Confiesa tus sombras

Así son ellos, los Grey - Cincuenta sombras liberadas

Así son ellos, los Grey
  • Con el fin de recrear de la mejor forma posible las escenas que todos conservamos en la cabeza, creo esta habitación, voy a intentar hacerlo en orden cronólogico y lo mejor documentada posible.
  • baionabaiona noviembre 2012
    No tengo nada claro que pudiera llegar a tiempo con Wanda, mi viejo Volkswagen Escarabajo

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  • baionabaiona noviembre 2012
    Por suerte, Kate me ha dejado su Mercedes CLK.
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Marco el precio de la cuerda, el mono, la cinta adhesiva y los sujetacables.
    —Serán cuarenta y tres dólares, por favor.

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  • baionabaiona noviembre 2012
    —Bueno… Nos gustaría hacer la sesión fotográfica para el artículo.
    Respira, Ana, respira. Mis pulmones absorben una rápida bocanada de aire.
    —Mañana, si no tiene problema. ¿Dónde le iría bien?
    Casi puedo oír su sonrisa de esfinge al otro lado del teléfono.
    —Me alojo en el hotel Heathman de Portland. ¿Le parece bien a las nueve y media de la mañana?imageimageimage
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Andamos cuatro manzanas hasta llegar al Portland Coffee House, donde Grey me suelta para sujetarme la puerta.

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  • baionabaiona noviembre 2012
    Me tiende una taza, un platillo, una tetera pequeña y otro plato con una bolsita de té con la etiqueta TWININGS ENGLISH BREAKFAST, mi favorito. Él se ha pedido un café con un bonito dibujo de una hoja impreso en la espuma de leche. ¿Cómo lo hacen?, me pregunto distraída. También se ha pedido una magdalena de arándanos.


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  • baionabaiona noviembre 2012
    Abro el paquete y encuentro un estuche de piel que contiene tres viejos libros, aparentemente idénticos, con cubiertas de tela, en perfecto estado, y una tarjeta de color blanco. En una cara, en tinta negra y una bonita caligrafía, se lee:
    Reconozco la cita de Tess. Me sorprende la casualidad de que hace un momento haya pasado tres horas escribiendo sobre las novelas de Thomas Hardy en mi examen final. Quizá no sea casualidad… quizá sea deliberado. Miro los libros con atención. Tres volúmenes de Tess, la de los d’Urberville. Abro la cubierta de uno. En la primera página, en una tipografía antigua

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  • baionabaiona noviembre 2012
    Suelto el bolígrafo. Se acabó. He terminado mi último examen. Sonrío de oreja a oreja. Probablemente sea la primera vez que sonrío en toda la semana. Es viernes, y esta noche lo celebraremos.
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Todo está en silencio, con las luces apagadas. Estoy muy cómoda y calentita en esta cama. Qué bien… Abro los ojos, y por un momento estoy tranquila y serena, disfrutando del entorno, que no conozco. No tengo ni idea de dónde estoy. El cabezal de la cama tiene la forma de un sol enorme. Me resulta extrañamente familiar. La habitación es grande y está lujosamente decorada en tonos marrones, dorados y beis. La he visto antes. ¿Dónde? Mi ofuscado cerebro busca entre sus recuerdos recientes. ¡Maldita sea! Estoy en el hotel Heathman… en una suite.

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  • baionabaiona noviembre 2012
    —¿Ya tenéis casa en Seattle?
    —Sí.
    —¿Dónde?
    —No recuerdo la dirección. En el distrito de Pike Market.
    —No está lejos de mi casa —dice sonriendo—.

    (En la segunda imagen podéis ver el Escala al fondo)
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Recorremos el pasillo en silencio hasta el ascensor. Mientras esperamos, levanto un instante la cabeza hacia él, que está mirándome de reojo. Sonrío y él frunce los labios.
    Llega el ascensor y entramos. Estamos solos. De pronto, por alguna inexplicable razón, probablemente por estar tan cerca en un lugar tan reducido, la atmósfera entre nosotros cambia y se carga de eléctrica y excitante anticipación. Se me acelera la respiración y el corazón me late a toda prisa. Gira un poco la cara hacia mí con ojos totalmente impenetrables. Me muerdo el labio.
    ...

