto sagaz.
    —Si-jadea
    Sonrío maliciosa.
    —Voy a drenarte - le digo y muerdo el glande.



    Continuará…
  • ProfeProfe julio 2014
    Voy a drenarte... Me gusta ;-)
    @Ambrosia Muy bueno,me gusta como escribes.
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Gracias @Profe, es un placer...
  • lilit26lilit26 julio 2014
    He caído aquí, y creo que me va a gustar mucho este rincón.
    Follarse una mente...seducirla y ser seducida, poseerla y bebertela, es lo más excitante y lo que me provoca mayor placer.
    @Ambrosia tu forma de escribir destila frescura, e incita a poner en práctica lo que describes :)

  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Gracias @lilit26, de eso se trata ;)
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Agonía placentera
    Parte II

    — ¡Aah…joder! – dice entre dientes alzándose un poco del asiento.
    Atenúo su dolor lamiendo primero la punta y luego el glande entero, le saboreo como si fuera una piruleta de azúcar y disfruto con ello, me gusta torturarle, verle a mi merced, ver como se pierde en una agonía placentera. Deslizo la lengua a lo largo de su erección una y otra vez sintiendo como se endurece más y más. Ya no puede controlar sus jadeos y es audible su desesperación. Me meto el pene en la boca sin llegar a la base y succiono con fuerza a medida que me voy retirando aprisionándole con mis labios, tiene que agarrarse al asiento para permanecer en su sitio. Oigo sus gemidos y la lucha por poder respirar con normalidad, vuelvo a chupar llegando hasta el fondo y succiono y succiono…hasta que vuelve a gritar.
    — Joder… - masculla con los ojos entrecerrados.
    Aprieta los dientes y se corre con ferocidad en mi boca, trago su semen y limpiándome la boca con el dorso de la mano vuelvo a sentarme a horcajadas sobre él. Coloco mis manos en sus hombros con la mirada fija en la suya.
    — ¿Qué es lo que deseas?-le vuelvo a preguntar sin cesar en mis movimientos con la pelvis.
    —A ti, ahora – gruñe enroscando una mano en mi cintura mientras la otra sigue apoyada en el asiento.
    Me acerco a sus labios muy lentamente, le doy un suave beso casi rozándole, luego otro y otros tres más. Cambio de táctica y lo profundizo metiéndole la lengua, el me corresponde con fervor degustando su propio sabor. Nos mantenemos así durante un tiempo, explorando nuestras bocas, el no despega las manos de mi cintura, sabe que no debe hacerlo. Le acaricio la mandíbula con la nariz y le beso en la garganta. Desciendo dirigiéndome a sus pectorales que comienzo a mimar con suaves besos. Me acerco a uno de sus pezones y lo rodeo con la lengua mordiendo la punta al final, el sigue cada uno de mis movimientos respirando con firmeza. Parece que ha vuelto a tomar el control sobre su cuerpo y eso me hace desear llevarle a la locura. Hago lo mismo con el otro pezón y tiro más fuerte, me mira con furia contenida.
    —Tócame - le pido en un jadeo.
    Y cojo la mano que tenía en mi cintura llevándola a mis pechos, el los masajea , primero uno y luego el otro tirando de mis pezones. Vuelvo a coger su mano y la deslizo por mi vientre hasta llegar a mi sexo, le obligo a que me acaricie haciendo círculos con sus cuatro dedos, hecho la cabeza hacia atrás dejándome llevar y oigo como remueve mis fluidos, luego los extiende alrededor muy despacio. Llevo su mano a mi boca degustando mi propio sabor mientras le chupo uno a uno sus dedos, el inspira bruscamente mirando mi obscena provocación. Me aprieto contra él y oigo un leve quejido, está preparado para mí.
    — ¿Qué es lo quieres?- le hago de nuevo la pregunta clave.
    —Fóllame -me responde con rigor mirándome intensamente.
    Me acerco a su erección y me froto ligeramente, abre la boca clavando sus dedos en mi cintura. Me froto por un largo tiempo sin apartar mis manos de sus hombros y el las suyas de mi cintura. Lo hago cada vez más rápido estimulando mi clítoris, el empieza a jadear yo intento no emitir ningún sonido, quiero oírle, quiero sentir su placer, es mío, le hago mío y quiero que me suplique, eso es lo que realmente deseo- sus suplicas, su desesperación. Aparto las manos de los hombros y me apoyo en sus rodillas para que así tenga una visión mejor de lo que le hago y de lo que quiero. Con la mano derecha sujeto su erección y empiezo a masturbar, su respiración se descontrola y hace muecas de dolor, me gusta…si…me gusta mucho. Me doy golpecitos, ligeros toques con su pene luego le agarro los testículos apretando con fuerza, el vuelve a gritar.
    — ¡Dios! - grita echando la cabeza atrás
    Se los masajeo y le pellizco, le dan pequeños espasmos cada vez que lo hago. Esta tenso, muy tenso y yo descontrolada, no imaginaba que oír gritar a un hombre sería tan placentero y eso me envuelve en una lujuria muy enfermiza. Me agacho y se los chupo, succiono…y succiono…hasta que él está a punto de sucumbir y me detengo.
    —Me vas a matar- dice entre jadeos
    —Mmm…eso es lo que quiero, quiero oírte gritar, que me supliques y agonices de placer.
    El intenta mantener la compostura pero a estas alturas ni siquiera podría ponerse en pie, él sudor baña su maravilloso cuerpo y las ansias de estar en mi interior le enloquecen. En su desespero me sujeta de la nuca y la otra mano enrosca mi cintura estrechándome contra él. Me atraviesa con la mirada y siento que me voy a deshacer.
    — ¿Quieres follarme o quieres que te folle?, me estas torturando - dice con un tono glacial.
    —Siento decirte que esta noche tú y tu cuerpo me pertenecéis y vas a seguir sufriendo para mi deleite.
    Aprieta su abrazo y gruñe presionándome contra su regazo mordiendo mi cuello, le aparto las manos levantándome y me dirijo hacia la puerta, cojo el pomo y me giro para mirarle, él está inmóvil con los ojos muy abiertos.
    — Quiero que te quedes en el asiento y empieces a masturbarte muy lentamente, muy despacio y no te detengas en ningún momento -le ordeno con voz suave
    Abro la puerta y dejo entrar a una chica, cierro tras ella y la llevo hacia él. El sigue deslizando la mano por su pene muy despacio arriba y abajo mirándome con recelo. Estamos delante de él y yo comienzo a desnudarla, lleva un vestido de tirantes corto, le deslizo primero un tirante y después el otro por los hombros mientras le doy un suave beso en los labios. Ella se deja llevar, no me toca yo soy la única que lo hace. Le bajo la cremallera y le retiro el vestido.
    —Quítate las bragas- le susurro
    Lo hace. Ahora lleva solo unas medias negras hasta la ingle y tacones de aguja negros. Le doy la vuelta para que quede de espaldas a él y con el dedo índice trazando una línea recorro sus omóplatos… la espalda y me detengo al final de la columna vertebral.
    — ¿Te gusta lo que ves?- le pregunto fijando la mirada en la suya.
    —Si - responde sin cesar en su masaje.
    Le doy la vuelta para que vuelva a quedar de frente a el y acaricio con la nariz su mandíbula ella hecha la cabeza atrás respirando profundamente, después le beso el cuello muy despacio hasta llegar al hombro. Deslizo mi mano a largo de su brazo y cuando llego a la mano la sujeto para conducirla a donde él está mirándonos expectante. Aparto su pelo dejándolo en su otro hombro para susurrarle en el oído:
    —Haz que se corra de la forma que tú quieras.
    Ella sonríe lentamente y fija la mirada en él.

    Continuará…
  • amandoamando julio 2014
    @ambrosia y @amomartin...bienvenidos...ultimamente paso poco por aqui...
    @ambrosia...solo he leido el principio...pero me gusta como escribes...
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Gracias,@amando...espero que sigas lleyendo
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014

    Agonía placentera
    Parte III

    El sigue masturbándose con movimientos muy lentos mientras la recorre con los ojos ávidamente. Le gusta, le gusta mucho lo que ve y lo que está por venir. Yo me acerco y me sitúo detrás de él posando las manos en sus hombros, me inclino para hablarle oído. Ella se pone de rodillas entre sus piernas, le aparta las manos y comienza a degustarle.
    — ¿Lo deseas? – le digo mientras acaricio su oreja con los labios.
    —Si… lo deseo -jadea
    — ¿Qué es lo que deseas?- pregunto con voz sensual
    —Todo lo que me puedas dar
    Sonrío a su respuesta. Me alejo de él y me siento en el sillón que está en frente de la silla en la que se encuentra sentado. Me quedo observando lo que ella le hace con la boca, chupando…y chupando… con devoción. Eso me excita, me gusta ver su satisfacción y la tensión reflejada en su rostro, si…es muy morboso, me gusta, me gusta mucho. El echa la cabeza atrás abriendo la boca con la respiración alterada.
    —Nina, acércate – le digo mostrándole una mordaza.
    Ella se incorpora dejándole con las ansias, cuando llega a mí me levanto y la amordazo con delicadeza.
    — Únicamente deseo oírle a él. Yahora quiero que te lo folles -le ordeno impasible.
    Ella se incorpora y pone a horcajadas sobre él, coge su pene y lo mete dentro de sí muy lentamente, centímetro a centímetro hasta hundirlo completamente. Empieza a hacer círculos con las caderas una y otra vez muy despacio y sin cesar mientras el gruñe. Estoy húmeda, muy húmeda la visión que tengo delante me vuelve loca. Quiero más, quiero que disfrute su placer es el mío también. Ella cambia de ritmo, ahora más rápido, más y más, los círculos cesan convirtiéndose en empaladas, lo cabalga con desenfreno y el jadea… y… jadea sin poderlo remediar. Yo sigo con la camiseta mojada que envuelve mi cuerpo hasta los muslos, no me toco solo les miro disfrutando del espectáculo. El ya no aguanta mas y se corre ahogando un grito.
    —Gracias, Nina-le digo acercándome a ella.
    Le doy un beso en la comisura de los labios y ella se marcha.
    Me pongo delante suya y le miro, me esta sonriendo satisfecho.
    —Quiero más, mucho más - dice mientras acaricia mi muslo para luego pasar la lengua por la misma trayectoria.
    De pronto las ansias le pueden, me agarra de la cintura y lleva su boca a mis pechos estimulándolos a través de la tela. Mis pezones se endurecen la que jadea ahora soy yo, los aprieta, los estruja y los masajea, su boca es cruel, insaciable y me castiga. Me muerde gruñiedo, hundo mis dedos en su cabello mientras me corro en silencio, no le daré la victoria, él me sonríe travieso.
    —Bien, pequeña… me toca - me dice soltándome
    Se dirige hacia la puerta y cuando la abre entran dos hombres. Se colocan a ambos lados de mí, mientras que el se queda delante mía, me sujeta del mentón y me dice bajito:
    —Te dije que quería mucho más
    Me escruta con la mirada sin soltarme.
    —Y lo voy a tener- me dice dándome un toque con la lengua en los labios.
    Se da la vuelta y se sienta en el sillón, apoya el tobillo derecho en la rodilla izquierda mirándome de arriba a abajo.
    —Quiero oírla gritar-les indica a los hombres que cambian de posición.
    Ahora tengo uno delante y otro detrás
    —Y otra cosa… su boca es mía.
    Ellos asienten. El que tengo detrás me agarra del trasero y masajeando mis glúteos los aprieta con fuerza, el que está enfrente besa mi cuello hasta llegar a mis pechos recreándose con ellos. Un azote, otro y otro provocan mis jadeos, vuelvo sentir la palmada esta vez más fuerte, más sonora haciéndome gemir.
    —Vamos, quiero oírte- me susurra el de atrás dándome azotes más fuertes.
    Miro a Max que me observa con lujuria sin moverse del sillón. No puedo evitar gemir, pero no les daré el placer de gritar. Unos dedos penetran mi vagina hurgando despiadadamente, mi otro orificio se ve invadido también, me están estimulando por delante y por detrás. Uno de ellos se tumba en el suelo haciendo que me ponga encima, apoyo rodillas y manos en el suelo y siento algo frio en mi trasero, es lubricante, el de atrás se dispone a penetrarme analmente, primero juega paseando su pene por mi orificio y entre las nalgas, luego lo va hundiendo poco a poco en mi interior, siento como me abro y duele, duele mucho, pero no grito. El que tengo debajo succiona mis pechos mientras estimula mi clítoris. Nos movemos lentamente, uno me sujeta de las caderas y el otro por la cintura empalándome contra el que me penetra. Intento resistir, pero me estoy cediendo, tengo calor, mucho calor, me estoy sofocando y el aire no me llega, no puedo respirar, empiezo a jadear, fuerte, muy fuerte. Vagamente veo como Max se levanta del sillón. Estoy acalorada y sudada, subo la mirada y le veo mirándome con la cabeza inclinada a un lado y sonriendo con picardía.
    —Abre la boca – pide con voz profunda y sensual
    La abro y el acaricia mis labios con su pene.
    —Mas- insiste.
    Lo hago y me penetra hasta tocar mi garganta retirándose rápidamente, así otras tres veces, mientras las embestidas que recibo por el otro hombre son cada vez más rápidas y profundas no puedo más y grito, grito de dolor y placer, en ese momento Max me coge de la barbilla y me besa furtivamente silenciando mis gritos.
    —Muy bien, nena -me apremia tirando de mi labio inferior con los dientes
    La sangre me sube a la cabeza y un calor infernal me consume. Los dedos en mi clítoris no dan tregua y los envites me van a partir por la mitad, llega el momento y me corro de forma brutal mientras cuatro manos me sujetan, poco después el que me penetraba se deja ir en silencio, sale de mí y se levanta, yo soy incapaz de incorporarme, Max me coge en sus brazos. El que estaba bajo mi cuerpo se incorpora también degustando mi sabor en sus dedos, al ver eso casi me de otro orgasmo.
    —Gracias, chicos - les dice conmigo en brazos
    Ellos salen de la habitación.
    —Ahora quiero follarte yo – me dice lamiendo mi cuello.
    Me empotra con la pared y yo agarrándome a su cuello le rodeo la cintura con las piernas.
    —Esta noche me has hecho sufrir, pequeña
    Acaricia mi hendidura con su dura erección arriba y abajo provocándome deliberadamente, me penetra con brusquedad, se queda inmóvil y gira una vez sus caderas, tras eso empieza una despiadada penetración, muy rápida, muy profunda, muy salvaje. Sus testículos chocan contra mi piel y yo me siento desfallecer. Reposa su cabeza en mi cuello mientras me agrede de esa forma placentera, arremetiendo con crueldad y fiereza. Grito, chillo le doy todo de mí y él lo recibe con fervor.
    —Eso es, quiero oírte –masculla.
    Ambos llegamos al clímax mezclándose nuestros fluidos. Caemos al suelo, estoy en su regazo y el me aprieta contra su torso respirando al unísono turbiamente.
    —Ha sido una agonía muy placentera, muñeca
    Le sonrío exhausta y le beso haciéndole mío de nuevo perdiéndonos en el placer…
  • LaBocaLaBoca julio 2014
    Querida @Ambrosia,
    es usted un soplo de aire fresco por estos lares....