    —¿Qué tendrán los ascensores? —murmura para sí mismo cruzando el vestíbulo a grandes zancadas.
    Lucho por mantener su paso, porque todo mi raciocinio se ha quedado desparramado por el suelo y las paredes del ascensor número 3 del hotel Heathman.

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  • baionabaiona noviembre 2012
    Christian abre la puerta del copiloto del Audi 4 x 4 negro y subo. Menudo cochazo.

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  • baionabaiona noviembre 2012
    —¿Lista?
    Asiento con los ojos muy abiertos.
    —De acuerdo, torre de control. Aeropuerto de Portland, aquí Charlie Tango Golf-Golf Echo Hotel, listo para despegar. Espero confirmación, cambio.
    —Charlie Tango, adelante. Aquí aeropuerto de Portland, avance por uno-cuatro-mil, dirección cero-uno-cero, cambio.
    —Recibido, torre, aquí Charlie Tango. Cambio y corto. En marcha —añade dirigiéndose a mí.
    El helicóptero se eleva por los aires lenta y suavemente.
    Portland desaparece ante nosotros mientras nos introducimos en el espacio aéreo, aunque mi estómago se queda anclado en Oregón. ¡Uau! Las luces van reduciéndose hasta convertirse en un ligero parpadeo a nuestros pies. Es como mirar al exterior desde una pecera. Una vez en lo alto, la verdad es que no se ve nada. Está todo muy oscuro. Ni siquiera la luna ilumina un poco nuestro trayecto. ¿Cómo puede ver por dónde vamos?
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Teclea otro código, las puertas se cierran y el ascensor empieza a bajar.
    Al momento estamos en un vestíbulo totalmente blanco. En medio hay una mesa redonda de madera oscura con un enorme ramo de flores blancas. Las paredes están llenas de cuadros. Abre una puerta doble, y el blanco se prolonga por un amplio pasillo que nos lleva hasta la entrada de una habitación inmensa. Es el salón principal, de techos altísimos. Calificarlo de «enorme» sería quedarse muy corto.imageimageimageimageimageimageimageimageimageimageimage
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Me olvidaba!!!!

    Todo lo demás es blanco —el techo, el suelo y las paredes—, excepto la pared de la puerta, en la que treinta y seis cuadros pequeños forman una especie de mosaico cuadrado. Son preciosos, una serie de objetos prosaicos e insignificantes, pintados con tanto detalle que parecen fotografías. Pero, colgados juntos en la pared, resultan impresionantes.
    —Un artista de aquí. Trouton —me dice el señor Grey cuando se da cuenta de lo que estoy observando.
    —Son muy bonitos. Elevan lo cotidiano a la categoría de extraordinario —murmuro distraída, tanto por él como por los cuadros.
    Ladea la cabeza y me mira con mucha atención.
    —No podría estar más de acuerdo, señorita Steele —me contesta en voz baja.
    Y por alguna inexplicable razón me ruborizo.


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  • baionabaiona noviembre 2012
    Me pasa una mano por la mejilla y me besa rápidamente en los labios. Las puertas del ascensor se abren. Me coge de la mano y tira de mí hacia el parking.
    ¿Mis desafíos? ¿De qué habla?
    Cerca del ascensor veo el Audi 4 x 4 negro, pero cuando pulsa el mando para que se abran las puertas, se encienden las luces de un deportivo negro reluciente.
    Es uno de esos coches que debería tener tumbada en el capó a una rubia de largas piernas vestida solo con una banda de miss.
    —Bonito coche —murmuro en tono frío.
    Me mira y sonríe.
    —Lo sé —me contesta.