    Le confieso que me ha hecho volver a picar en el foro.....y de pecar, ya ni le cuento! jajaja

    Un abrazo y bienvenida. :-))
  • LakottLakott julio 2014
    Uauuuuuuu menuda agonía ....
    @ambrosia un relato muy caliente y sensual que no deja indiferente, uff que calor.....
  • LaBocaLaBoca julio 2014
    a ver @Lakott, ¿en qué quedamos?
    ¿soplo de aire fresco o calor? jajaja

    Un abrazo, :-P
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Muchas gracias @LaBoca y @Lakott
    Espero que el aire fresco siga avivando los calores...provocando sofocos...
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu julio 2014
    Escribes muy bien @Ambrosia
  • LakottLakott julio 2014
    Señorita @LaBoca si usted lo desea podemos discutirlo sentados en una terracita con un par de refrescos en mano.

    Un saludo guapa ;-)
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Gracias @ElPuntoGiu,me alegra que te guste.
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Últimamente estoy fantaseando demasiado y no lo puedo evitar,así que me gustaría poderlo compartir.Que disfrutéis...

    Castigo

    Parte I

    — ¡Aah…! – sollozo
    — ¡Silencio!- me mira furioso y me vuelve a dar con la vara.
    —No…por favor- suplico
    — ¿No, qué?- y me atiza
    —No sigas, Amo
    — ¿Te vas a comportar?
    —Si
    — ¿Si, que?- y la vuelve a incrustar en mi piel.
    —Sí, Amo
    —Bien, eso es lo quería oír
    —Abre las piernas- me pide al oído
    Estoy temblando y mis manos se encuentran por encima de mi cabeza atadas con una cadena que desciende del techo, me siento vulnerable y muy cansada, abro como puedo las piernas mientras las cadenas soportan todo mi peso. El me da pequeños toques en el clítoris tensándose mi cuerpo entero, me retuerzo de placer pero también de dolor.
    —Amo…- gimo
    —Dime, preciosa
    —Por favor…
    — ¿Qué te ocurre?
    —No puedo…
    Deja de masturbarme y me atiza los pechos con la vara. Sofoco un grito.
    —Yo diré cuando esto se acaba ¿entendido?
    —Si
    — ¿Sí, qué?- y me azota
    —Sí, Amo
    —Sinceramente, eres muy desobediente – dice suspirando
    —No, Amo - musito
    —Tendré que ser más estricto ¿quieres obligarme a eso?
    —No, Amo. Seré buena, por favor…
    Tira la vara y me sujeta para liberar mis manos. Soy un trozo de carne entre sus brazos, me coge de los muslos echándome a hombros y me lleva hacia la cama que hay en la otra habitación, estoy cansada y no me puedo mover, no me resisto, solo quiero dormir. Me tumba acariciando tiernamente mi rostro mientras me retira el pelo de el.
    —Así, preciosa… duérmete- y me besa en la frente.
    Abro los ojos sobresaltada, me incorporo en la cama con un tremendo dolor de cabeza, todo me da vueltas, tengo náuseas y arritmia, me entra el pánico. Debo irme, tengo que salir de allí antes de que vuelva, no puedo seguir… no soy capaz, me pongo rápidamente la camisola y boxers negros, de pronto siento su presencia. Me quedo helada, está apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados, me observa… me observa… y me observa…sin decir nada. Esa mirada me perturba y aturde, dejo de respirar y el corazón me va estallar.
    — ¿Vas a alguna parte?- dice impasible
    — Quiero romper el contrato – mascullo
    — ¿Que has dicho?- me pregunta con un semblante gélido
    —Lo que has oído
    Se acerca amenazante y yo doy un paso atrás.
    — No volverás a tocarme- le grito
    —Lilly…- me advierte
    Vuelve a dar un paso hacia mí y yo retrocedo.
    — ¡No te acerques!-siseo
    — ¿A qué viene todo esto?-pregunta irritado
    Me mira confuso y con el ceño fruncido.
    —Si no recuerdo mal cuando firmaste el contrato eras plenamente consciente de lo que iba a ser nuestra relación.
    —Tienes razón, pero nunca pensé que serias tan depravado.
    Alza las cejas sorprendido.
    —Eres un hijo de puta sádico y cruel que tortura, martiriza y disfruta haciendo daño a los demás - le vuelvo a gritar.
    Esta cabreado, muy cabreado y la ira le carcome.
    —Cuidado… -me advierte con voz fría.
    — ¿Cómo puedes someterme de esa forma?- le pregunto dolida
    —Eres mi sumisa y creo que sabes perfectamente lo que eso significa.
    — ¿Y por ello tienes que castigarme tan despiadadamente?
    Me aterro al ver que sonríe de forma malévola y retrocedo hasta chocar con la pared.
    —Preciosa… no tienes ni idea de hasta dónde puedo llegar y te aseguro que lo que has experimentado en el tiempo que hemos compartido nada tiene que ver con lo que realmente suelo hacer con mis sumisas, sobre todo cuando me desobedecen.
    —No lo permitiré ¡me voy!
    Sonríe negando con la cabeza, se acerca a mí y apoya las dos manos en la pared a ambos lados de mi cabeza. Me quedo inmóvil con los ojos muy abiertos.
    —Por si no te has dado cuenta estas en mi casa, en mi habitación y ahora mismo entre la pared y yo, me gustaría saber cómo piensas salir de aquí.
    Tenerle tan cerca es desconcertante y abrumador, estoy perdiendo fuerzas, sigo sin moverme.
    — ¿Qué ocurre? ¿No te ibas? ¿o será que… montas todo este numerito porque todavía no te he follado?
    — ¡Que te den!- espeto furiosa
    Suspira.
    — Te aconsejo que mantengas esa boquita cerrada o verás de lo que soy capaz realmente.
    — ¿Me estas amenazando?-me revelo.
    —Te estoy avisando-dice con una voz suave.
    —Eric, por favor, déjame ir -le pido paciente
    — ¿Quieres que te folle?-me pregunta cerca de mis labios y con el dedo índice bajo mi mentón.
    Le miro desconcertada, en el mes que llevamos como Amo y Sumisa no hemos tenido sexo y eso me frustra, parece que disfruta solo cuando me castiga.
    —Te he hecho una pregunta. Responde
    —No
    — ¿No?- alza una ceja mirándome como si supiera que estoy mintiendo.
    Niego con la cabeza.
    —Yo creo que sí
    No contesto.
    —Bien, entonces te haré suplicar
    Me agarra de la muñeca y me arrastra hacia la cama tirándome sobre ella, sin poder zafarme de él se sienta a horcajadas sobre mí y me sujeta las manos por encima de la cabeza con una de las suyas, yo me retuerzo horrorizada.
    —Eric… ¿qué haces?- pregunto aterrada
    —Te follare… y… follare… y tu insolencia quebrantare-dice en un tono muy tranquilo.
    Esto es como el cuento de los tres cerditos y el lobo, algo bastante perturbador teniendo en cuenta que él es el lobo y yo…bueno, es obvio. Tengo miedo, mucho miedo, nunca le había visto así, esta furioso, excitado y muy ansioso por volverme a castigar.
    — ¡Eric, para! – grito desesperada
    —Si sigues resistiéndote te voy a atar, si te oigo gritar te amordazare y como no te comportes voy a usar la fusta ¿está claro?
    Asiento con lágrimas en los ojos.
    —Oh, no pequeña, no llores- me dice con voz aterciopelada secándome las lágrimas con el pulgar.
    Giro la cabeza a un lado para no mirarle, le odio y le deseo más que nunca. Me mira pensativo y siento que sonríe levemente.
    —Mírame- me pide en tono bajo y tranquilo
    Me niego a hacerlo.
    —Lilly, se buena- me pide
    Le miro con rabia contenida, quiero quitármelo de encima. Me penetra con la mirada, se inclina y acaricia mi nariz con la suya mientras me explica:
    —Desde que te vi quise someterte, me provocas un morbo que me lleva al desenfreno y si no te he follado hasta ahora es porque quería castigarte y disfrutar de tu agonía, sé que me deseas y que estas ansiosa por desnudarme, por sentir mi polla en tu boca y en tu interior, por ser mía y quedar a mi merced ¿me equivoco?
    Le miro sin contestar.
    —Sé que lo deseas desesperadamente, pero lo que no sabes es que una vez lo haya hecho no te dejare ir, ¿estas preparada para eso?
    Besa la comisura de mis labios y yo jadeo.
    —Contesta – me exige dándome un azote.