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  • baionabaiona noviembre 2012
    —¿Qué coche es?
    —Un Audi R8 Spyder. Como hace un día precioso, podemos bajar la capota. Ahí hay una gorra. Bueno, debería haber dos.
    ...
    Y salimos a la soleada mañana de mayo de Seattle. Abro la guantera y saco las gorras. Son del equipo de los Mariners. ¿Le gusta el béisbol? Le tiendo una gorra y se la pone. Paso el pelo por la parte de atrás de la mía y me bajo la visera.
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Traigo un paquete para usted, pero tengo que instalarlo y enseñarle a utilizarlo.
    —¿En serio? ¿A estas horas?
    —Yo cumplo órdenes, señora.
    Me dedica una sonrisa encantadora pero expeditiva, como diciendo que no le venga con chorradas.
    ¿Acaba de llamarme «señora»? ¿He envejecido diez años en una noche? De ser así, es culpa del contrato. Frunzo los labios disgustada.
    —De acuerdo, ¿qué es?
    —Un MacBook Pro.
    —Cómo no —digo poniendo los ojos en blanco.
    —Todavía no está en las tiendas, señora. Es lo último de Apple.
    ¿Por qué no me sorprende? Suspiro ruidosamente.
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Intento acallar mis nervios y elijo el vestido color ciruela para esta noche. Es discreto y parece adecuado para una cita de negocios. Después de todo, voy a negociar un contrato.
    Me pongo los zapatos de tacón a juego con el vestido, y hacia las seis y media estoy lista.
    —¿Cómo estoy? —le pregunto a Kate.
    Se ríe.
    —Vas a arrasar, Ana. —Asiente satisfecha—. Estás de escándalo.
    —¡De escándalo! Pretendo ir discreta y parecer una mujer de negocios.
    —También, pero sobre todo estás de escándalo. Este vestido le va muy bien a tu tono de piel. Y se te marca todo —me dice con una sonrisita.

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  • baionabaiona noviembre 2012
    —… y también un importante benefactor de nuestra universidad. Por favor, demos la bienvenida al señor Christian Grey.
    El rector estrecha la mano a Christian, y la gente empieza a aplaudir. Se me hace un nudo en la garganta. Se acerca al atril y recorre la sala con la mirada. Parece tan seguro de sí mismo frente a nosotros como Kate hace un momento. Las dos chicas sentadas a mi lado se inclinan hacia delante embelesadas. De hecho, creo que la mayoría de las mujeres del público, y algunos hombres, se inclinan un poco en sus asientos. Christian empieza a hablar en tono suave, mesurado y cautivador.
    —Estoy profundamente agradecido y emocionado por el gran honor que me han concedido hoy las autoridades de la Universidad Estatal de Washington, honor que me ofrece la excepcional posibilidad de hablar del impresionante trabajo que lleva a cabo el departamento de ciencias medioambientales de la universidad.

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  • baionabaiona noviembre 2012
    Ray se aleja. Miro nerviosa a Christian. Nos quedamos un momento quietos mientras un fotógrafo nos hace una foto.
    —Gracias, señor Grey.
    El fotógrafo se escabulle a toda prisa. El flash me ha dejado parpadeando.
    —Así que también has cautivado a mi padre…
    —¿También?
    Le arden los ojos y alza una ceja interrogante. Me ruborizo. Levanta una mano y desliza los dedos por mi mejilla.
    —Ojalá supiera lo que estás pensando, Anastasia —susurra en tono turbador.
    Me coloca la mano en la barbilla y me levanta la cara. Nos miramos fijamente a los ojos.
    Se me dispara el corazón. ¿Cómo puede tener este efecto sobre mí, incluso en este entoldado lleno de gente?
    —Ahora mismo estoy pensando: Bonita corbata —le digo.
    Se ríe.
    —Últimamente es mi favorita.
    Me arden las mejillas.
    —Estás muy guapa, Anastasia. Este vestido con la espalda descubierta te sienta muy bien. Me apetece acariciarte la espalda y sentir tu hermosa piel.
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  • baionabaiona noviembre 2012
    —Si me lo permites —contesta, divertido. Cuando entra, le veo una botella de champán en la mano—. He pensado que podríamos celebrar tu graduación. No hay nada como un buen Bollinger.
    —Interesante elección de palabras —comento con sequedad.
    Él sonríe.
    —Me encanta la chispa que tienes, Anastasia.
    —No tenemos más que tazas. Ya hemos empaquetado todos los vasos y copas.
    —¿Tazas? Por mí, bien.
    Me dirijo a la cocina. Nerviosa, sintiendo las mariposas en el estómago; es como tener una pantera o un puma en mi salón.
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  • baionabaiona noviembre 2012
    —Con una condición.
    Estudia con recelo mi expresión de perplejidad.
    —¿Qué? —digo en voz baja.
    Lo que sea. Te doy lo que sea.
    —Que aceptes encantada el regalo de graduación que te hago.
    —Ah.
    Y muy en el fondo sé lo que es. Brota el temor en mi vientre.
    Me mira fijamente, evaluando mi reacción.
    —Ven —murmura, y se levanta y tira de mí.
    Se quita la cazadora, me la echa por los hombros y se dirige a la puerta.
    Aparcado fuera hay un descapotable rojo de tres puertas, un Audi.
    —Para ti. Feliz graduación —susurra, estrechándome en sus brazos y besándome el pelo.
    Me ha comprado un puñetero coche, completamente nuevo, a juzgar por su aspecto. Vaya…

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  • baionabaiona noviembre 2012
    Mierda, mierda. ¿A que ya la he liado?
    —Me he corrido en sueños.
    —¿En sueños?
    —Y me he despertado.
    —Apuesto a que sí. ¿Qué soñabas?
    Mierda.
    —Contigo.
    —¿Y qué hacía yo?
    Me vuelvo a tapar los ojos con el brazo y, como si fuera una niña pequeña, acaricio por un instante la fantasía de que, si yo no lo veo, él a mí tampoco.
    —Anastasia, ¿qué hacía yo? No te lo voy a volver a preguntar.
    —Tenías una fusta.
    Me aparta el brazo.
    —¿En serio?
    —Sí.
    Estoy muy colorada.
    —Vaya, aún me queda esperanza contigo —murmura—. Tengo varias fustas.
    —¿Marrón, de cuero trenzado?
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  • smile91smile91 noviembre 2012
    estan muy bien las fotos...el escala es tal como me lo imaginaba
  • baionabaiona noviembre 2012
    El chico sostiene una botella de champán con un globo en forma de helicóptero atado a ella. Kate lo despide con una sonrisa deslumbrante y me lee la tarjeta.
    Señoritas:
    Buena suerte en su nuevo hogar.
    Christian Grey
    Kate mueve la cabeza en señal de desaprobación.
    —¿Es que no puede poner solo «de Christian»? ¿Y qué es este globo tan raro en forma de helicóptero?
    —Charlie Tango.
    —¿Qué?
    —Christian me llevó a Seattle en su helicóptero.
    Me encojo de hombros.
    Kate me mira boquiabierta. Debo decir que me encantan estas ocasiones, porque son pocas: Katherine Kavanagh, muda y pasmada.

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  • baionabaiona noviembre 2012
    Christian cruza como un ciclón la puerta de madera de la casita del embarcadero y se detiene a pulsar unos interruptores. Los fluorescentes hacen un clic y zumban secuencialmente, y una luz blanca y cruda inunda el inmenso edificio de madera. Desde mi posición cabeza abajo, veo una impresionante lancha motora en el muelle, flotando suavemente sobre el agua oscura, pero apenas me da tiempo a fijarme antes de que me lleve por unas escaleras de madera hasta un cuarto en el piso de arriba.