    Parte II...
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Castigo
    Parte II


    —Si –musito-sin saber si estoy preparada o si quiero que lo haga.
    Me da la vuelta entera para situarme boca abajo ya que estoy de lado y sujeta mis manos a la espalda.
    — ¿Si, qué?-me vuelve a azotar mucho más fuerte, está más que furioso.
    —Amo… - consigo decir antes de recibir dos azotes estridentes.
    — ¿Amo? ¿ahora soy, Amo?- masculla. — Me has faltado el respeto, te has dirigido a mí de forma inapropiada y has desacatado mis órdenes, son infracciones muy graves, Lilly -me habla al oído. —No olvides que hemos llegado al metaconsenso , una decisión que has tomado libremente y que te sugerí pensaras detenidamente, pero ni siquiera eres capaz de seguir un consejo.
    —Amo…lo siento - digo entre dientes resentida y con la intención de provocarle.
    — ¿De verdad quieres jugar a eso? – me pregunta con voz engañosamente dulce sabiendo perfectamente cuales son mis intenciones.
    Vuelve a darme la vuelta atrapando mis manos bajo mi propio cuerpo.
    —No puedes ni imaginar de lo que soy capaz, el tiempo que hemos compartido hasta el momento nada tiene que ver con lo que realmente suelo hacer con mis sumisas, sobre todo cuando me desobedecen. Te he estado formando durante un mes pero tu rebeldía te impide acatar mis órdenes. Ya no estás en prácticas y voy a ponerte a prueba, preciosa. Cada vez que incumplas una orden recibirás un castigo elevando gradualmente la intensidad del mismo, podrás conocer el verdadero significado de “despiadado y cruel”.
    Me estremezco al oírle decir eso y que me haya recordado lo del metaconsenso me frustra todavía mas, si se me hacía difícil hasta el momento no quiero ni pensar en lo que me haría jugando de verdad. Me suelta y se levanta de la cama.
    —Ponte de pie a mi lado -me ordena
    Sin demorarme me levanto y situo a su lado.
    —Desnúdate para mí.
    Lo hago como a él le gusta… despacio, le encanta embeberse de mi cuerpo. Tras quedar completamente desnuda saca de su bosillo una cadena de oro con una especie de pequeños engranajes punzantes en los dos extremos, me los coloca en los pezones y los ajusta.
    —Arrodíllate
    Cuando voy a hacerlo el agarra la cadena tirando imperceptiblemente de ella, soy incapaz de tocar el suelo con las rodillas, los pinchos presionan mis pezones y cuanto más tensa la cadena más se clavan.
    —Te he dicho que te arrodilles, obedece.
    Lo vuelvo a intentar pero el tira un poco de la cadena.
    — ¡Aah!- grito frustrada
    Me está castigando, es lo que hace, castigarme como él sabe.
    —Lilly… es una simple orden ¿tanto te cuesta cumplirla?- pregunta sarcásticamente.
    Otra vez me agacho y el vuelve a tirar, me incorporo como acto reflejo.
    —De rodillas –me ordena
    Sollozante vuelvo a intentarlo y consigo arrodillarme.
    —No vuelvas a desafiarme – dice con voz melodiosa.
    —Levanta - pide y tira de la cadena hacia arriba, ahogo un grito incorporándome.
    Me sujeta de la nuca y me acerca a el para besarme suave, lento… y lo disfruto como si de un elixir se tratara.
    —Ve al ático y espérame allí-murmura en mis labios.
    Sabe que detesto ese lugar lleno de instrumentos de tortura, está claro que esta noche va a martirizarme hasta que me doblegue. Subo y le espero como me ha pedido. Al llegar lleva puestos únicamente los boxers. Estoy mirando al suelo y me siento muy nervosa por lo que me espera. Veo que lleva en la mano una especie de joya.
    —Ven aquí
    Me acerco a él.
    —Date la vuelta e inclínate hacia adelante, luego abre bien las piernas y sujétate a los tobillos.
    Esto va a doler, sé que va a doler, lo sé. Me agacho y hago lo que me dice. Siento sus dedos entre mis nalgas , suavemente arriba y abajo me incita y provoca, luego me unta con lubricante.
    —Relájate-me incita acariciando mis costados.
    Siento que me introduce algo.
    —Esto es una joya anal, no va a dolerte,silo te dará placer- me informa
    Después de introducirla me sorprende dándome un fuerte azote.
    —Ya puedes incorporarte.
    Lo hago sintiendo la joya incrustarse en mi y me doy la vuelta para mirarle.
    —Quítame los boxers-vuelve a ordenar
    Alzo la mano hacia el pero antes de alcanzarlos se aparta.
    —No he dicho que lo hagas con las manos, quiero que los quites con los dientes.
    Suspiro y me vuelvo a poner de rodillas con mis manos apoyadas en los laterales de sus muslos.Muerdo la cinturilla con los dietes delanteros y los arrastro hacia sus tobillos,el sonríe divertido ante el espectáculo.Se los quito y vuelvo a levantarme,pero el me detiene.
    —No, quédate así - me indica.
    Se dirige hacia la cama y coge un collar de plata con múltiples cadenas, "esto promete". Vuelve a acercarse a mí y me lo coloca en el cuello, dos cadenas con grilletes descienden de él cruzando mi espalda hasta llegar a mis muñecas, cierra los grilletes a su alrededor y me levanta sujetándome de los brazos.
    —Bien, esto es lo que haremos: te voy a follar desde atrás, muy duro mientras te sujeto y tiro de las cadenas, llegado el momento apretaré la cadena principal alrededor de tu cuello, no te voy a dejar inconsciente solo te sentirás un poco aturdida y la vista se te nublará, pero esto lo haré cuando estés cerca del orgasmo para que la sensación sea más intensa.
    Respiro con dificultad, el nota mi nerviosismo.
    —Aunque tengamos metaconsenso si te entra el pánico y quieres parar solo tienes que hacer la señal y pararé, ¿entendido?
    Asiento con ansia.
    —Te he hecho una pregunta, contesta -exige divertido
    —Si, Amo
    Me besa en la punta de la nariz.
    —Coge el bote de gel que hay detrás de ti.
    Lo hago y le miro sin entender.
    —Quiero que me untes con el-dice haciendo ademan a su pene.
    Encantada de poder tocarle por fin, me hecho un poco en la mano y muy despacio se lo unto por toda su longitud, al sentir la tersura y rigidez de su miembro mi sexo empieza a arder y tengo la necesidad de tenerle en mi boca.El disfruta con mi toque,echa la cabeza atrás respirando profundamente,noto como se le acelera y sujeta mi mano para que pare.
    —Es suficiente
    Aparto la mano y el se coloca detrás mía sujetándome del collar.
    —Esta noche vamos a experimentar. Te ensañaré las veces que sean necesarias hasta que te aprendas de memoria cada parte de mi cuerpo.
    Jadeo al sentir sus labios en mi cuello.
    —Voy a volverte loca-me susurra.

    Continuará...


  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014

    Castigo
    Parte III


    Me azota, una, dos, tres veces…al final grito y me suelta dándome la vuelta , me coge de la mandíbula haciendo que le mire a los ojos y mete su dedo índice en la boca.
    —Chupa-ordena
    Lo hago, despacio envuelvo su dedo con la lengua y luego lo succiono, el entreabre la boca al ver mi deseo. Lo saca bruscamente.
    —De rodillas-sisea
    Y me sujeta del collar obligándome a arrodillarme.
    —Me has ensuciado, límpiame
    Y le veo sujetarse la enorme y palpitante erección resplandeciente por el gel. Me dispongo a hacerlo cuando me detiene.
    —No, empieza por mi tobillo hasta que llegues a mi polla, quiero sentir tu lengua durante todo el recorrido.
    Me agacho y empiezo por el tobillo despacio, muy despacio, me gusta su sabor, su piel, es…embriagador, llego a los testículos y me recreo en ellos, el suspira, los muerdo levemente provocándole un espasmo, sonrió y el me fulmina con la mirada. Me levanta bruscamente tirando de los grilletes y me pone de pie sin ningún esfuerzo. Coge una delas cadenas del collar y la mete entre mis piernas, esta es diferente ya que está cubierta de satén, y la vuelve a sujetar al collar, es un poco molesto por que al más mínimo roce se inserta e mi interior frotándome en el clítoris, quita la joya anal y eso casi me produce un orgasmo, estoy muy necesitada, vuelvo a quedar de espaldas a él.
    — Me provocas, desafías, eres insolente, muy desobediente, una niña mala que necesita que la castiguen muy severamente –me habla al oído
    Y tira de la cadena, jadeo por el contacto de esta con mis dos orificios. Me azota y vuelve a tirar, la fricción es cada vez más intensa.
    —No te corras, Lilly- me advierte
    Vuelve a tirar una y otra vez friccionándome despiadadamente, ahora sí que jadeo sin parar. Respiro tan deprisa que creo que voy a sufrir un ataque, la sensación es desquiciante.
    —No -me repite.
    Lo intento, lo intento con todas mis fuerzas, y de pronto me da con la fusta, está intercalando la combinación, fricción, fusta, fricción, fusta.
    —Amo-gimoteo
    —No…
    —Aah…joder - estoy en delirio y extas, con la única idea de no correrme.
    Tira la fusta y me muerde en el cuello, aprieta mi pecho en su mano y con la otra tira de la cadena de oro.
    — ¡No…!
    —Si…gatita…eres mía - dice con una voz dulce y lujuriosa.
    Y tira a la vez de la cadena entre mis piernas tensándola al máximo hasta sentir que podría resquebrajarme y la que está en mis pechos.
    — ¡Amo!- grito
    Me duele, me duele demasiado pero el placer es todavía mayor, cierro las piernas de golpe.
    Decide parar y me lleva al centro de la habitación donde cuelga un enorme gancho que desciende del techo, me levanta los brazos y cuelga la cadena que une mis grilletes en él y se aparta para rodearme observándome de arriba abajo, se detiene en frente de mi .
    —Preciosa-exclama
    Me toma por la cintura con un brazo y me estrecha contra su cuerpo. Pasa los dedos por mi rostro deleitándose deliberadamente y me besa brutal, bestial chocando nuestro dientes, me roba el aire, tan tierno y dulce en un instante y tan brusco y salvaje en otro. Gruñe mientras me posee con la boca y yo soy toda suya dispuesta a darle cuanto me pida. Su mano se inmiscuye en mi intimidad introduciéndome los dedos bruscamente, gimo por la intromisión y el aprieta todavía mas su boca contra la mía. Se separa con la respiración agitada cogiéndome de las caderas y choca la suya contra la mía frotándose de lado a lado o haciendo círculos, eso me vuelve loca, muy loca, siento su erección en la piel y la tortuosa combinación choque- fricción es mi perdición.
    — ¿Me deseas?-pregunta jadeando sin cesar en sus movimientos
    No contesto, no puedo, me falta el aire.
    —Contesta, Lilly-me pide con voz tranquila mientras sigue provocándome.
    Siento que me voy a derrumbar y el calor me sofoca peligrosamente.
    —Sí, amo.
    — ¿Qué es lo que deseas?
    —A ti, Amo. Por favor, follame.
    Sonríe satisfecho y por la dificultad que tengo al hablar, se coloca detrás mí y noto su miembro entre mis nalgas, lo pasea arriba y abajo lentamente mientras me besa el hombro, ahora le siento en mi sexo, duro y caliente. Me penetra de un golpe seco y grito, sale despacio y lo vuelve hacer, una maniobra que repite en un intervalo de cinco minutos, coge ritmo penetrándome bruscamente hasta el fondo y saliendo rápido, oigo chocar nuestros cuerpos y eso me excita todavía más. Siento como se acerca el clímax al igual que él.
    — ¿Preparada?- me susurra
    —Si –musito
    Arremete con más fuerza y entonces la cadena central del collar se enrosca en mi cuello aprisionándolo, dejo de respirar y se hace el silencio, el tiempo se detiene y un calor intenso y abrasador envuelve mi cuerpo, las lágrimas recorren mi rostro, todo se distorsiona y una presión enorme se concentra en mi diafragma y vientre hasta explotar y liberarse esa maravillosa energía, no puedo gritar, no puedo hablar, es el nirvana, un trance, una quimera y me dejo caer.
    — ¿Estas bien?- me pregunta acunándome en sus brazos mientras acaricia mi rostro.
    Le sonrío, es lo único que puedo hacer y el me abraza con más fuerza besándome en el pelo.
    —Todavía no he terminado contigo- dice juguetón
    Me echa a hombros y mientras camina me dice:
    —Tenemos que ducharnos y comer algo, yo estoy completamente exhausta.
    —Vale
    Me da un azote.
    — Si, Amo-me corrige
    —Sí, Amo
    —Nunca lo olvides, preciosa.
    Nos damos una ducha, me hace limpiarle a conciencia siguiendo cada uno de mis movimientos. Me lo quedo mirando, su torso fuerte y seductor, su vientre, sus brazos, sus labios que dibujan una sonrisa al ver que me embebo de él y que le deseo aquí y ahora. Deslizo mi mano por su rostro y el cierra los ojos extasiado por aquel contacto íntimo, pero me coge la mano portándola y besando mis nudillos.
    —No-dice negado levemente con la cabeza.
    Salimos de la ducha, me viste con el camisón de tirantes y me envía al salón a esperarle. Al cabo de un rato veo que pone la mesa, un plato, un vaso, un par de cubiertos…Se sienta y corta un trozo de carne y se lo mente en la boca masticando muy despacio, traga y da un sorbo al vino.
    —Ven-me ordena