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  • baionabaiona noviembre 2012
    —Te las voy a meter y luego te voy a dar unos azotes, no como castigo, sino para darte placer y dármelo yo.
    Se interrumpe y sopesa la reacción de mis ojos muy abiertos.
    ¡Metérmelas! Ahogo un jadeo y se tensan todos los músculos de mi vientre. La diosa que llevo dentro está haciendo la danza de los siete velos.
    —Luego follaremos y, si aún sigues despierta, te contaré algunas cosas sobre mis años de formación. ¿De acuerdo?
    ¡Me está pidiendo permiso! Con la respiración acelerada, asiento. Soy incapaz de hablar.
    —Buena chica. Abre la boca.
    ¿La boca?
    —Más.
    Con mucho cuidado, me mete las bolas en la boca.
    —Necesitan lubricación. Chúpalas —me ordena con voz dulce.
    Las bolas están frías, son lisas y pesan muchísimo

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  • baionabaiona noviembre 2012
    —Tomaré un gin-tonic —dice Christian—. Hendricks si tienen, o Bombay Sapphire. Pepino con el Hendricks, lima con el Bombay.
    Madre mía… Solo Christian podría pedir una copa como si fuera un plato elaborado.

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  • baionabaiona noviembre 2012
    Le doy la mano a Christian y noto que se me agarran los nervios al estómago. ¡Uau, vamos a hacer vuelo sin motor! Cruzamos con Mark Benson la zona
    asfaltada hasta la pista. Christian y él siguen hablando. Yo capto lo esencial. Vamos a ir en un Blanik L-23, que, por lo visto, es mejor que el L-13, aunque esto es
    discutible.
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Sonríe satisfecho mientras nos detenemos en un International House of Pancakes.
    —Un IHOP.
    Le devuelvo la sonrisa. No me lo puedo creer. ¿Quién iba a decirlo? Christian Grey en un IHOP.
    Son las ocho y media, pero el restaurante está tranquilo. Huele a fritanga dulce y a desinfectante. Uf, no es un aroma tentador. Christian me lleva hasta un cubículo.
    —Jamás te habría imaginado en un sitio como este —le digo mientras nos sentamos.
    —Mi padre solía traernos a uno de estos siempre que mi madre se iba a un congreso médico. Era nuestro secreto.
    Me sonríe con los ojos brillantes, luego coge una carta, pasándose una mano por el cabello alborotado, y le echa un vistazo.

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  • baionabaiona noviembre 2012
    Me agacho para cerrar la maleta y veo la bolsa con el regalo para Christian: una maqueta del planeador Blanik L23, para que la construya él. Me voy a echar a
    llorar otra vez. Ay, no… eran tiempos más felices, cuando aún cabía la esperanza de tener algo más. Saco el regalo de la maleta, consciente de que tengo que
    dárselo. Arranco una hoja de mi cuaderno, le escribo una nota rápida y se la dejo encima de la caja:
    Esto me recordó un tiempo feliz.
    Gracias.
    Ana