    Parte IV...

  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Castigo
    Parte IV

    Me acerco lentamente, expectante.
    —Ponte de rodillas a mi lado.
    Lo hago y me quedo a la espera. Corta otro trozo.
    —Abre la boca - pide con el tenedor rozando mis labios.
    La abro y me da el trozo de carne.
    —Buena, chica –sonríe.
    Me hace beber una copa de vino, al acabar acaricia mi pelo, ahora queda el postre. Recogemos todo y luego volvemos al salón. El sentado en esa enorme mesa de cristal en la que solo hay un cuchillo de plata y una copa de chocolate, y yo de rodillas a su lado, llega el momento del dulce martirio. Coge una cucharita y se dispone a dármela, la recibo ansiosa relamiendo e intentando provocarle, el arquea una ceja ladeando su sonrisa más sensual. Lo vuelvo a hacer y su mirada se enturbia, puedo sentir su deseo. Ahora toma una cucharita él y luego se dirige a mí para darme otra, deliberadamente dejo que el chocolate se deslice por una de mis comisuras acariciando mi barbilla y garganta, y ahí está el fuego, la lujuria. Con un movimiento aparta las cosas de la mesa, me agarra y me tumba en ella colocándose entre mis piernas, con la lengua recorre el camino que ha trazado el chocolate haciéndome gemir. Coge el cuchillo y lo desliza por mi mejilla, entreabro los labios y siento el frio metal en ellos.
    —Me vuelves loco -dice en voz baja mientras pasea el cuchillo por mi piel.
    Lo desliza por mi cuello, las clavículas y los hombros cortando los tirantes. Sube el bajo del camisón y sin más preámbulos me penetra muy lentamente como si quisiera sentir cada centímetro de mí. Sus movimientos son suaves pero profundos, muy profundos con un ritmo agónicamente lento mientras reparte besos por todo mi rostro y torso.
    —Siénteme -me pide entre jadeos. —Siénteme tal y como yo te siento a ti.
    Me corro de forma descomunal e intensa atrayéndole en mi interior, atrapándole lo que le empuja a saborear el clímax también. Se derrumba encima de mí con la frente en mi hombro intentando serenarse. Se incorpora apoyando las manos en la mesa a ambos lados de mí, entonces me clava la mirada.
    — ¿Por qué me castigas de forma tan cruel?-pregunta con voz de terciopelo.
    —No más de lo que tú lo haces conmigo…Amo -contesto con una sonrisa.
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu julio 2014
    @Ambrosia, me gusta tu estilo escribiendo. No creí que me fuese a interesar mucho por el tema de la sumisión, pero reconozco que me ha enganchado la historia.
  • DonatienDonatien julio 2014
    Escrito a petición de la protagonista....Fue todo un placer ser su Javier
    Mi reloj marca las 5:18 p.m.He quedado con él,mi amante,mientras mi marido sigue con su estúpida manía de pescar.
    A doce minutos de mi cita me levanto del asiento y mis piernas se despegan lentamente del tapizado gris y rojo.
    Con la mano fría, nerviosa, pulso el botón para indicar al conductor que se detenga en la próxima parada.
    Me imagino al señor de pelo cano sentado dos asientos más atrás observando mi figura de arriba abajo, y me pregunto si mis piernas estarán enrojecidas por el tejido sintético de mi asiento.
    Veo al conductor mirarme por el espejo retrovisor antes de pulsar el botón de apertura que me permita salir.
    Bajo los dos escalones que me separan del abrasador asfalto del mes de julio y parece que mis tacones quedan pegados, fundidos.
    El autobús cierra las puertas tras de mí y siento la brisa que levanta al ponerse en movimiento.
    A cada paso que doy mi vestido se mueve ondulante, insinuante al ritmo que marcan mis caderas, exageradas en su movimiento por esos tacones que hacen aún más esbelta mi figura.
    Me describió cómo era y la ropa que llevaría. Intento imaginármelo.
    Reímos al recordar una vieja película en la que la protagonista se pone un estrafalario sombrero para ser reconocida.
    A cincuenta metros del lugar de la cita, me estiro el vestido, aparto mi flequillo a un lado y decelero mi paso.
    Procuro parecer tranquila mientras mi corazón bombardea mi pecho.
    A unos dos metros del café le veo: un hombre alto,atractivo ,como me dijo quien dejará de ser mi amante virtual de chat. Me observa tras sus gafas de sol que se retira despacio mientras me aproximo a él.
    -¿Paloma?- dice.
    -¿Javier?- pregunto, respondiendo a su pregunta.
    Es obvio que somos nosotros. Nos damos un beso en la mejilla y no puedo evitar respirar profundamente al contacto de sus labios en mi piel.
    Me cede el paso y entramos al local.
    Al final del pasillo que forma la barra hay varios recovecos, como pequeños refugios. Me dirijo lenta y nerviosa a uno de ellos al abrigo de miradas indiscretas.
    Pedimos al camarero algo de beber que nos quite esta sequedad de boca.
    Humedezco mis labios varias veces en espera de la bebida.
    Por fin el camarero nos sirve un cocktail en dos copas altas.
    Brindamos por esas tres semanas de conversaciones, risas y sexo virtual.
    Aproximo la copa a mis labios que se entreabren para recibir el líquido.
    Está frío, dulce. No sé exactamente a qué sabe. Me gusta.