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  • RIzosRIzos noviembre 2012
    Wooooow! Baiona, me encantaba esta habitacion, pero creo que está incluso más completa que antes. Vaya curro te has pegado, enhorabuena.
  • baionabaiona noviembre 2012
    Una vez dentro del apartamento, abro la caja del regalo y descubro mi portátil
    MacBook Pro, la BlackBerry y otra caja rectangular. ¿Qué es esto? Desenvuelvo el papel
    de plata. Dentro hay un estuche de piel negra alargado.
    Lo abro y es un iPad. Madre mía… un iPad. Sobre la pantalla hay una tarjeta blanca
    con un mensaje escrito a mano por Christian:
    Anastasia… esto es para ti.
    Sé lo que quieres oír.
    La música que hay aquí lo dice por mí.
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Este tan sólo es el 1º 50 sombras de Grey, mañana comienzo con 50 sombras + oscuras...
  • [Deleted User] noviembre 2012
    :-O me encanta el trabajk baiona..mejor no se puede
  • purpleglobepurpleglobe noviembre 2012
    Felicidades por el trabajo, me ha encantado recordar todos esos momentos. Muchas gracias
  • baionabaiona noviembre 2012
    Yo frunzo el ceño, perpleja. Es un rojo fulana, no es mi color en absoluto.
    —¿Quieres que me ponga esto? —grito.
    Se echa a reír.
    —No, Anastasia, si no quieres, no. No creo que te vaya este color —añade con sequedad.
    Se sienta en la cama con las piernas cruzadas y se quita la camisa. Oh, Dios…
    —Me gusta tu idea de un mapa de ruta.
    Le miro desconcertada. ¿Mapa de ruta?
    —De zonas restringidas —dice a modo de explicación.
    —Oh. Lo dije en broma.
    —Yo lo digo en serio.
    —¿Quieres que te las dibuje, con carmín?
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Le miro boquiabierta. No puedo creer que acabe de decir eso. Y él me sonríe satisfecho y por lo visto perversamente encantado consigo mismo. Se da la vuelta, abre el congelador y saca una tarrina del mejor Ben & Jerry’s de vainilla.
    —Esto servirá. —Me mira con sus ojos turbios—. Ben & Jerry’s & Ana —añade,
    diciendo cada palabra muy despacio, pronunciando claramente todas las sílabas.
    Ay, madre. Creo que nunca más podré cerrar la boca. Él abre el cajón de los cubiertos y coge una cuchara. Cuando levanta la vista, tiene los ojos entornados y desliza la lengua por encima de los dientes de arriba. Oh, esa lengua.
    Siento que me falta el aire. Un deseo oscuro, atrayente y lascivo circula abrasador por mis venas. Vamos a divertirnos, con comida.
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  • baionabaiona noviembre 2012
    —Compré esto para que los llevaras en la gala del sábado pasado. —Me rodea con
    su brazo y extiende la mano. En la palma hay una cajita roja con la palabra «Cartier»
    impresa en la tapa—. Pero me dejaste, así que nunca tuve ocasión de dártelo.
    ¡Oh!
    —Esta es mi segunda oportunidad —musita nervioso, con la voz preñada de una
    emoción desconocida.
    Cojo la caja y la abro, vacilante. Dentro resplandece un par de largos pendientes.
    Cada uno tiene cuatro diamantes, uno en la base, luego un fino hilo, y después tres
    diamantes perfectamente espaciados. Son preciosos, simples y clásicos. Los que yo misma habría escogido si alguna vez tuviera la oportunidad de comprar en Cartier.
    —Son maravillosos —musito, y los adoro porque son los pendientes que nos dan
    una segunda oportunidad—. Gracias.
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  • baionabaiona noviembre 2012
    —¿Te pondrás el vestido de satén plateado? —pregunta.
    —Sí. ¿Te parece bien?
    —Claro. Te dejo para que te arregles.
    Y se encamina hacia la puerta sin mirar atrás.
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Escojo un bustier negro todavía con la etiqueta del precio: quinientos cuarenta dólares. Está ribeteado con una filigrana de plata y lleva unas braguitas minúsculas a juego.image
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Hace un gesto de satisfacción.
    —Toma, necesitarás esto. —Me tiende una bolsa de terciopelo que estaba sobre la
    encimera, en la isla de la cocina—. Ábrela —dice entre sorbos de champán. Intrigada, cojo la bolsa y saco una elaborada máscara de disfraz plateadaimage
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  • baionabaiona noviembre 2012
    A medianoche bajamos paseando hasta la orilla, entre la carpa y el embarcadero,
    donde los demás asistentes a la fiesta se han reunido para contemplar los fuegos artificiales.
    El maestro de ceremonias, de nuevo al mando, ha permitido que nos quitáramos las
    máscaras para poder ver mejor el espectáculo. Christian me rodea con el brazo, pero soy
    muy consciente de que Taylor y Sawyer están cerca, probablemente porque ahora estamos en medio de una multitud
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Christian toma el impresionante y frondoso camino de entrada que lleva al hotel Fairmont Olympic, y se detiene cerca de la puerta principal, junto a una pintoresca fuente de piedra.
    —Vamos.
    Baja del coche y saca el equipaje. Un mozo acude corriendo, con cara de sorpresa, sin duda por la hora tan tardía de nuestra llegada. Christian le lanza las llaves del coche.
    —A nombre de Taylor —dice.
    El mozo asiente y no puede reprimir su alegría cuando se sube al R8 y arranca. Christian me da la mano y se dirige al vestíbulo.
    Mientras estoy a su lado en la recepción del hotel, me siento totalmente ridícula. Ahí estoy yo, en el hotel más prestigioso de Seattle, vestida con una chaqueta tejana que me queda grande, unos enormes pantalones de deporte y una camiseta vieja, al lado de este hermoso y elegante dios griego.
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  • baionabaiona noviembre 2012
    —Están en la suite Cascade, señor Taylor, piso once. Nuestro botones les ayudará
    con el equipaje.
    —No hace falta —dice Christian cortante—. ¿Dónde están los ascensores?
    La ruborizada señorita se lo indica, y Christian vuelve a cogerme de la mano. Echo un breve vistazo al vestíbulo, suntuoso, impresionante, lleno de butacas mullidas y desierto
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  • baionabaiona noviembre 2012
    Aquí pasa algo. De pronto parece muy serio y decidido.
    Entra en el aparcamiento de un enorme concesionario, para el coche y se gira hacia mí con expresión cauta.
    —Hay que comprarte un coche —dice.
    Le miro con la boca abierta. ¿Ahora? ¿En domingo? ¿Qué demonios…? Y esto es
    un concesionario de Saab.
    —¿Un Audi no? —es la única tontería que se me ocurre decir, y el pobre, bendito
    sea, se ruboriza. Christian, avergonzado… ¡Esto es algo insólito!
    —Pensé que te apetecería variar —musita incómodo, como si no supiera dónde
    meterse.
    Oh, por favor… No hay que dejar pasar esta oportunidad única de burlarse de él.
    —¿Un Saab? —pregunto.
    —Sí. Un 9-3. Vamos.
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  • baionabaiona noviembre 2012
    A medida que avanzamos por el puerto, los barcos son cada vez más grandes.
    Christian me conduce a un muelle y se detiene delante de un enorme catamarán.
    —Pensé que podríamos salir a navegar esta tarde. Este barco es mío.
    Madre mía. Debe de medir como mínimo doce metros, quizá unos quince. Dos
    elegantes cascos blancos, una cubierta, una cabina espaciosa, y sobresaliendo por encima todo de ello un impresionante mástil. Yo no sé nada de barcos, pero me doy cuenta de que este es especial.
    —Uau… —musito maravillada.
    —Construido por mi empresa —dice con orgullo, y siento henchirse mi corazón—.
    Diseñado hasta el último detalle por los mejores arquitectos navales del mundo y
    construido aquí en Seattle, en mi astillero. Dispone de sistema de pilotaje eléctrico híbrido, orzas asimétricas, una vela cuadra en el mástil…
    —Vale… ya me he perdido, Christian.
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  • LacorrecaminosLacorrecaminos noviembre 2012
    Madre mia...xD
  • baionabaiona noviembre 2012
    —Este es el salón principal. Junto con la cocina —dice Christian, señalándola con un vago gesto.
    Me coge de la mano y me lleva por la cabina principal. Es sorprendentemente espaciosa. El suelo es de la misma madera clara. Tiene un diseño moderno y elegante y una
    atmósfera luminosa y diáfana, aunque todo es muy funcional y no parece que Christian
    pase mucho tiempo aquí.
    —Los baños están en el otro lado.
    Señala dos puertas, y luego abre otra más pequeña y de aspecto muy peculiar que
    tenemos enfrente y entra. Se trata de un lujoso dormitorio. Oh…
    Hay una enorme cama empotrada y todo es de tejidos azul pálido y madera clara, como su dormitorio en el Escala. Es evidente que Christian escoge un motivo y lo mantiene.
    —Este es el dormitorio principal. —Baja la mirada hacia mí, sus ojos grises centellean—. Eres la primera chica que entra aquí, aparte de las de mi familia. —Sonríe—. Ellas no cuentan.
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