    Dejo el cocktail en la mesa y miro a Javier, que me observa.
    Con un brillo en los ojos me dice que le gusto de verdad. Que en el chat no se imaginaba que yo fuese así.
    Bajo la vista mientras mi dedo da vueltas una y otra vez por el filo de mi copa recordando la última conversación que tuvimos en el chat, sus caricias imaginarias, nuestros jadeos perdidos en la distancia.
    De reojo veo cómo mis pezones se hacen notar tras la fina tela de mi vestido, lo cual no le pasa desapercibido a Javier y me sonríe.
    Deja caer su mano en la mesa, rozando la mía. Respiro hondo sintiendo una extraña excitación. -Dime Paloma- dice –¿me besarías?
    Por un momento me quedo pensando en si debería hacerlo, en que si lo hago ya no habrá vuelta atrás. Pero siento tantos deseos de hacerlo que todo eso me da igual.
    Le miro a los ojos, de un negro azabache y sin decir nada me levanto de la silla y me aproximo a él. Me acerco lentamente a sus labios rozándolos con los míos. Saco mi lengua deseando saborearlos, buscando a tientas la suya. Nos damos un cálido y húmedo beso. Me besa la mejilla, el cuello. Siento el roce de su mano en mi pierna y su cálido aliento en mis oídos -por qué no nos vamos a un sitio más tranquilo- me susurra.
    -Vámonos- digo, excitada como hace tiempo no lo estaba.
    Pagamos la cuenta y nos vamos. Nos dirigimos hacia unos apartamentos que se alquilan por horas. El edificio es moderno. Tiene un pequeño mostrador a la entrada donde una chica nos pide el D.N.I. y el dinero por adelantado. Nos entrega un inmenso llavero en el que cuelgan las llaves, que a su lado parecen diminutas. Puede leerse en letras grandes 607.
    Mientras subimos los seis pisos que nos separan del apartamento no puedo evitar el fuerte impulso que siento y me dejo llevar por mis instintos.
    Le beso, le acaricio el pecho sintiendo el calor de su cuerpo y la temperatura del mío sube más y más.
    Javier me acaricia la espalda, las nalgas. Tira del vestido hacia arriba y ve mi pequeño tanga. Me dice -¡qué buena estás!- entre jadeos.
    El ascensor se detiene y salimos.
    Veo cómo sobresale un bulto en la entrepierna de Javier.
    Al fin llegamos y Javier, ansioso por entrar en la habitación, abre la puerta de un golpe. Me empuja contra la pared y me besa los labios, el cuello, mientras con una mano baja la cremallera de mi vestido. Los tirantes caen y el vestido se desliza hasta el suelo.
    Me agarra los brazos, los levanta apoyándolos en la pared sobre mi cabeza. Me besa los pechos, los mordisquea.
    Yo jadeo, cierro los ojos -si, si- repito una y otra vez.
    Me coge en sus fuertes brazos y me lleva a la cama situada en el centro de la habitación. Se quita la camisa y aparecen unos espectaculares pectorales. Su estómago de piel bronceada me hace imaginar qué es lo que se encuentra más abajo.
    Me incorporo y soy yo la que le quita el pantalón. Quiero sentir cómo su miembro sale disparado al retirarle su ropa interior. He de tirar del slip hacía arriba para quitárselo. Y ahí aparece, excitado, duro.
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    Gracias, @ElPuntoGiu
    Es un placer poder entretener con mi escritura...
  • LakottLakott julio 2014
    @Ambrosia, he seguido con atención tu relato, estoy con Giu, escribes y describes muy bien, incluso he llegado ha sentirme metido de lleno en esa historia. Pero permiteme una opinión muy particular. Precisamente por ese detalle en la descripción, tu relato me ha angustiado.
    He de reconocer que en el mundo de la D/s soy un completo analfabeto. He leido varias historias y muchos comentarios sobre el tema, pero en algunos pasajes de tu historia he vivido la angustia de Lilly.
    Me gustaíia que este comentario no te lo tomaras como una cosa negativa, al contrario ya te he dicho que escribes muy bien eres una gran narradora, pero la temática a mi en particular no me ha gustado, ojo es mi opinión. Ansioso espero poder leer mas cosas tuyas.

    Saludos

    @Donatien, bienvenido. Interesante relato.
  • AmbrosiaAmbrosia julio 2014
    @Lakott, gracias por haberlo leído,me encanta recibir opiniones es algo que me agrada mucho,entiendo que la temática es muy peculiar,pero es solo una fantasía que puede generar una criterio positivo o no tanto.La variedad es algo muy importante y necesario, puede estar bajo la forma de una creación literaria o de un dictamen.
    Pronto terminaré el relato en el que estoy trabajando,por cierto,a mi también me gustaría leerte más,me ha encantado tu relato- Anna.
  • ElPuntoGiuElPuntoGiu julio 2014
    @Donatien, @Ambrosia, qué bueno que nos deis lectura por aquí, gracias
  • ANGELES27 julio 2014
    @ambrosía que agonía placentera tan excitante, llena de calor e imaginación.
  • Nancy75 julio 2014
    Hola... soy nueva aquí, pero quería contarles que por esas fantasías que vuelan en mi cabeza, algunas veces, cuando ando en vestido especialmente, me gusta no ponerme nada debajo, esperando que algun chico o chica, se m acerque y meta sus manos debajo de mi falda, y me toque suavemente... me exita mucho, pero no ha pasado, sigo esperándote...